Aun no despertaba el sol cuando, Ramiro, henchido de devoción comenzó su labor y encendió, una a una, las veladoras que había comprado en el mercado y llevado a bendecir la tarde anterior, la fe de sus ojos parecía responder al brillo ondulante de las pequeñas llamas. Un fuego santo para cada una de las imágenes frente a el. En ese altar improvisado, al centro, regente de la escena, una enorme efigie de yeso de la madre de todos los mexicanos , otra de San Judas Tadeo , San Antonio , San Martín , El Sagrado Corazón de Jesús y muchos santos y vírgenes más de los que no está seguro de saber el nombre y potestades. Todos, todos los que encontró y pasó la noche limpiando de polvo y telarañas lucían como nuevos, como el día que los compró hace tantos años, antes de su boda, pero ya con la prisa de casarse -la razón comenzaba a notarse-. Sonrió pensando que, con sus acciones, hacia un favor a un país entero. Arrodillado frente a las imágenes que exudan fe, escucha los pasos desidiosos ...
Comentarios
ja ja ja ja!!
moriras solo y sin quien te pele!!
Te quiere, la hija TS
Mi propia hija!
Ya no hay moral... no la hay!
Qué bueno que me recordaste. Te escucharé el próximo lunes...
¡Salud por tus logros! ¡¡¡Salud!!!!
(Hay que empezar a festejarlos)
Te quiero...