miércoles 29 de septiembre de 2010

La vida moderna -flores secas-

Entró a trabajar como un favor que le debían a su esposo. Una plaza de base sindicalizada. O sea, cayó en blandito. Nunca destacó como alumna, como esposa o como madre. Comenzó a destacar por ser una perfecta inútil, ociosa y conflictiva. Eso si, siempre llegó media hora antes y siempre logró que le firmaran horas extras.

Sus días transcurríeron grises en su apagado rincón detrás de su escritorio. Nunca sirvió para nada, no era bella, no tenía un cuerpazo, su voz era tipluda y desagradable, sus preguntas tontas y sus consejos malos.

Odiaba en secreto a todas las mujeres que la rodeaban, porque sonreían, porque eran felices o simplemente porque estaban vivas. Ella era una sombra, una mancha en la alfombra, la calcomanía fea que nadie quiere quitar de la puerta o del vidrio, el pedazo de una torta sin acabar, ya seca y con el relleno descompuesto, que nadie se atrevía a tirar a la basura, por eso la dejaban ahí. Y ahí, en su oscuridad lóbrega, odiaba. Su coraje burbujeaba, la secaba lentamente.

Bartolo la veía, siempre la vió, cuando trapeaba las oficinas, en las juntas del sindicato, cuando vaciaba los botes de basura, al checar la salida, a veces esperaba en la esquina para verla pasar, cada noche la veía en el febril ojo de su mente mientras se sacudía sudoroso antes los favores de su temblorosa mano. Un día la saludó, otro la acompañó al metro, un mes de esos, la beso y, finalmente, antes de un año, le pellizcó una nalga.

No dejó de ser una inútil, pero ahora era una inútil motivada, su día no dejó de ser gris, pero ya reconocía que existían otros colores, dentro de la oficina supo que tenía dos compañeros de oficina, después de tres años de asistir a trabajar en metro, se enteró que se bajaba una estación más lejos, incluso descubrió que sabía hacer algunas cosas -que guardo en secreto, no quería dejar de ser inútil- de las que le pedían en el trabajo y por primera vez vió a sus hijos como seres humanos, le seguían cayendo mal, pero aceptó que eran humanos. En el sexo con Bartolo se descubrió viva, ansiosa, deseosa y -por lo menos para Bartolo- deseable. Antes de Bartolo había tenido sexo dos veces y los resultados ya estaban en primaria. Nunca volvió a tocar a su marido.

Ahora faltaba a casa, para el cornudo marido resultaban casi obsesivas las frecuentes visitas del presidente y la primera dama al instituto, le parecía una injusticia que ella fuera la única que tuviera que quedarse a imprimir pases de prensa y carteles de bienvenida, rumiaba su mala suerte mientras planchaba uniformes y revisaba tareas. A lo lejos, la cacofonía de la ciudad amortiguaba los gritos de placer de su mujer entre los brazos del galán Bartolo.

Antes de irse, le confesó todo, le dijo lo mucho que odiaba a sus hijos, a él, a su extraño pene, su olor y su rostro. Le declamó una oda al odio, al tedio y le dejó solo. Azotó la puerta maleta en mano y corrió hacía el pene de Bartolo. El mundo brillaba, por primera vez supo que había un parque frente al edificio de su oficina, olió los árboles, escuchó los trinos y se sintió completa.

La maleta cayó al suelo, los colores del mundo se diluyeron tan rápido como las ilusiones del cambio y alternancia en el poder. El pene de Bartolo huyó con el resto del cuerpo. Tan pronto la vió con la maleta en la oficina le dijo que estaba mal; que no la vería, que no se la cogería esa noche ni nunca, que su esposa estaba primero. Que lo único que extrañaría de ella era lo aguado y caído de sus nalgas sin forma. Bartolo pidió cambio de adscripción, pidió ser testigo protegido y desapareció de la historia para siempre.

Con una maleta, sin familia y, desde luego, sin amigos. Paso días en un hotel. Sedada, suicidada, moribunda aferrada a la vida. No recuerda como firmó el divorcio, nunca supo que fue de sus hijos, ni como llegó a vivir de nuevo a casa de su mamá que la veía como a una puta. Le dolía el dolor, le dolía el placer que conoció, le dolía la vida, le dolía el sexo ausente y, sobre todo, sus caídas y aguadas nalgas sin forma.

Si alguna vez fue inútil, eso estaba olvidado, ahora era un auténtico bloque de cemento, enorme estorbo infranqueable, su sueño era estar en una ventanilla para poder negarle todo servicio al mundo entero, ser parte del almacén y no dar nada, ser parte de compras para hacer imposible la obtención de recursos. Odiaba la mundo, a los hombres, a las mujeres, a la vida.

Se suicidaba una vez al mes, siempre el mismo día. Pero con mala suerte, nunca lo logro.

Comenzó a coger con los casados, se le hizo hábito, se le hizo vicio, era su deporte favorito. Se volvió una fornicadora en serie. Sus víctimas tenían en común ser hombres casados. Su modus operandi era el mismo siempre. Los hostigaba llamándolos mandilones, impotentes o putos. Todos caían, menos los putos. Al final denunciaba a todos, presumía sus logros y hacía que todos sospecharan de sus fracasos. No se salvó de golpizas, de rasguños ni de ataques por medio de lo laboral, pero su asistencia perfecta y su puntualidad la hacían invulnerable. Pasaron los años, pasaron los hombres, pasó la vida.

Hoy se jubila, para gozo de los seres que más la odian, se va a vivir una muerte solitaria en el olvido de una vida inútil y en el dolor de unas nalgas aguadas y caídas sin forma que fueron abandonadas hace años y que nunca encontraron de nuevo quien las viera como fetiche.

Entró a trabajar como un favor que le debían a su esposo. Una plaza de base sindicalizada. O sea, cayó en blandito. Nunca destacó como alumna, como esposa, como madre o como trabajadora. Destacó por ser una perfecta inútil, ociosa, conflictiva y por tener las nalgas mas aguadas, caídas y sin forma.


jueves 23 de septiembre de 2010

La vida moderna -dios-

Entre coros celestiales se encuentra el trono de...

Yo soy el Señor tú Dios...
-Si, ajá... maxi big da god... ajá... (Bostezo)

No tomarás mi nombre en vano...

-Si nos dijeras como te llamas por lo menos... Pero eres "el señor"... El señor qué? Smith, Al Hasrid, Pérez... Leví?? (Rasca, rasca)

No pondrás a otros dioses ante mí.

-O sea que sí existen otros Dioses, eh?? (Dedito acusador)

Ejem... -coff- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
-Para amar a dios, debo estar como María Pleasing? (encima de todas las cosas...) Que hueva, eh? Me cae. (Menea cabeza)

Tonto... Santificarás las fiestas.
-Incluso las "non santas"? (Sonrisa pícara)

Honrarás a tu padre y a tu madre.

-Ni que tuvieras que decirlo... Aunque te diré, sólo si se lo merecen no? O qué? Te da miedo que si uno juzga a los padres pueda uno terminar juzgando a dios? (Pica nariz)

Por supue... Claro que no! A Dios no puedes juzgarlo, está/estoy muy por encima de tu pequeña mente, Por eso te digo como es que debes vivir... Por lo tanto: No matarás.

-A quienes? Porque según tú/él se debe matar a los enemigos y tus/sus "sacerdotes" con sus ideas han perseguido y matado en tú/su nombre por siglos y si aparte eres/es Allah... Qué quieres que te/le diga... (Horrorizado por el tamaño del moco)

A mi no se me puede culpar por las tarugadas de otros, pasemos a otro tema. Ante mí debes estar siempre limpio, por lo que no cometerás actos impuros.

-Que conveniente... Eres priista?? Panista? Pedorrista? Político pues... Respecto a los actos, faltan como doscientas hojas de especificaciones... Para empezar, qué es impuro? Coger sin bañarse? Lamer orificios corporales?? Mirar con lascivia a los animales? Comer algo que cayó al suelo? Tomar agua de la llave? (Manoteo para sacudirse el moco pegado en el dedo)

Sabes a lo que me refiero... Así que no finjas demencia. No robarás.

-Jajajajajajajajajajaja! OK, ya, en serio...

Caramba! Prosigo, no dirás falso testimonio ni mentirás.

-Adiós a la mitad de la industria de los medios... Un momento, no eres tú el que anda diciendo que hizo al mundo en 7 días? Al hombre de barro y esas cosas?

Son metáforas... es un... una... Licencia poética, OK? Mientras tanto tu preocúpate de no consentir pensamientos ni deseos impuros.

-Mmmmm... la metáfora del 7 es algo así como 7 = 3 mil 500 millones de años? Qué veloz!! Y vuelta a lo mismo! Que obsesión, para ser incorpóreo estás muy clavado con los act... Claaaaaaro! No tienes cuerpo... No tienes... "cuerpo"... ya salió el pe-i-ne!

Bellaco! Hereje! Mi falta de... el hecho de que ... No tiene nada que ver... Yo... si quiero, si quisiera... Mira... Los hice a mi imagen y semejanza.
OK... que te quede claro! No codiciarás los bienes ajenos.
-Tons no tienes circuncisión? Digo... que pérdida de tiempo, si nos hiciste como tú, pero con sobrante... no tiene lógica, ahora si no te sobra... para que el trámite? Y eso de codiciar... O sea... Es como una ley de protección de propiedad privada e intelectual o qué? Si digo: "ay quisiera una casa así", ya pequé? Soy codicioso? O sólo si digo: "Quiero esa casa!" Por que entonces más que pecador sería así como, una especie de Dr. Evil, no? Pero qué tal que la casa se pueda comprar? A ver? Dime?

No tengo que decir nada, todo lo tuerces, todo lo enlodas...

-Yo? No soy yo el que anda diciendo como deben vivir las personas. Ni que deben pensar, ni como deben acostarse o con quienes... Pareces mamá histérica!

Respétame! Dios es el creador, es el señor, es...

-Si tú hiciste la tierra... que onda con la Galaxia de Andrómeda? La hiciste tú o fue otro dios? Para que sirven los agujeros negros? Somos únicos en el universo o hay más "hijos" tuyos regados? Somos la casa chica? Cómo embarazaste a María, si eres incorpóreo... trabajas por medio de midiclorians? Si eres tan bueno, porque dejas que se muera tanta gente en tu nombre?

Por menos que eso podría mandar otro diluvio, otro terremoto...

-Uy supercool! Matar millones por las dudas de uno... Thumbs up baby! Justo y clemente... Perfecto. Ni todos los publicistas del mundo podría ayudarte a tener una mejor imagen, consevador y republicano. Eww!

HEREJE! Soy la esencia misma del amor y la piedad para el mundo.

-Que nos lo diga Job, los Sodomitas, los Gomorr... itas/ianos/ienses, los judíos, los homosexuales, la mujer, con eso... con la pura mujer. A ver? Que te traes contra la mujer?

Yo?? Nada, es pura mala fe que le tienen a uno, yo la hice, de la costilla de Adán... para que no se aburriera...

-O sea es la payasita de la fiesta?

No, es su
compañia, es su alivio, es la que lo asiste...
-La chacha?

No, es la madre de sus hijos!

-O sea, la fabriquita de repuestos?

Ay contigo! Que no!

-y entonces? Por qué restarle importancia en tus planes y en la historia teológica?

Cual?? Si es María la madre de mi hijo, la mujer...

-Ay, ay, ay! Pareces manual de la secretaría de salud, la mujer importa hasta que es madre, antes no... O sea? Bien machín, eh?

Gracias a la mujer se redime la
humanid...
-Misma que según tus libros pecó por ceder a la tentación. Cómo saber la verdad si sólo tenemos tu palabra -dicha por otros hombres- como versión de los hechos! Qué tal que haya sido Adán, pero claro, como era el consen...

Nada! Los humanos son mis consen...

-Si, por eso las guerras, la esclavitud, el racismo, la intolerancia, no? Que bueno que nos quieres y somos especiales... Gracias eh?

Yo qué? Yo hice las cosas y ya después cada cosa agarró su rumbo...
-Y el famoso plan divino?

Es un... ustedes no podrían entenderlo.

-Mmmju... (mirada cuestionante)

Es... Secreto.

-Ah! Vaya... No se por qué, tengo la sensación de que me/nos has estado choreando por miles de años.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!
-La verdad es que más que nuestro creador, tu eres la creación de nuestras carencias, así, si las cosas salen mal es fácil decir que no nos tocaba: "en su voluntad está todo", "sólo dios sabe", "primero dios", "dios quiera", "dios mediante"...

SOY EL SEÑOR TU DIOS, CREADOR DEL CIELO Y LA TIERRA, DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE...
Por eso debemos amarte sobre todas las cosas y si no?

Te enfrentarás a mi santa y justa furia!

-Y el libre albedrío?

Siempre podrás elegir lo que desees, sólo que si me haces enojar, te atienes a las consecuencias.

O sea... Obedéceme en todo sin preguntar, quiereme como yo digo, cree sólo en mí o te vas al diablo!


Si, así! No! Es... no del todo, que no es así, es un... mira... la cosa es que... o sea...

-Clarísimo.

...

-...

...

-Ajum

...

-En fin, mira que me va a molestar mucho morirme y encontrarme con un Zeus muy encabronado del otro lado, eh?

Voces atropelladas, sonido de timbre de metro.

-Ching... Me quedé dormido! Ay güey! Se me pasó la estación! Voy a llegar tarde! ARGHHH!


martes 31 de agosto de 2010

La vida moderna -Golfas y Beatas-

Al caminar por la ciudad, el pueblo o el caserío nunca falta la voz en el viento que arrastra la terrible y triste historia de alguna buena mujer y de una muy mala. Las buenas son ejemplo, víctimas perennes, santas encumbradas, anegadas de virtud, sofocantes fuentes de rectitud. Las malas son excusas, son demonios, son pura carne, deseo, son lascivas, rompecatres, etéreos demonios liberadores.

Los hombres sólo miran, sólo prueban, sólo se dejan llevar. Una era buena, tan buena que lo mató de hastío. Otra tan mala que lo revivió, le dio nueva fuerza, le indujo a seguir viviendo lejos de la salvación eterna.

Una aburre, la otra cansa.

Llegar a casa y verla mohosa, de rodillas, olerla a veladoras, a madera de iglesia, madera vieja como su sexo olvidado y reseco. Oír sus oraciones, ver su camisón de franela, lleno de lazos, lleno de cadenas, de miedos y prejuicios. Dormir entre las opresoras imágenes de santos, vírgenes y cristos moribundos que ahogan el deseo con el asfixiante aroma de los nardos. Esa joven tan vieja que duerme a su lado, que a diario le recuerda que morirán un día.

Llegar al hotel y ver que ya está semidesnuda, viva, huele a alegría, a libertad, juega, goza, grita, rasguña. No quiere dormir, no quiere perderse un momento de su sonrisa, de su fuerza, quiere perder la vista ante su fuego radiante. Muere agotado muchas veces entre sus brazos, pero sabe que lo espera la resurrección, la vida.

La exigente, la dadivosa.

Le pide que se apure, le pide que se comporte, que piense como ella, que sienta la misma devoción, que ore, que pida, que no voltee, que no hable, que no piense, que no se rasque, que no desee, que no la mire así, que no escuche, que no ría, que no salga, que se quede, que no, que no, que no.

Le da libertad, le da sexo, le da vida, le da alegría.

Un día, tal vez lluvioso, tal vez soleado, él tomará la decisión y se ira con aquella, dejándole a ella el papelón de aceptar la voluntad de dios y la calentura de su marido.

Ella vivirá por siempre en el corazón de las que, como ella, sufrieron a manos de otra la indignación, el abandono, el dolor de ser dejadas siendo dechados de virtud, fe y recato. Secas como catedrales góticas se apagarán consumidas de odio entre oraciones de amor y perdón, abrazadas por el piadoso fuego de una veladora a san ojalá, perdidas en la búsqueda del entendimiento de una voluntad divina indescifrable.

Aquella vivirá en la ignominia, recordada siempre en el afán de ser olvidada, borrada del libro de la vida, maldita. Vivirá gozosa, vivirá satisfecha, caminará, dormirá y despertará de la mano de su presa, que día con día se vuelve aburrido, coge menos y se culpa más, quiere ir a misa los domingos y le pide recato, que no mire, que no voltee, que no diga, que no salga... y saldrá...

Las historias son las mismas, los personajes son iguales, los escenarios cambian, los juicios perduran, se tomará partido y se señalará eternamente. Pocos sabrán -o admitirán- que en la baraja de la vida ambas son reinas, impresas por la misma cara. Una aburrió, la otra cansó. Finalmente ninguna fue el ideal de nadie.

El ideal siempre está lejos, a salvo de nuestra búsqueda.


martes 6 de julio de 2010

La vida moderna -Cadenas-

Contaba yo con nueve años, cuando en mi buzón -de los reales, ya que en ese entonces no había internet- apareció un sobre dirigido a mí, sin remitente, la carta era una fotocopia de una hoja cargada de maldiciones pero con la imagen de un santo y una oración para él. En pocas y concisas palabras me advertía que si no la reenviaba a 20 personas, moriría de alguna forma hórrida, desagradable y muy salpicante; contraería alguna enfermedad contagiosa africana o bien, viviría, pero con la cara de Gustavo Días Ordaz por el resto de mis días. Pero, si acaso la enviaba, gozaría del favor del santito ese y en pocos días ganaría la lotería, encontraría al amor de mi vida y no tendría problemas de disfunción eréctil ni viendo fotos de la maestra Gordillo. Desde luego que me puse a temblar, en ese entonces creía ciegamente en todo lo que estuviera acompañado de un santo, una virgen o un cristo. Muerto de miedo y casi llorando le enseñé el papelito a mi papá, el se rió mucho y lo tiró a la basura y me enseñó que, aun siendo un hombre religioso, las supersticiones no eran parte de su repertorio. Me dijo que si alguna vez volvía a recibir algo así, lo tirara y no habría ningún problema.

Así fue mi primer encuentro con las famosas cadenas y no volví a leer una hasta que estrené mi cuenta de hotmail, muchísimos años después. Así supe que el mundo, por más moderno y tecnológico, no deja de ser un lugar lleno de humanos.

Sobra decir lo siguiente: Odio las cadenas. Pero la verdad es necesario, descanso cada que lo expreso. A mí me da lo mismo que sea la cadena de la niña con cáncer -de hace doce años-, la de los que roban riñones, la de los que clonan tarjetas, los chinos come fetos abortados, la de los santos diabólicos -y que me recuerda mi infancia-, vírgenes gandallas o cristos hojaldras que si no las reenvías a mil quinientas personas te dejan sin genitales, calvo, con ganas y sin pareja. Hay otras, no menos peores, las cadenitas de cursilerías que te dicen que si no la reenvías a doce mil personas, incluido el que te la mandó, no sabes ser amigo -para su información, el que manden eso y aun no los borre de mi lista es señal de que me paso de buen amigo-, las flores de no se que jotería, los gatitos de la suerte, el cuerno de la abundancia, el buda de algo, la oración del trabajo, el trébol de la suerte... Bueno, un sinfín de pendejadas que, como manda, todo(a) aquel(lla) que tiene cuenta de correo reenvía como poseso(a) pensando que salvó al mundo, que evitó una larga estancia en el infierno, que no morirá atropellado, que esa noche se le declara el (o la) susodicho (a), que los granos en la punta de la lengua no son por una enfermedad desconocida, que le pagó los quince años a la nenita del cáncer, que es el mejor amigo del mundo, que ya no cerrarán el MSN, que Bill Gates le va a regalar un celular, que la virgen del perpetuo socorro no le sacará los ojos, que el santo de la manguera floja no le mandara caspa y piojos y que el sagrado corazón le dará el secreto para obtener todo el dinero del mundo, la pareja perfecta, el password del e-mail de todos sus enemigos y goce sexual ilimitado.

Les digo algo: No mamen.

O sea, ya. Si, ¡basta! Analicen su supersticiosa conducta medieval, indigna de usar la internet. Seguro que nunca han jugado -énfasis en jugar- Ouija porque creen que se les va a meter el diablo, ¿no?

De verdad, por favor, piensen, ¿creen que algún dios los va a castigar por no reenviar un correo? ¿Son mejores amigos por reenviar una cursilería jotísima por correo? ¿Mañana tendrán el trabajo de sus sueños por mandar un dibujo de un hada, duende, cielo estrellado, buda desparramado, cristo ensangrentado o lo que sea?

Debo admitir que, por lo menos, ya han aprendido a enviar las cadenas con copias invisibles. Eso es un avance importante, pero, ¿qué los compele a seguir ese odioso camino del reenvío, es la pura superstición o una de esas culpas que los hace afectos a creer que si tiembla es por sus pecados? ¿Tan mal les caemos el resto que si ya se los chingaron con una maldición, la reparten?

El día de hoy recibí la friolera de 18 correos con cadenas, sé que no es mucho, antes recibía muchos más, pero afortunadamente, o ya aprendieron a ignorarlas, o bien, ya entendieron que nunca las reenvío y que me importan muy poco advertencias tan cursis y ridículas como: "Si no la reenvías entenderé" -cursilísima cadena de amigos-, "si no la reenvías no tienes corazón" -cualquier cadena con algo referente a maltrato animal, infantil o ambiental- o "¿Me dejarías entrar en tu oficina?" -correo que hace parecer un vampiro a cristo que pide permiso para entrar a la oficina-.

El concepto inicial de las cadenas era el fastidiar, maldecir u obligar a conocidos y vecinos molestos anónimamente, apelando a su ignorancia o simplemente a su sentido de culpa. Esto, ya en la internet, pierde el concepto inicial al no ser un mensaje anónimo y el fastidio pasa a generar sólo sentimientos de culpa: si no ayudas, eres ojete; si no reenvías eres un mal amigo; si no rezas, no eres creyente y cristo llorará en la cruz; etc. La única ventaja de esto -alguna debería tener tanto tiempo perdido- es que deja muy claro quienes de tus conocidos o amigos son susceptibles a engaños de corte religioso, de tipo amistoso y cuales comprarán todo lo que oferten en la tv por cable -así que hazte una lista y mételos a uno de esos grupos de ventas piramidales, seguro te haces millonario-.

La próxima vez que recibas una cadena piensa qué es lo que te obliga a reenviarla, ¿de verdad crees que se te van a caer las uñas, que ese hombre -o mujer, trabajo, casa, billete de lotería- maravilloso aparecerá en tu vida por un click o de plano te da miedo ir a dar al infierno por un correo electrónico?. Recapacita, la mitad, o más, de las personas que reciban tu correo pensarán que eres idiota o que estás en camino a serlo de tiempo completo.

Por cuentas de correo electrónico libres de cadenas:

¡Ya no mamen y dejen de enviar pendejadas!

Los correos inteligentes, con buenos artículos, fotografías porno, caricaturas de Quino, Jis y Trino, Schulz o Davis, noticias de último momento y links a Discovery o History Channel son bienvenidos.


viernes 25 de junio de 2010

La vida moderna -Manual I-

¿Se ha preguntado alguna vez qué se necesita para ser una de esas madres de las cuales los hijos nunca se separan?

Es evidente que, primero que nada, se necesita de -mínimo- un vástago varón -y de preferencia de máximo también, pues no hay Naborita que alcance para dos y eso genera rivalidades (si ya tiene dos, aguántese o regale a uno)-, ese pedacito de vida al cual seguirá como "fans" el resto de vida y si es posible después también.

Es importante siempre rebajar la imagen del padre -si lo tiene-, hacerlo ver como una molesta, pero necesaria, presencia que copa los maternales instintos y da al traste los amorosos cuidados de mamá. En caso de que el papá ya no se encuentre, nunca lo hizo o fue una paloma blanca, ¡qué mejor!, no vale la pena ni mencionarlo -salvo en momento de acusaciones perversas recordando siempre la frase: "eres igual que el desgraciado de tu padre". Nunca falla-.

Se requiere de condición física, pues deberá seguirle a cada paso, a cada respiro, observando, cuidando, salvando de las maldades reales y ficticias, de gérmenes ciertos o falsos, de las mascotas -en estos puntos es necesario recurrir a la mitología y sacar seres monstruosos de la manga ya que los niños no le temen ni al diablo-, de la comida que no sale de sus santas manos -siempre recuerde descalificar la comida que cocine cualquier otra mujer, si, incluso la de la esposa, alegando la falta de devoción en el preparado-, de los niños malandros, de las niñas... esas arpías en embrión que más tarde serán motivos de desvelos y sufrimiento.

Es justo desarrollar telepatía para saber qué piensa el pequeño para dárselo antes de que lo pida -si no se consigue, entonces las necesidades del monstruo deberán ser creadas, para nunca fallarle y, sobre todas las cosas, para que nunca busque satisfacerlas lejos de las alas protectoras del hogar- y telekinesis para allegarle todo lo que le haga falta sin molestarle o tener que desprenderlo de su regazo para buscarle el chupón, otro pañal, el balón de soccer o los cigarros.

Si es usted de esas mujeres con vocación de mártir, ya tiene ganada gran parte de la batalla, ya que el infante insistirá en vivir su vida, usted debe tirarse al dolor físico y del alma, para que él vea como sus insensibles acciones vulneran profundamente a la autora de sus días. Procure tener siempre una foto del recuerdo, una de esas en las que el niño se ve feliz a su lado, para que usted, en pleno llanto fervoroso le pregunte si no recuerda esos momentos de dicha o que si ya olvido la vieja canción de cuna -que debe ser séntida y con tono irlandés para que remueva el corazón del chamaco-, si falla algo de lo anterior, se debe recurrir a las cuentas claras y dejar claro quién sacrificó qué cosa por quién -o sea: yo te di, yo te hice y así me pagas, pero hay un dios...-.

Siempre tenga a la mano un libro de herbolaria, esto le ayudará a dar siempre una respuesta pronta y expedita a sus malestares con medicina tradicional, dándole un aire docto y de sabiduría que no tendrán las madres de otros niños que todo lo solucionan con el doctor -que aparte de desplumar el monedero, les magulla al escuincle sin pudor alguno, como si fuera pollo de mercado-.

Si no sabe, invente. Es muy simple, empeñe su palabra en que lo que usted dice es verdad y deje claro que en caso de oponerse o de saber otras verdades, no es un buen hijo, que no merece los cuidados y atenciones que se le brindan y que no volverá a plancharle la ropa que lleva a la universidad.

La comida es esencial para mantener a un hijo cerca, siempre dele el gusto de preparar los platillos que usted quiera que él se coma, haga de la hora del desayuno, la comida y la cena un momento especial, platicando anécdotas simples, recuérdele como se prendía a su pezón cuando era pequeño, de las primeras veces que le bañó en su tinita, de los viajes con los primos y las tías, de las noches que pasó en vela rezando porque la tesis le quedara bien.

Practique algún deporte con el pequeño, siempre considerando medidas de seguridad para ambos, la calle es peligrosa y los parques están llenos de bribones que ya no respetan a las damas con hijos. Haga del torneo de matatena o de canicas en su recámara un acontecimiento, prepare palomitas, refrescos, ordene un pizza y a él permítale tomar una cerveza y fumarse un cigarrillo al terminar -si gana, dele chance de chatear 15 minutos con algún amigo que usted prefiera-.

La seguridad de ambos es indispensable dentro de casa, no permita que cargue con un juego de llaves, puesto que los hijos son descuidados y pueden perderlas, así que cargue usted con la responsabilidad y recuérdele que debe estar temprano en casa, muéstrele la nota roja de los periódicos, deje encendida la televisión en el noticiero de la noche, cuéntele de las mujeres asesinadas en soledad a pocas cuadras de casa, pregunte si es en verdad necesario que salga a enfrentar un mundo lleno de lagartas indecentes y dele la bendición antes de salir con los ojos anegados en lágrimas de preocupación -espere al retoño en una silla incómoda rezando un rosario y con claras muestras de dolor pregunte, cuando llegue, si prefiere cenar o que le prepare una pancita-.

La dignidad es muy importante, por lo que debe mantener la frente en alto y no ceder ante nada, cuando llegue le momento de conocer a la novia -que si la consiguió, usted hizo algo mal-, no baje la mirada y dígale con los ojos a esa buscona que no le será nada fácil ganar el corazón de su cachito, dígale que esta por entrar al infierno y que la guerra sucia de los políticos no será nada comparada a lo que usted planea -recuerde que la dicha de ser madre está en riesgo, no ceda ni ceje en esfuerzos, este es el momento decisivo, el momento para el que nació, hágala polvo-.

Después de la guerra por el amor de un hijo, el triunfo debe ser modesto, cuando se derrote a una advenediza, debe quedar claro que con mamá no se puede, que mamá sabe -de saber que no de sabor- lo que es mejor para su hijo. Un viaje de compensación, cenas especiales y de ser posible permítale festejar su cumpleaños con algunos de los amigos que le sobreviven -seguro no son más de cuatro- y que aun son solteros. Deleite la velada con los álbumes de la infancia, mostrando los trofeos que guarda en las cajitas coloridas de cartón, así, entre algodones, podrá mostrar los ricitos de cabello, los dientes, el cordón umbilical, el prepucio reseco; desempolvar las viejas grabaciones de audio y video donde usted es motivo de homenaje en las escuelas donde el precioso muñequito de su eterno pastel le canta -cada año elige la misma y la canta con una extraña pasión en su mirada- esa enternecedora canción de Juan Gabriel: Amor Eterno.


miércoles 23 de junio de 2010

La vida moderna -la culpa-

La culpa es la bastarda de un perdón que nunca llega.

La culpa nace del hacer, del deber, del ser, del no hacer, del pensar, del sentir, la culpa se regodea en lo que no se logró, pero que tuvo consecuencias, la culpa atormenta de noche y de día, la culpa caza, acecha, ronronea bajo las cobijas de una mentira cálida. La culpa afila sus garras en las cortinas que velan la vergüenza de la vista pública, amenazando con desgarrar lo suficiente como para dejar ver lo que hay dentro.

Muchas veces la culpa viene de visita colgada en la bolsa de mano de una abuela, entre el chongo de una tía quedada, entre las hojas del puro de un tío abuelo, entre las gotas de veneno de la vecina chismosa, siempre encuentra por donde colarse y dejar su impresión en nuestras vidas. Visiblemente oculta en el lenguaje de todo discurso familiar, abriendo los ojos de los presentes a medias pero ocultando a los actores del drama. La culpa es la mujer del tío que dejó a la tía original, es el hermano que no llega porque ama diferente, es el vecino que no atiende a sus hijos, es la mujer que sale a escondidas, es el niño que sabe a que sabe el sexo, es la niña que roba cambios, es la prima que se arrima, es el abuelo que mira una foto de otra y suspira, es la abuela que reza rosarios a gritos para calmar una vagina que nunca olvida, es el jardinero que entierra ratas en las macetas, es el hijo oculto, es la madre que avergüenza, es la hermana zorra, es la hija-nieta de los padres, es el sacerdote que ama demasiado, es la sirvienta que calla violaciones, es la anciana que nadie quiere, es la sombra de un crimen, es la niña que murió de parto, es el silencio que asfixió al anciano bajo la almohada. La culpa es el motor, es el combustible, es el dolor, es el silencio.

La culpa se reproduce en los templos, entre los rictus del prolongado placer doloroso de los santos y sus agónicos martirios orgásmicos, bebe las lágrimas de las eternas vírgenes lloronas, se fortalece en la sangre de las llagas desgarradas del cuerpo humillado de un hombre. La culpa se dispara de las lenguas de los que ofician lacerantes discursos que buscan herir en lo más hondo para no dejar huellas visibles. La culpa se enraíza en lo profundo, se gesta en paralelo, nos espera fuera del vientre, se nos impone con sadismo cuando más inocentes somos. La culpa nos prohibe el paraíso, nos expulsa de él y nos promete una eternidad en un infierno que nunca va a llegar.

La culpa es un dios que te mira en todo momento, que te juzga y te somete. La culpa es la que te da libertad bajo palabra de cumplir sus mandamientos. La culpa es la ramera que te seduce, te ofrece placer para después decirte que está enferma, es el beso prohibido, la caricia sucia., el olvido perenne, el obligado. La culpa es el humo, la pastilla, el líquido que se consume en la oscuridad del día y entre las luces de la noche. La culpa amante que abandona o que nunca se va, es el amor de lado, el de atrás, el que necesita a muchos, el que que se satisface solo. La culpa es un padre histérico, una madre enferma, una hermana oculta, una tía loca, un hijo que no llegó a serlo. La culpa pide silencio, amenaza a golpes, ofrece dinero o lo exige. La culpa taticardea, hipertensa, gastroafecta, colonobnubila, hemorroidopatea. La culpa engrosa, adelgaza, intensifica, minimiza, corre, pero se arrastra. Tarde o temprano la culpa llega, se estaciona, se engrandece, se queda.

La culpa es una arpía que ensucia, es una musa que inspira entre agonías, es la voz que exige sacrificios, es el sexo silencioso de una pareja copada, es el reporte que no se entrega, es la niña abandonada, es la muerte política, es la suegra, es la nuera, es el hijo, es el papá.

La culpa es gacha, es molesta, es traumática, es cagante, ojete, es mordaz, culera, es tan fea que nadie quiere echársela y, sin embargo, todos cargamos costales rebozantes de semejante mierda en algún momento de nuestras vidas, si no es que a todo lo largo y ancho de ella.


martes 15 de junio de 2010

La vida moderna -el reproche-

...Danos hoy, el reproche fresco de cada día y perdona nuestros reproches añejos así como también nosotros trataremos de perdonarlos -si no nos hieren mucho-.

A veces creo que no hay actividad más humana -o humanizante- que la del reproche. Nunca falta, a veces sobra, otras es puntual y muchas es añejo, venenoso y asfixiante. El reproche parece ser independiente a nosotros, a nuestra mente y nuestros deseos, se mueve con vida propia y es contagioso -si tú me dices, yo te digo, si nos decimos... ándale-. Se escapa, huye entre las palabras y se mezcla con cara de inocencia o de cínica maldad en las pláticas, en los correos, en el chat o en el twitter. Se sienta a la mesa a esperar, se va a la cama a preparar el campo de batalla, se esconde entre la ropa de un armario. Deja rastros de sí entre viejas fotos, cartas o recuerditos de eventos familiares y amistosos. El reproche acecha, planea, se agazapa y ataca con premeditación o pleno de desesperanza, se pinta de azul y corre gritando sin pensar, agitando sus armas, contra el desprevenido enemigo. El reproche proteje, descubre, empodera, manotea, aisla, desgarra, reclama, acusa, empuja, seduce, señala, demuele, separa, encubre, deslinda, miente, lastima, colude, raspa, marca, usa, amarga, coquetea, asocia, infama, arruina, enmaraña, abusa, desespera, tatúa, hiere, repuja, atropella, calla, inflama.

Los animales domésticos no escapan de su influencia humanizante, así un gato maulla un reproche bastante séntido después de un pisotón de cola accidental -antaño se vengaban buscando sangre ante la afrenta o por lo menos una buena miada en algún "algo" querido-, el perro gruñe, ladra, estornuda, entra y sale para reprochar frente a un plato vacío por olvido o desidia -en lugar de un buen mordisco para resaltar el punto: "tengo hambre"- y el canario pía argumentos inintelegibles para reprochar una luz prendida ya entrada la noche -ante la imposibilidad de una buena mentada de madre o un desgarrador grito tipo mamá a las tres de la mañana: "¡apaga la luz!"-; del resto del reino animal no me atrevería a decir algo ya que nunca he visto a una gallina lanzar miradas asesinas al gallo cuando regresa feliz de fecudar a otras, no sé de tiburones que meneen la cabeza desconcertados ante la voracidad de sus congéneres al descubrir que no le dejaron, ni tantito, de un surfista güerejo, no hay nada escrito sobre divorcios de camaleones por reclamos al descubrir los colores verdaderos, ni nada por el estilo.

El reproche es social, es amigo de los celos, la envidia, la maldad, la angustia, los miedos, la histeria, canta a coro con las quejas, pasea en bici los sábados con los rencores, va a misa con la maledicencia, come los lunes con el ardor, cena los martes con la venganza, va al cine los miércoles con la ira y la soberbia, toma café los jueves con el orgullo y los viernes hace fiesta con todos.

El reproche reclama y exige respuestas, pero no las acepta. Generalmente se enrosca sobre su propia cerrazón de suplicar por lo imposible y, así, la verdad escapa por el punto ciego de su angosta visión, la imaginación lo limita a espacios cortos y a rebuznar necedades. El reproche es creativo y es sencillo, tan complejo como una mujer y tan simple como un hombre -o viceversa-, inocente como la mirada de un bebé o tan cáustico como saliva de suegra. El reproche se reconoce en los ojos del otro escondido entre los párpados que se entrecierran para dejarlo salir más tarde, en el momento preciso.

- ¿Por qué me tienes tan abandonada, ya no te gusto?
- Si eres igual de valiente que tu papá, me acuerdo de la carrera que pegaron cuando me atacó el perro ese...
- ¿A dónde vas todos los viernes que llegas tan cansado?
- Por eso no te busco, porque nomás me ignoras.
- ¿Quién te besó que no te lo limpiaste mi amor?
- Serás lo único que tengo en mente en estos momentos, lo de la demanda no importa...
- ¿No te diste cuenta y casi me mato?
- No debiste decirle bruja a mi abuelita, se quedó muy sentida...
- ¿Qué no vendían otro igual para evitar que se pelearan, si ya sabes como son?
- Contigo siempre es igual, apenas llego y empiezas...
- ¿Te parece justo, que no fuera Flor Ivonne que ya la habrías defendido, no?
- Nada más me embarazaste y te olvidaste de mi...
- ¿Estoy pintado o qué?
- Ándale, vete, no importa, total...
- ¿Por qué nunca te acuerdas de mi cumpleaños y si del de todos tus amigos?
- No le quitaste los ojos de encima en tooooooooooooda la noche...
- ¿Era necesario que me dejaras en ridículo delante de todo el mundo?
- ¡Seis años sin saber de tí, Romualdo ya esta por salir de primaria...!
- ¿Fuiste a desenterrar las piezas del museo o así es la vuelta de larga?
- A la hipopótama de tu hermana siempre la chuleas y mi nunca.
- ¿Seguro qué ni cuenta te diste?
- Si a tí no te importa que tus amigos sean unos perdidos a mí menos, pero no me digas que me calle delante de ellos.
- Pues a mi ni me digas, ¿no que tomabas pastillas?
- Ah, si, ya me acordé, fue le día que me dejaste plantado...
- ¿Tus hermanos están manquitos?
- Para eso me gustabas, para que a la primera señal de problemas salieras corriendo.
- ¿Y qué dijo Calderón cuando se enteró?
- Cuando te sacaba a pasear ni decias nada...
- ¿Por qué ahora le dices cochino al dinero?
- Pues mucho fútbol pero nomás no logras meter un gol...
- ¿Te gustaría que me pasara algo, verdad?
- Con tantas cosas que hacer y tu, ahí estás, escribiendo tus pendejadas otra vez...