viernes, 2 de diciembre de 2016

La Vida Moderna -de perros amaestrados-

futuro, ra
Del lat. futūrus.
1. adj. Que está por venir. U. t. c. s. m.
2. m. y f. coloq. Persona que tiene compromiso formal de casamiento con otra de distinto sexo.
3. m. Econ. Valor o mercancía cuya entrega se pacta para después de un cierto plazo, pero cuyo precio queda fijado al concertar la operación.
4. m. Gram. Tiempo que sitúa la acción, el proceso o el estado expresados por el verbo en un punto posterior al momento del habla.
5. f. Derecho a la sucesión de un empleo o beneficio antes de estar vacante.

futuro imperfecto
futuro simple
1. m. Gram. Tiempo absoluto que expresa que algo existirá o tendrá lugar en un momento posterior al momento del habla. La forma valdremos madres es futuro simple.

futuro perfecto
1. m. Gram. futuro compuesto.
1. m. Gram. futuro que denota anterioridad a un punto posterior al momento del habla, y presenta a la vez como terminada la acción expresada por el verbo. El futuro compuesto de México es habremos valido madres.

Preguntar "¿Qué nos pasa?" es, por decirlo leve, ridículo, lo apremiante es cuestionarnos "¿Qué nos pasará?".

Los mexicanos somos perros, pero no de esos perros de estirpes rudas y agresivas, no, no nos equivoquemos, somos de esos fifisitos amaestrados a punta de madrazos que ante el chasquido de los dedos presentamos una coreografía diseñada por el poder para mantenerse en el mismo (aguas, el poder no es el PRI, ni el PAN, ni el PRD, ni MORENA, ni Salinas, ellos son sólo algunas caras visibles de lo que, en realidad, jamás veremos; ese ente gestalt que sin acuerdo trabaja al unísono para mantener un status quo del que todos somos parte -sin perros no hay circo, sin circo no hay perros-, simple, sin complots, sin mafias del poder).

Saltamos, ladramos, nos echamos, nos hacemos el muertito, empujamos o jalamos el carrito, nos reproducimos sin recato y como si el mañana no fuera a llegar nunca (listos a entregar las camadas a los entrenadores), gruñimos amenazantes (sabiendo que JAMÁS morderemos) y un sinfín de malabares más, esperando la palmada, la galleta, el permiso de dormir a los pies de la cama de quienes son los dueños de nuestras vidas.

Nos usan de cachorros para lucir nuestra ternura, nuestro ánimo travieso y, sobre todo, nuestra debilidad; nos explotan sin límite en la juventud, se presume la enjundia de nuestra fuerza, nuestro vigor sensual y reproductivo, se nos exhibe como una raza creada para soportar el rigor y la presión; de viejos se nos patea fuera de los mercados, se nos alimenta de limosnas y se espera que muramos pronto, para no estar causando penas (y gastos).

Vivimos en un circo en el que, aun el mas populista, vive en exclusiva de nuestro trabajo. 

Si, hay jirafas y leones y osos y cebras y trapecistas y payasos que dan la imagen de ser un circo completo, pero no, para qué nos engañamos, somos nosotros, los perros amaestrados, obedientes, los que mantenemos vivo el espectáculo.

No es de risa pensar que cada año, las mismas personas a las que les otorgamos el poder se sirven con la cuchara... cuál cuchara! Con el cucharón más grande que se encuentran mientras nos dicen que no hay dinero para otros menesteres y los miramos, babeantes, antojados, como los perrillos en los puestos de tacos y ellos, benignos, a veces nos tiran algún pellejo que no pueden masticar y les movemos el rabo agradecidos. Esos mismos que nos prometen que algún día nos llevarán a pasear y hasta la cadena nos muestran y les respondemos con maromas de alegría y así nos quedamos a perpetuidad, mirando una puerta que sólo se abre para que ellos entren y salgan a su antojo.

Cualquier candidato a puesto de elección popular gasta más dinero en cartones publicitarios para anunciar su lucha contra la pobreza en una semana que lo que muchas familias podrán ver en TODA SU PERRA vida; sin embargo ahí están, perros fieles, en sus mítines, en sus acarreos, en sus discursos henchidos de mentiras y palabras dulces que prometen un paraíso de huesitos y prados para correr libres (Departamento de Ironías: el dinero que se gastan se genera por las familias que esperan algún día ser receptáculos de tan generosas campañas).

El futuro ya no pinta, mancha! Está clara su oscuridad, vienen tempestades y ya saben que los estruendos en el cielo asustan a los perros, nos están preparando para correr a cobijo ante lo inevitable, para buscar amparo y protección bajo la mano de algún ungido celestial que nos prometa que la tormenta pasará pronto (no importa quién sea, viniendo de la ralea del circo, será lo mismo) y agradecidos le seguiremos lamiendo la mano que huele a mierda, esperando que en el futuro inmediato nos nos desampare y que pronto, algún perro se levante de entre todos y nos enseñe a morder con los colmillos de ese hocico que gastamos en ladridos estériles y salivar ante las dádivas.

martes, 25 de octubre de 2016

La Vida Moderna -Ciclos-

“…De la primera causa que dige para que se llamase fiesta de muertecitos que era para ofrecer por los niños quiero decir lo que he visto en este tiempo el dia de Todos Santos y el día de difuntos y es que el dia mesmo de Todos Santos hay una ofrenda en algunas partes y el mesmo dia de difuntos otra. Preguntando yo porque fin se hacia aquella ofrenda el dia de los Santos respondiéronme que ofrecían aquello por los niños que así lo usaban antiguamente y habíase quedado aquella costumbre. Y preguntando si habían de ofrecer el dia mesmo de Difuntos digeron que sí por los grandes y así lo hicieron de lo cual á mí me pesó porque ví de patentemente celebrar la fiesta de difuntos chica y grande y ofrecer en la una dinero cacao cera aves y fruta semillas en cantidad y cosas de comida y otro dia ví de hacer lo mismo y aunque esta fiesta caía por Agosto lo que imagino es que si alguna simulacion hay ó mal respeto (lo cual yo no osaré afirmar) que lo han pasado aquella fiesta de los Santos para disimular su mal en lo que toca a esta ceremonia.”

Fray Diego Durán
Historia de los Indios de la Nueva España e Islas de Tierra Firme

La humanidad necesitó miles de años para comprender ciertos patrones, ciclos, idas y venidas de la naturaleza, dependiendo de las longitudes, latitudes y altitudes en las que se encontrase, interpretarlas y darles un sentido místico y comunal antes de pasar a comprender científicamente las verdades detrás de cada evento natural. Cada región entendió y adaptó a su modo lo que sucedía en derredor. El clima, la agricultura y la ganadería fueron formando y reformando las ideas de las comunidades humanas dispersas alrededor del mundo. Todas con una semilla de tradición y conocimiento básico, que nos acompaña desde la legendaria salida de África, que permitió la geminación y el crecimiento de panteones tan distintos como las variedades de insectos en el planeta.

Casi todos coincidieron con la época de la cosecha para hacer un alto y agradecer, ofrecer lo obtenido como un pago, un tributo a la generosa tierra, al viento, al sol y a todo lo que los seres primitivos podían divinizar. Qué habrán enfrentado algunos pueblos que temían el término de esa época y la llegada del frío, la oscuridad, el hambre, la soledad y la enfermedad. Qué tiene de raro pensar que con el advenimiento del frío los miedos se exacerbaran, que frente a una precaria cosecha las carencias los hicieran temer de más, ver figuras en las tormentas, escuchar lamentos en el viento. Cuántas historias habrán contado los ancianos frente al fuego en las noches ociosas. Cuanta poesía derramada sobre hechos simples para embellecer aventuras de juventud que con el paso del tiempo éstos se volvieron leyendas y mitos y cuentos; los aullidos del viento tomaron forma y carne y tamaño y variedad y el humano reconoció su fragilidad ante lo que no podía entender. Dioses, demonios, fantasmas, vampiros, brujas, trasgos y hadas se asentaron en la mente y los corazones; los miedos tenían forma y nombre. La muerte acechaba a cada paso, pero se le temía más al final del año. Mientras algunos veían en la muerte un enemigo atroz e invencible, otros la encontraban como un paso más de la vida; la agregaron a lo cotidiano, le perdieron el miedo y la miraron con reverencia. Se especializaron en matar y en celebrar la muerte, le dieron razones de ser y de esos porqué surgieron creencias que fortalecieron sociedades.

Cada grupo aprendió a reconocer y celebrar, con dicha, con miedo, con añoranza; los festejos fueron, sin duda, pilares y orgullo de cada comunidad. Las guerras, las conquistas, las invasiones, las anexiones y los alianzas fueron sazonando y enriqueciendo ese guiso de ideas y jaleos. A nuestros días llegan como ecos distantes, disminuidos conceptos de lo que en su momento pudieron ser fiestas magnas, llenas de pompa y boato. Enriquecidas por unos, empobrecidas por otros, cada opresor decidió que se podía quedar y que debía irse, fueron pocos los sometidos que lograron colar entre lo impuesto sus ideas originales, transformadas, suavizadas para no levantar sospechas, para dejar fe de lo que alguna vez fue y nunca volverá a ser.

Somos resultado de miles de años de andanzas, de conocimiento, de superstición, nuestras ideas modernas son la colada de miles de filtros, censuras y deseos, de imposiciones y escamoteos. Por qué se ha de detener el maridaje de fiestas, si al final lo que fue de unos ahora es de todos. No tenemos idea de lo que perdimos tras la conquista (y en una de esas hasta salimos ganando) y ahora algunos se llenan de angustia y enojo frente a la perspectiva de festejar el Halloween (All Hallows Eve), mismos que han aceptado al niño Jesús y su corte de vírgenes y santos como si fueran nuestros, han vuelto peyorativo lo prehispánico, pero sólo en la víspera de todos los santos se vuelven defensores a ultranza de un festejo cristiano que dejó, casi por piedad, colarse a los elementos de una fiesta de las muchas que fueron olvidadas forzadamente; pero hubo quienes vieron una forma de decirle a sus dioses, a sus muertos que no los olvidaban, se aseguraron que entre toda la parafernalia religiosa europea sus ideas paganas echaran raíces, crecieran y dejaran espacio para enriquecerlas más. Qué de malo puede tener agregar un poco de mito, qué más podemos perder después de perderlo todo, cuánto daño hará una calabaza con luz, compartir chucherías y encontrar placer en lo que alguna vez dio miedo, que mejor que ayudar a los vencidos -sean aztecas o celtas o galos o zapotecas o germanos-, que fueron arrojados al infierno y obligados a ver a sus dioses como demonios, a recuperar un poco de luz en el escenario.

Una vuelta más de la tierra alrededor del sol, el tiempo de las cosechas ha terminado, el otoño avanza en el hemisferio norte, los vientos se enfrían y el invierno empieza a dejarse oler; triste la naturaleza se despoja de los mantos verdes y deja que los ocres, oros, sepias, violetas, naranjas y amarillos la cubran y se enseñoreen de las vistas; los últimos frutos de la tierra se han recogido, las hojas secas, moribundas, caen sin cesar, los caminos quedan sepultados por la crujiente hojarasca (la irónica capa de muerte y putrefacción que se prepara para dar más vida a la tierra), en las ciudades los mercados se llenan de los olores y sabores inconfundibles de esta época, sabores y olores que nos acompañan desde la infancia de nuestra especie y nos seguirán acompañando más y más mestizos, hijos de encontronazos de culturas que, afortunadamente y al paso del tiempo, cada vez se mezclan más.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La Vida Moderna -Elefantes en Dinamarca-

Nunca, en la historia de nuestro planeta (¿nuestro?), se había visto un ser tan destructivo como el ser humano. Ya sé que muchos consideran a la humanidad el pináculo de la "creación" con derecho a enseñorearnos de todo lo que la vista, el tacto, el gusto, el oído y el olfato alcancen a percibir, pero en realidad no es para tanto o, por lo menos, no debería. Si efectivamente somos los inteligentes, en los últimos 13 mil años no lo hemos demostrado (sin duda nos llevamos todos los premios en avances tecnológicos, médicos y artísticos, pero salimos debiendo en TODAS las demás áreas, especialmente en la parte que se refiere al convite con los demás y las demás especies). Beligerantes por decir lo menos, desde la aparición de los seres humanos, muchas han sido las especies que han desaparecido (incluyendo primos muy cercanos) lo cual parece descartar la posibilidad de casualidad, aunque haya muchos defensores de las extinciones por el cambio del clima (que acá entre nos, al parecer es algo con lo que estamos muy relacionados, pero mejor ni decirlo que se ponen sensibles) y no por actividades propias del ser humano (caza, pesca, tala, etc).

Muchos estudios parecen apuntar a que el cambio de los ecosistemas fue más el resultado de las extinciones que al revés volteado; especialmente la desaparición de las especies gigantes que tuvieron el infortunio de compartir sus últimos días con los primeros del ser humano. Se necesitaron miles de años para entender que, por más que nos estorben/molesten/asusten/despeinen/enronchen, todas las especies del planeta están ligadas de forma intrínseca y la falta de una transformará irremediablemente a todas las demás. Las famosas cadenas alimenticias que nos enseñan en la primaria son mucho más complejas que el simple comer y morir con el que nos atolean digitalmente la lengua. Desde lo más profundo del microcosmos hasta lo más externo del macro, no hay escape de ese encadenamiento de bienestar (que en ocasiones puede ser malestar, dependiendo a quién le toque) que nos permite la subsistencia en esta frágil burbuja que llamamos Tierra.

No tiene mucho que a algunos estudiosos de estos temas se les ocurrió lo que más tarde sería conocido como "rewilding"; o sea, tratar de regresar los parajes continentales al estado original en los que los encontró el humano (debemos recordar, antes de que empiecen a sacar garrotes y pedernales que la palabra wild no es simplemente salvaje, sino también agreste, silvestre y/o selvático, ¿OK?). Muchos otros estudiosos se rieron de los primeros en proponerlo por considerar la idea o muy Shelley o muy Crichton y muy poco viable. Los primeros intentos han sido en el norte de Europa y los Estados Unidos para recuperar los pastizales reintroduciendo fauna (si bien no la original) sustituta que cumpla las tareas de las aborígenes. Los resultados, hasta ahora, han sido benéficos para los ecosistemas y poco a poco comienza a verse una recuperación. Un ejemplo es la reintroducción de los lobos (monitoreada) en el Parque Nacional de Yellowstone que a dejado una baja considerable de alces (cosa que resulta muy mala noticia, sobre todo si eres alce) y un incremento de zonas boscosas. En otro lugar en el que ha sido exitoso, es la reserva natural de Oosvaardersplassen, en la provincia de Flevolanda, en los Países Bajos, resaltando su importancia como humedal europeo; en esta se busco igualar las especies herbívoras de las antiguas praderas usando especies actuales, como un ganado específico (en este caso el Heck), caballos pequeños (ponis Konik) y ciervos rojos, el resultado ha sido una recuperación de pastizales a los cuales están regresando gansos, chorlitos y otros tipos de aves que podían dar por perdidos sus espacios.

Actualmente se planifica la reintroducción, en Dinamarca, de elefantes asiáticos que podrán sustituir al lamentado Mamut (y, por otro lado protegerlos de la extinción, que se tiene calculado ocurrirá en menos de 50 años) y felinos africanos para ocupar el espacio que dejó el Dientes de sable. De funcionar correctamente, se espera, no sólo proteger especies fuera de África (también hay un proyecto para usar rinocerontes en Australia), sino lograr generar un espacio que permita recuperar ecosistemas de una forma más natural, por decirlo de algún modo, y facilitarle al mundo un mejor clima para el futuro.

Así, mientras en algunos lugares del planeta se busca en el pasado la posibilidad de proyectar un mejor futuro, en México un senador panista propone que todos carguemos con pistolas para defendernos (ya que el gobierno no más no da señas de poder defendernos y sí de estar coludido con muchos criminales); sin duda esa idea les habría servido a los aborígenes americanos (que antes no se llamaba América) para nivelar la balanza frente a los conquistadores europeos (quienes a su vez venían de diversas invasiones, conquistas y dramas históricos extraordinarios -y creo que no venían llorando por eso-), pero en este momento sólo será una ayudadita para la pronta extinción del ciudadano mexicano. Así, en unos cincuenta o sesenta años, mientras en Dinamarca los elefantes se paseen libremente por entornos recuperados y el clima del mundo vaya mejorando poco a poco, en lo que fue la República Mexicana, ya sin sus bestias habitantes, los animales nativos podrán regresar a poblar y vivir en paz entre las ruinas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

La Vida Moderna -Chairo chaquetas-

chaquetear 
De chaqueta.
1. intr. Huir ante el enemigo.
2. intr. Acobardarse ante una dificultad.
3. intr. Cambiar de bando o partido por conveniencia personal.
4. intr. Chile. Impedir por malas artes, normalmente el desprestigio, que alguien se destaque o sobresalga.
5. intr. Guat. Actuar servilmente.
6. tr. vulg. Guat. y Méx. masturbar. U. t. c. prnl.

El que chaquetea es chaqueto, o chairo para abreviar.

En la secundaría, en 1980 (o sea, en mis tiempos), todos sabíamos que una chaira era una chaqueta, una paja, una jalada, una chambrita, ¡masturbarse puesn!, sabíamos también que el que la practicaba -dependiendo de la frecuencia- era un chaqueto* (y sí, en el albur siempre se pide el homosensual favor de hacerse una chaira). Pero no nada más existía la posibilidad de hacerse las pajas físicas si no que, también, las mentales. ¿Cómo lo sabía uno? Pues cuando llegaba alguno con su batea de babas a contar una mentira de magnitudes cósmicas o bien, fantasías a todo lo pendejo que les diera su cerebro, entonces el dictamen, después de pasar por burro, bruto, güey, pendejo, animal... era "pinche chaqueto" o, dependiendo del que hacía uso de la palabra, "pinche chairo". En el avance de mi vida escolar estas palabras fueron perdiendo presencia (igual que la mayoría de los albures) hasta que las reencontré más adelante en lo profesional, generalmente, la versión chaqueto se usaba cuando se referían a esos comentaristas, articulistas, reporteros de diarios, radiofónicos y/o televisivos que un día criticaban a algún personaje y al otro lo recibían hablando primores, supongo que, aduciendo que el público no se daría cuenta del bandazo.

No puedo generalizar y supongo que habrá chairos con más tendencia pa'cá y otros tantos más pa'lotro lado y algunos con un justo medio; pero de entre todos esos, siempre brillan más los que parecen tener personalidades de opción múltiple, moral elusiva y ética disipada. No es extraño encontrar, en un sólo chairo (hablaré en masculino aunque puede ser de cualquier género, además de que todos sabemos que si uso palabras en femenino me gano el infierno) al guerrero social, al defensor de minorías, al rockero, al feminista, al ateo, al científico, al que marcha por todo, al protector de animales, sindicalista, al indignado, al que pugna por la legalización de la marihuana, al artista y al preocupado eterno por el planeta. Aunque, ahí, en ese mismo cuerpecito coexiste, dependiendo de los intereses del día, lo contrario a todo lo anterior.

No son malos, tampoco son trolls aunque es fácil confundirlos, la verdad es que son personas entrañables, amigos cercanos, parientes que ponen todo su corazón en sus convicciones, y son esas, las convicciones, las que parecen no ser muy firmes y de ahí que la contradicción sea lo más visible y lo que más se les critique. Definitivamente un producto urbano, se jactan de conocimiento, de experiencia, del savoir-faire político del país, los hay colados en todos lados y muy contrarios entre sí, aunque llegan a coincidir en los puntos de moda del momento. Los hay de todas las edades aunque casi todos coinciden en la adolescencia tardía (entre los 21 y los 50 años) y no es raro verlos gritar consignas contra los USA enfundados en camisetas de Batman, Superman y el Capitán America, "videando" con el Iphone y después discutir los planes a seguir cómodamente sentados en algún Starbucks, fumando mota exigiendo que se acabe la colusión del gobierno y el narco y platicando de lo buena que era Breaking Bad y lo bien que va Orange.

1. intr. Huir ante el enemigo.
2. intr. Acobardarse ante una dificultad.

El día que se supo el resultado electoral que dio origen al actual sexenio, hicieron un llamado a las armas, las redes sociales hervían en lo que parecía, sería la verdadera revolución mexicana. Los chairos, tajantes, dignos y profundamente ofendidos, resolvieron que si no estabas con ellos estabas en su contra, muchas amistades se resfriaron y otras tantas murieron en las trifulcas virtuales. Es de suponer que los camiones con las armas se perdieron en algún lado (maldita inseguridad), las que había eran demasiado caras (maldito gobierno) y todo terminó en marchas de repudio y rechazo (se quejaron como nunca y se dejaron como siempre)... No sé, pero nunca se produjo la famosa y anunciada revolución.

3. intr. Cambiar de bando o partido por conveniencia personal.

Esto sí, y no podemos negarlo, lo hacemos todos, por así convenir a nuestros intereses, peeeeero en el caso chairo se vuelve un modus operandi. Sucede muy rápido y de manera continua, hoy defiende a capa y espada a cierto personaje público, ideología o causa social, mañana le ataca, después se le olvida, le revive, le mata, le ensalza, le rebaja, le hunde, le admira... En fin! Eso sí, cualquiera que sea el ánimo con el que haya amanecido lo hará con vehemencia, pasión, ahínco, decisión y empuje, su dedicación y compromiso no es falso, es endeble nomás. No claudicará y permanecerá en pie de lucha hasta que, como Mary Poppins, se vaya con el cambio del viento.

 4. intr. Chile. Impedir por malas artes, normalmente el desprestigio, que alguien se destaque o sobresalga.

Son fans de la honestidad y la valentía, pero si prefieren atacar desde las redes sociales o en bola y en marcha. Se van a la yugular del prestigio de quienes disienten (y decir prestigio es un decir), de quienes no apoyan sus causas; si no profesas el mismo dogma político (sin importar tu filiación) de inmediato de dicen cosas espantosas como "peñabot", horrendas como "panista", quitasueños como "televiso",  lacerantes como "esclavo del gomierdo" y, a últimas fechas, "perredista" (también se suponen políticamente correctos, pero no dudan en soltar un marica / joto / puto / gay / homosexual muy peyorativo para atacar cuando se les acaban argumentos). Cuando la información que manejan afecta al contrincante la usan sin medida ni reserva (no importa la fuenta, no importa si es real o no), si el ataque no resulta es porque ya hubo complot, ya se vendió alguien, la mafia, Televisa, Milenio, USA, Monsanto acaba con el maíz, Walmart acaba con los mercaditos, Oxxo con las tienditas y Starbucks... No sé, ¿con los Sanborns? En fin, todos se coluden, nada es impoluto, todo es porquería.

5. intr. Guat. Actuar servilmente.

Jamás servirán al poder, ni venderán sus ideales. Pero si pueden agarrar hueso en algún partido, programa de radio, televisión o le pegan con un vlog en YouTube, no lo ven mal, ya que la lucha la llevan en el corazón y no en el estómago... y ese come diario y hay que pagar renta y gastos múltiples que la vida moderna exige para poder ir a las marchas, a los plantones, para grabar evidencias con un buen teléfono y una buena banda ancha. Son sacrificios, son cosas que se hacen por poder seguir en pie ante el sistema y apoyar a quienes habrán de cambiarlo. Consciencias tan dispuestas a enfrentar lo establecido, lo que lo sustituya y lo que pueda venir después siempre obedeciendo a alguna figura de peso, fuerza y carisma que les de atole con el dedo y les ofrezca una granja en la que el mayor cambio será que todo permanezca igual.

Al final, el país soñado es una utopía extraña, un cadáver exquisito, un proyecto de nación surgido de ilusiones adolescentes que quieren un papá que pague, pero que no exija; una madre que sirva, pero no pregunte; un lugar de hermanos silenciosos que jamás interfieran, disientan o actuen por su cuenta. Un país ganado a pulso de chaquetear sin caer en el horrible pecado de ser onanista.

*jamás entenderé por qué, a la vez que era tan alabado masturbarse era tan profundamente criticado, tanto que todos nos la queríamos pasar en el jaloneo, pero nadie quería ser chaqueto.

martes, 27 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -Apropiación Cultural-

Deberíamos morirnos todos.

Así, simple y llano.

Para qué tratar de vivir derribando fronteras y fomentar tolerancia si entre toda esta guaguareca de amor y paz se esconde un pernicioso afán separatista.

De los creadores de todo lo que tú hagas me ofende y si creo que se lo haces a los demás me ofende mucho y si creo que lo que haces vulnera a otros que no pueden defenderse, me ofende mucho más, nos llega: ¡La apropiación cultural!

Aunque a distancia pueda parecer algo bueno, como todo lo que tiene que ver con grupos extremistas, termina siendo una, mala, muy mala idea.

Buscando información sobre la cultural appropiation me doy cuenta de que es algo que dependerá completamente del color, estatura, nivel económico, código postal y nivel de educación (y claro, de los niveles de chairiclorianos que se tenga en la sangre); así se puede ir desde una sangrienta saña por defender lo que no les pertenece hasta una indolencia absoluta frente a semejante cuestión.

Al parecer la explicación más justa -y con la que, personalmente, estaría de acuerdo- es la siguiente:

"Tomar la propiedad intelectual, los conocimientos tradicionales, las expresiones culturales, o artefactos de otra cultura sin su permiso. Esto puede incluir el uso no autorizado de las danzas, vestimenta, música, lenguaje, folclore, gastronomía, medicina tradicional, símbolos religiosos, etc. Es especialmente dañino cuando la fuente de este plagio es un grupo minoritario que ha sido oprimido o explotado de otra formas o cuando el objeto de apropiación es, especialmente, de trato sensible, por ejemplo: objetos sagrados"
Who Owns Culture? Appropriation and Authenticity in American Law
Susan Scafidi

Dista mucho de la serie de exageraciones que en la actualidad despiertan la furia de los santos patronos de las conciencias inmaculadas de lo políticamente correcto y el chairismo en las redes sociales que, acá entre nos, cada vez se sienten más falsos y forzados los esfuerzos por defender o atacar causas en las mismas (especialmente cuando el defensor en cuestión usa dreadlocks, trae camiseta con Batman, pulseras huicholes y vans).

Veamos un claro ejemplo: el típico europeo (generalmente del norte) que llega a México (o cualquier país de habla hispana de América) y se dedica a aprender tradiciones de diferentes grupos étnicos; más tarde lo encontramos vestido de Quetzalcoatl en pleno Zócalo dirigiendo a un grupo de aborígenes (no peyorativo, si les ofende, favor de ir a la RAE y ver qué significa), diciéndoles cómo danzar, como cantar, como tocar la flauta y cobrando un dinerito muy a gusto y hablando de los abuelos sabios (que al final uno no sabe si habla de los nativos o de los suyos que lo hicieron tan cabrón, ¿ve'á?), quejándose de el abuso del gobierno hacía los grupos indígenas y hasta las chanclas de otras tradiciones mexicanas que no son de consumo legal. Eso, más que apropiación cultural, ya suena a expropiación. Otro ejemplo, aquellas empresas que, buscando "originalidad" plagian descaradamente diseños de ropa y estampados en tela para hacer negocio en otros lados del mundo en donde todo eso se considera exótico e imponer modas que, para los grupos plagiados son, en algunos casos, ritos e instrumentos ceremoniales que a punta de comercialización se vuelven una frivolidad más de este mundo globalizado y daña la visión cosmogónica de ese pueblo entero y, encima, no ven un quinto de todo eso.

Peeeeeeeeero...

Si queremos cumplir a pie juntillas con estas ideas tendríamos que desechar, a grandes rasgos, todo lo que somos, todo lo que son los demás y dejar un mundo de culturas aisladas dueñas de lo que, actualmente, se cree que les pertenece (de entrada, no andar festejando juegos olímpicos ya que son de origen griego, reinterpretados por un inglés y, por supuesto nada de jugar soccer que tampoco lo inventaron en Tepito).

Veamos el caso de México, cada día hay más y más memes que nos advierten de no trivializar con las tradiciones de nuestros pueblos originales, pero... ¿Qué tan originales son las tradiciones de la mayoría de nuestros pueblos? Somos producto de un mestizaje (a huevo, pero mestizaje) que no dejó tradiciones sin trastocar, la llegada del catolicismo obligó a las personas a desechar o alterar por completo el sentido de sus costumbres. Entonces, ¿qué debemos defender? Si lo que conocemos como mexicano es un híbrido forzado (como el mismo catolicismo) y reinterpretado. ¿Qué debemos hacer, eliminar toda traza de España en nuestra sociedad y dejar aparte todo lo nativo?, porque, pues no somos pocos los que nos quedaríamos en un limbo por no ser 100% de ningún lado (lo dije antes y lo repito, si tienes cabello rizado y/o vello en el pecho y/o mides más de 1.70 eres tan nativo del país como el sarcófago de Neb-jeperu-Ra-anj-Amón). ¿Quién va a decidir que tradición se puede festejar por todos y cuál por unos cuantos? ¿El Día de Muertos deberá incluir o no parafernalia religiosa o nativa (hacer la propia no se vale porque se tendrían que utilizar cosas que no son tuyas y no entiendes cabalmente su poder y significado)? ¿Debemos desmembrar a los mariachis en sus componentes originales? ¿De cuanto tiempo para atrás podemos consideras las tradiciones como algo nuestro y no "suyo"? ¿Adios a la naminá y sus regalos? ¿Sin reyes magos y rosca?

Sí, se que muchos ya deben estar crispados y alegando la defensa de los derechos y las tradiciones y lo maligno de lo blanco, patriarcal, falocéntrico, imperialista, colonizante, heteronormado, racista, origen de todo lo malo que sucede en el mundo. Vamos, griten conmigo ¡malditos blancos y blancas (políticamente correcto para agregar insulto a la injuria)! o mejor aun, ¡malditxs blancxs (para, ya de plano, caer en un paroxismo total)! Pero, por cierto, les tengo una mala noticia. Cómo les digo... Al erigirse como defensores de los oprimidos se ponen, exactamente, en el papel del típico blanco, patriarcal, falocéntrico, imperialista, colonizante, heteronormado, racista que considera tan inferiores a los demás que necesitan su blanca visión de las cosas para ser defendidos.

En México, va empezando (y desafortunadamente avanzando) el movimiento, pero en otros países ya hay grupos que quieren regular lo que se puede o no, escuchar, vestir, bailar, leer o escribir. Neta.

Hay grupos que quieren prohibir a los blancos rapear; a los grupos coreográficos ajenos a X cultura bailar sus danzas; si quieres escribir la nueva gran novela, usando un personaje ajeno a tu entorno natural, olvídalo, serás tratado como profanador de tumbas (fuera de cualquier broma, ya existen demandas contra autores por usar como protagonistas a personajes de etnias ajenas a la suya); se busca regular el uso de indumentarias, peinados, tatuajes, música... En fin, yo me pregunto si propondrán despellejar al italiano que trae tatuajes con frases en árabe o al mexicano con tatuajes celtas.

Entiendo y aplaudo la concientización de no andar usando símbolos, música ceremonial, instrumentos y ropas que pueden tener un elevado significado para ciertos grupos (que además, generalmente, son vulnerados por la rapacidad política y mercantil), defender y respetar suena padrísimo y si esos grupos hacen, venden y comparten ciertas cosas de su inspiración, no veo nada malo en consumirlas y, creo, que no haría falta necesitar un permiso especial para portarlas (Fulanito de tal tiene permiso de usar pulseras huicholes ya que las compró en buena ley a la cooperativa huichol de su comunidad y no de un chairo imitador coyoacanense, por ejemplo).

Desafortunadamente, para como van las cosas, el extender la protección a tontas y locas por cualquier cosa que se considere cultural, propia de determinadas etnias o subgrupos va a terminar causando más mal que bien. Ya veo en alguna página de ventas por internet pidiendo al comprador que demuestre que pertenece a cierto grupo étnico para venderle el disco, la taza, la playera; veo el veto a las presentaciones de grupos musicales por no pertenecer al país. Adios pizzerías, no más comida india, comida china, japonesa, griega o mexicana alrededor del mundo.

>gulp<

No más cómics extranjeros que hablan de cosas que no nos corresponde leer por vivir en países diferentes, ni libros, películas, animaciones...

¿Ven?

¿Entonces dónde queda un mundo sin fronteras, de igualdad, de fraterna convivencia? Pareciera que lo que algunas consciencias políticamente correctas buscan es generar ghettos, separar más las sociedades actuales que se mantiene unidas por pedacitos gastados de "yurex" viejo. Que bonito mundo en el que empiecen a aparecer puertas separadas para blancos, negros, amarillos, rojos, morenos, mestizos; productos específicos para raza y condición social y prohibiciones, miles de prohibiciones, para defender el derecho a ser diferentes en un mundo de tolerancia.

Como todo, puede empezar en el buen corazón de algún humano harto del abuso, pero apunta para terminar siendo un nuevo formato para una inquisición, adaptada al Siglo XXI.

Tons, yo digo, si se van a poner las cosas así de estúpidas... Mejor deberíamos morirnos todos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Puccini



La muerte de Puccini me dejó mal, alterado, extremadamente sensible y muy adolorido, aunque, extrañamente, lleno de amor. 

Dos meses han pasado y aun la cuento entre los vivos, pido comida para gato al súper, salgo con cuidado del baño para no tropezarme con ella, quito con cuidado mi silla del comedor en las mañanas, en donde despertaba a diario, para no asustarla... y, obvio, lloro, no está ahí porque parte de ella está enfrente, en una urna de cerámica con su nombre, un poco más en unas cuantas fotografías que me llenan la vista con ese rostro tan hermoso y querido para mí y otra, una parte enorme, está en mí, en mis recuerdos y en esa parte que por licencia poética llamamos corazón, porque mis muertos no van al cielo, ni al infierno, mis muertos van directo a ese lugar, siguen siendo ellos, como los recuerdo, una parcela de espacio y tiempo en la que viven, mientras yo viva. Ahí está Puccini, con Zabú, Gladys y Benjamín y se sienta a dormir a los pies de mis abuelos, reanudó su amor con mi abuela después de catorce años de no verse y con mi padre la cosa es conflictiva ya que no le gustan los gatos, pero es mí espacio y tendrá que aguantarse.

Puccini fue producto del pecado, de una acción baja de una gata de alta, de alcurnia y pedigree en una ciudad como Guadalajara en dónde hasta las mascotas pueden dar de qué hablar, sus dueños dejaron los frutos de ese devaneo ilícito en una caja de cartón en el parque frente al departamento en el que vivía mi abuela materna. La pobre abuela renegó hasta el cansancio cuando mi sobrina (su bisnieta), le insistía en llevarle un "gatito precioso", argumentó su cansancio, su edad, su cercanía a la muerte y todo se vino a bajo al ver a la bolita de pelo que, mañosamente, ya había contrabandeado la niña. A partir de ese momento la gatita llenó espacios en la vida de mi abuela y de mi madre que cuidaba de ambas, dándoles la oportunidad de vivir un presente que, hasta ese momento, había estado lleno de pasado.

La cercanía de la muerte resultó ser un argumento muy válido, mi abuela murió dos años después y la gata, ya bautizada como Puccini por otro bisnieto de mi abuela, sufrió dos pérdidas irreparables, la calidez de la anciana que la llevaba en sus piernas todas las tardes, con quien dormía por las noches y la casa en dónde creció, ese espacio familiar lleno de olores y lugares que eran muy suyos; una tarde llegó a la casa entre todos los recuerdos de la abuela, a un terreno ajeno, hostil para ella, olía a perro y cigarro. Mucho tiempo les tomó a Gladys y a Puccini compartir, casi el mismo tiempo que ella se tomó para aceptarme sin importar cuanto soborno le ofreciera. Una noche desperté y ella me miraba desde la puerta de mi recámara, parecía estudiarme, su vista pasaba de Gladys (enroscada en mi cama) a mí y de vuelta; algo debió agradarle que a la noche siguiente entró, olió y frotó todo lo que pudo. Una tarde, mientras perdía el tiempo frente a la computadora Puccini brincó sobre el escritorio, se aposentó en el teclado y en mi vida para siempre.

Dos años pasaron y llegó el momento de otra pérdida, no sólo para Puccis (apodo de Puccini) sino para todos en casa, murió Gladys, cáncer de páncreas. Puccini pasaba las tardes sentada junto a la puerta, esperando a Gladys, no eran las grandes amigas, pero jugaban, se robaban comida e intercambiaban sus platos de agua. Se cansó de esperar y comenzó a subirse a mi cama a dormir conmigo, ocupando el lugar de Gladys, llenando la casa de su esencia, adueñándose hasta del último rincón.

Puccini odiaba la idea de salir, lo descubrí la tarde que intenté sacarla a pasear y no pasamos del umbral de la casa y pasé el resto de la tarde curando mis heridas. Como buen felino amaba el sol, las zonas cálidas, las alturas, las cosas simples para jugar y todo lo que mi madre le señalara como prohibido; no soportaba los arrumacos, el baño, los veterinarios, las vacunas (me costó 10 corbatas averiguar esa) los juguetes para gato y las visitas (a quienes amaba ver partir).

Pasaron cinco años más y llegó Tammy a la casa, Puccini ya era una gata de nueve años, muy dueña de la situación y nada paciente. La llegada de una cachorrita no fue, para nada, motivo de alegría y, sin embargo, no le fue indiferente, nunca se portó mal con ella, era común ver huir a Puccini ante los loco bríos de Tammy y, muy de vez en cuando, juguetear con ella. Tammy, en cambio, vivía fascinada por ella.

Por siete años la vida en la casa fue simple y el único evento memorable fue la llegada de Pánfilo, un pecesito de mercado, rescate de mi madre de las garras desinteresadas de mi sobrino. Puccini pasaba las tardes hipnotizada por el movimiento lento y paciente del pez (las mañanas pertenecían al sol) hasta que éste creció y comenzó a ponerse nervioso frente a su admiradora, lo cual propició un cambio de lugar de residencia para el joven lejos de la felina mirada escrutadora.

Puccini esperaba mi llegada, me saludaba con un ronroneo, piruetas en el suelo, dos o tres vueltas a mis pies y se escapaba en el momento en que trataba de cargarla y besuquearla hasta el cansancio. Me quería, pero no tanto... Je, je, je, je. Su lugar favorito para dormir era mi silla del comedor, cada mañana, entre mis prisas y el olvido, jalaba la silla para sentarme y Puccini salía huyendo para regresar a curiosear qué desayunaba, si el menú le era grato, se quedaba a mi lado comiendo, siempre de forma frugal y prudente, nunca un trozo de más.

Desde enero de este año, comenzó a pasar más tiempo en mi recámara, durmiendo entre mi ropa, mis juguetes, mis libros; se sentaba a mi lado mientras veía televisión; me veía prepararme para salir a trabajar; me miraba dormir desde mi restirador, cada vez era más frecuente despertar con ella a los pies de mi cama y, poco a poco, se volvió común que me pidiera que la cargara.

Una mañana me despertaron una serie de estornudos y toses que no eran comunes en ella.

Una semana después sus patas traseras se paralizaron y el veterinario fue muy honesto conmigo y le pregunté si me consideraría cruel si no la "dormía" (odio ese eufemismo) y su respuesta fue no. Puccini llenó mi vida catorce años, me hizo reír, rabiar, llorar, querer sin esperar. En ningún momento pasó por mi mente el disponer de su vida como algo que ya no sirve. Traté, lo mejor que pude, de pagarle esos catorce años con mucho amor y cuidados y desvelos y paciencia y caricias y arrumacos y besos que cada vez rechazaba menos.

El final llegó un viernes, lo supe apenas la vi. Sus ojazos azules eran un viejo recuerdo hundido en su cara. Al entrar a mi recámara, ella hizo un gran esfuerzo por voltear a verme desde mi cama, me senté a acariciarla y vi como su respiración comenzaba a ser cada vez más difícil. La envolví en su cobijita, la pasee por la casa, la acerqué a que oliera los muebles, las macetas, los espacios en donde pasaba largos ratos, a cada cuarto, a despedirse de mi madre y volvimos a mi cama, me recosté con ella en mis brazos, Tammy, que nos había seguido todo el trayecto, se subió con nosotros y la olió por largo rato como lo había estado haciendo en las últimas semanas. Poco a poco los tres nos quedamos dormidos.

Sólo Tammy y yo despertamos.

Sé por su actitud hacía otros gatos, que Tammy aun no olvida a Puccini, por la forma en que les pide jugar, por el tiempo que dedica a oler los espacios en el que pasan sus días en los jardines y por la forma en que huele y lame las marañas de pelo que, cada vez menos, aparecen después de mover objetos y muebles. Por mi cuenta este año habrá una lata de atún en la ofrenda y un vestidito de bruja vacío por primera vez; temo el momento en el que lo encuentre, porque como ahora, se me va a desbordar el cariño por los ojos.

Puccini, aunque te llevo en el corazón, no dejo de extrañarte.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -lo natural-

estupidez
De estúpido y -ez.
1. f. Torpeza notable en comprender las cosas.
2. f. Dicho o hecho propio de un estúpido.

La marcha del animal humano a través de su largo camino evolutivo no ha sido cosa fácil. Imaginar a los frágiles homínidos que nos dieron origen cada vez menos en sintonía con el entorno, menos preparados para enfrentar la vida al natural, me hace pensar en un divorcio en el que el menos capacitado fue el que decidió levantar la voz y exigir con qué quedarse. ¿Qué sería de la especie humana si aun conserváramos el olfato, la agilidad, la fortaleza, la velocidad, la dureza de garras y dientes de algunos primos actuales?

-pausa para que algunos geeks nos imaginemos el maravilloso mundo de superseres humanos que seríamos-

Claro, nos quedamos con el mejor cerebro, cosa que nos ufana y ensoberbece al grado de insistir que somos cosa aparte de los animales (lo cual me hace dudar si, en verdad, nos quedamos con el mejor cerebro) La evolución de nuestro cerebro nos llevó a fortalecer partes del cuerpo y a crear (de la nada y con materiales ajenos a nuestros cuerpos) soluciones a los problemas que enfrentamos al carecer de lo que a la mayoría de animales les sobra (instintos, agudeza visual, olfato, menor tiempo de desarrollo de las crías, armas especializadas según la especie -garras colmillos, picos, hocicos, colas, flexibilidad esquelética, alas, piel más resistente, etc.-); así que, a diferencia de muchos animales que evolucionaron a la par que nosotros, decidimos no seguir en el menú de otros y se empezó la carrera armamentista con el afán de vencer al(los) enemigo(s) naturales y con el paso del tiempo a nosotros mismos y se volvió natural enfrentarnos cada vez que no nos parecía lo que los otros, los diferentes, los ajenos a nuestro grupo familiar podían pensar, desear, querer o, simplemente, expresar.

-pausa para que algunos fascistas se imaginen el paraíso en el que pudieron haber vivido soltando garrotazos a diestra y siniestra ante la menor diferencia-

Harto cansado debió ser el nomadismo que el cerebro se apretó el cincho y poco a poco se fue ideando como quedarse en un sólo lugar, domesticar a los animales aptos (onda tipo bullying para convencer a pollos, patos, gatos perros, bovinos, porcinos, ovinos que eran inferiores y que un mandato divino nos daba poder sobre sus vidas, muy diferente a los grandes depredadores naturales que no se andan con pendejadas y se tragan al que se les antoja, sin anteponer dioses, leyes y mamadas muy humanas, usando sólo sus habilidades naturales), ayudando a las plantas favoritas a desarrollarse por encima de las demás, causando extinciones, éxodos y transformando el entorno, siempre pensando en el bienestar de su propia comunidad y olvidando el natural.

-pausa para guardar un minuto de silencio por los que ya no están-

Pirámides, túmulos, arcos triunfales, acueductos, chinampas, termas, caminos aun en uso, barcos, carruajes, catapultas, observatorios, castillos, fortalezas, matemáticas, química, filosofía, arte, en fin, una lista de logros y oficios interminable que conforman la idea de las culturas humanas (incluidos sus odios y creencias); algunas, dadoras de grandes regalos en legislación, derecho, medicina y otras, (a veces también las mismas) destructoras, genocidas, invasoras de lo humano y lo natural. Cómo pudo ser que unos changuitos indefensos ante un mundo hostil lograran tanto, bueno, obvio por el cerebro y la habilidad manual y el lenguaje y algo básico, un núcleo... La familia natural.

-pausa para que los extremistas crean que les estoy dando la razón-

Debemos entender que la familia natural no fue aquella formada por una madre, un padre e hijitos (con un dios entrelazándolos), si eso fuera, la humanidad no hubiera pasado de unas cuantas generaciones antes de que las taras fueran evidentes y se hubiera acabado la humanidad por incesto. La familia natural fue un grupo, un ente diverso, un conjunto de seres humanos, no necesariamente consanguíneos, que vivieron y trabajaron por un bien común y que dejó de existir desde que el hombre se civilizó; desde que lo social, lo económico, legal y religioso le dieron relevancia al matrimonio de ser, prácticamente, una cesión de derechos (o unión legal reconocida para fines de sucesión, posesión y reconocimiento de progenie).

-pausa para que algunos grupos se encanijen y pidan se hable de lo sagrado que representa la familia-

Entonces pensemos un momento, familias hay muchas y muy variadas; desde la, muy en voga, familia de papá, mamá e hijitos, pasando por las grandes que incluyen varias generaciones, hasta las muy pequeñas, esas de dos personas que se apoyan en todo. Las hay sin padres, sin madres, sin hijos, de puros hombres, de puras mujeres, de tíos, primos, amigos, amantes, de trabajadores, etc. Pero matrimonio sólo hay uno, y legalmente es el que cuenta, el autorizado por el Estado, el civil y que es la unión de dos personas en plena consciencia, sin importar si son blancos, negros, rojos, amarillos, altos, gordos, chaparros, hombres o mujeres. Existen ceremonias religiosas sin efecto legal que pueden adornar la unión civil y apaciguar las ansiedades histéricas u obsesivas de los participantes, pero no dejan de ser meras ceremonias.

-pausa para recordar los sufrimientos de los preparativos de esas ceremonias que terminan por no agradarle a todos, en parientes vomitados y profundas enemistades-

Es increíble pensar en el largo y sinuoso camino recorrido desde que formábamos parte de lo natural al 100%, desde que nos erguimos y empezamos a andar, a crecer, destruir, crear y hasta salir del planeta; es fabuloso detenerse a pensar que una masa gelatinosa nos permite estar aquí, ahora, gozando de una vida más simple que la de nuestros antepasados; es extraordinario poder ver que poco a poco los atavismos van desapareciendo, lentamente, pero van desapareciendo. Cada vez más voces, respaldadas por esa materia gris, se levantan para luchar por una humanidad mejor... y claro, no pueden faltar voces disonantes, cuyo respaldo es papel amarillento, que se detienen a decir que lo natural es una tuerca y un tornillo... Tan comunes en los bosques de este mundo.