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Mostrando las entradas de agosto, 2014

La increíble y triste historia del cándido Capitán Frío y los extorsionadores desalmados...

Hoy 14 de agosto de 2014 hago constar que alrededor de medio día, después de pasar una mañana poca madre en la ceremonia de premiación de un concurso de pintura -del cual fui juez-, al dirigirme a mi oficina en las instalaciones de Metro Balderas, dirección C.U., dos fulanos se me acercaron y a gritos me pidieron que regresara lo que le había robado al más viejo (un anciano con cara dulzona, bigote canoso, cachucha y ojos claros) o me iba a llevar la chingada; esta amable petición era hecha por una especie de troll prófugo de la película del Hobbit pero en feo.

El tren iba entrando a la estación, yo traía los audífonos puestos, la gente se acercaba a la orilla del andén para entrar a los vagones y este par de angelitos aprovecharon el momento pensando que tenían en mí a la víctima ideal -o sea, mi carita de pendejo no me ayuda me cae- en el momento perfecto.

CORTE

Ayer, precisamente, hablábamos de cómo sería nuestra reacción ante bromas tipo onda cámara escondida o entrevistas callejeras…