La bruja
De mi autoría
Corrección de Gemini
Ilustraciones mano a mano de mi con Gemini
Posada en la rama más gruesa del viejo árbol del patio de casa de la abuela, la bruja llevaba ahí dos noches, nadie se atrevía a salir, en cuanto nos miraba comenzaba a lanzar insultos y hacer muecas horrendas. La abuela llevaba las dos mismas noches, con sus días, hincada rezando el rosario en el pequeño altar a la virgen de Guadalupe del rincón de la sala. Antes de ponerse en trance (así decíamos cuando se pasaba días rezando) nos dijo que la bruja había aparecido dos veces anteriormente, la noche que murió la bisabuela y la tarde en que murió el abuelo, con mucho tiempo de distancia entre las dos muertes, la abuela, santiguándose suspiro y nos dijo, “Hay mujeres capaces de todo por amor, hasta vender del alma”.
Recordé la triste historia que se narra en el pueblo, de la mujer que, despechada, se entregó al chamuco para vengar una afrenta, decían que una mujer le robó a su amor y que se vengaría, una noche desapareció y no se supo más de ella, será esa mujer la cosa de rostro decrépito, desdentadas y mal hablada con cuerpo de cuervo que se funde con la oscuridad de la noche? Llegó la tarde del domingo, cuando volvíamos de misa por el descanso de la bisabuela y del abuelo que murieron el mismo día con años de diferencia… Será por eso que se posó en la rama más gruesa, que nos miro al momento de entrar a la casa y nos recibió con una lluvia de insultos. Mientras corríamos al interior la abuela se adelantó a encender las veladoras y desde ese momento se inmovilizó frente al altar.
Serapio, el más chico de mi hermana Lula, un niño sano, juguetón, vivaz, salió de inmediato a tomar la manguera para intentar mojarla “ a ver si se va”, dijo despreocupado. Regresó empapado y muy molesto, “pinche vieja, me regreso el chisguete y no pude mojarla… menos mal que no le tiré piedras con la resortera!
La tía Clemencia miraba por la ventana, Santiago y Tomás se replegaron hasta quedar cerca de la abuela como guardianes temblorosos. Lula secaba frenéticamente a Serapio, como si quisiera quitarle la piel hasta que él se escapo adolorido.
Por las mañanas, la bruja desaparecía, nadie la veía partir, simplemente dejaba de estar. Ya empezaba el tercer día y la abuela se desmayo, le aplicaron las sales y le obligaron a comer antes de que empezara con su trance de nuevo, le dijo a sus dos de sus nietos que fueran por más veladoras y les pidió que no dijeran nada en el pueblo. “Si cuentan algo, yo misma los entrego a la bruja!” Amenazó casi delirante. Su piel se veía cerosa, pálida, sospeché que ella era la tercera víctima de la bruja y a mansalva le pregunté “viene por ti?” Sin levantar la vista de su viejo misal respondió serena, apretando entre sus dedos la enorme cruz de plata bendita que llevaba siempre al cuello, “Por quién más?” Su rostro era el rostro de un condenado que sabe que tendrá que pagar una antigua deuda.
Serapio brinco furioso, “Que ni se crea! La mato antes que te haga algo, Abuelita!” Como tromba salió corriendo de la casa, se perdió por el camino que llevaba al pueblo. Santiago y Tomás llegaron con las veladoras y preguntaron a dónde iba Serapio. “Déjenlo” dijo Lula, “esta preocupado y no sabe qué hacer”. Mi abuela entre cerró los ojos, suspiró y se levantó achacosa y caminando al altar dejo escapar un tenue “mientras no vaya de hocicón al pueblo…”
Pasaron las horas, con sorpresa descubrimos que nada comestible en la casa lo era más, todo estaba podrido, podrido de días como si nada hubiera llegado un día anterior, sino meses antes. El agua olía mal y supimos que tendríamos que ayunar a huevo. Serapio no volvía.
Ni bien el sol comenzó a diluirse en la montaña escuchamos las alas de la bruja, sus chillidos retadores y una bocanada de insultos al posarse en la misma rama de siempre. La luz menguaba rápidamente y Lula maldecía no poder salir al portón a espera a Serapio, la Tia Clemencia miraba sin ver mientras Tomás y Santiago se apostaban de nuevo junto a la abuela.
Como un tornado todo sucedió muy rápido, primero el portón se abrió de par en par, se escucho una carrera en tropel, una lluvia de pequeños y brillantes proyectiles reventaron varios cristales, eran cuentas de plata, las cuentas de plata que mandamos hacer para los altares de la familia, perfectas canicas redondas. La abuela salió de su trance, Lula grito angustiada, la tía Clemencia se hinco santiguándose y Santiago y Tomás se giraron hacia la abuela para protegerla, yo me quedé quieto, con el corazón desbocado, era el fin? Era el demonio y sus huestes que llegaba por nosotros?
Un alarido termino de reventar los vidrios, la casa se lleno de bruma, la luz parpadeó y se apagó. Tras un momento de silencio que nos pareció eterno se escucho un grito y seguido de un estallido de risas y júbilo. Era Serapio, con sus amigos de la escuela, los que habían venido el año pasado a prepararse para la primera comunión con la abuela.
Finalmente salí al patio y en el centro del círculo que los niños formaron, una masa burbujeante se retorcía y dejaba escapar unos gemidos inaudibles gracias a la algarabía de los niños y los gritos del sacerdote del pueblo que sin aliento venía gritando que los niños habían profanado los altares de nuestra familia, Mientras tratábamos de recuperar la cordura, un charco de chapopote lustroso chisporroteaba en las zonas en donde anidaron los argénteos proyectiles disparados por las manos de niños inocentes con resorteras, lol que una vez fue mujer se hacía cada vez más pequeño, como una fogata que se apaga, como una voluta de humo que se disuelve y se esparce por la virgen noche como una neblina cualquiera, de las que abundan en los campos, no quedaba nada del monstruo que vino a cobrar una afrenta pasada, posada en la rama más gruesa del viejo árbol del patio de casa de la abuela.

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