martes, 27 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -Apropiación Cultural-

Deberíamos morirnos todos.

Así, simple y llano.

Para qué tratar de vivir derribando fronteras y fomentar tolerancia si entre toda esta guaguareca de amor y paz se esconde un pernicioso afán separatista.

De los creadores de todo lo que tú hagas me ofende y si creo que se lo haces a los demás me ofende mucho y si creo que lo que haces vulnera a otros que no pueden defenderse, me ofende mucho más, nos llega: ¡La apropiación cultural!

Aunque a distancia pueda parecer algo bueno, como todo lo que tiene que ver con grupos extremistas, termina siendo una, mala, muy mala idea.

Buscando información sobre la cultural appropiation me doy cuenta de que es algo que dependerá completamente del color, estatura, nivel económico, código postal y nivel de educación (y claro, de los niveles de chairiclorianos que se tenga en la sangre); así se puede ir desde una sangrienta saña por defender lo que no les pertenece hasta una indolencia absoluta frente a semejante cuestión.

Al parecer la explicación más justa -y con la que, personalmente, estaría de acuerdo- es la siguiente:

"Tomar la propiedad intelectual, los conocimientos tradicionales, las expresiones culturales, o artefactos de otra cultura sin su permiso. Esto puede incluir el uso no autorizado de las danzas, vestimenta, música, lenguaje, folclore, gastronomía, medicina tradicional, símbolos religiosos, etc. Es especialmente dañino cuando la fuente de este plagio es un grupo minoritario que ha sido oprimido o explotado de otra formas o cuando el objeto de apropiación es, especialmente, de trato sensible, por ejemplo: objetos sagrados"
Who Owns Culture? Appropriation and Authenticity in American Law
Susan Scafidi

Dista mucho de la serie de exageraciones que en la actualidad despiertan la furia de los santos patronos de las conciencias inmaculadas de lo políticamente correcto y el chairismo en las redes sociales que, acá entre nos, cada vez se sienten más falsos y forzados los esfuerzos por defender o atacar causas en las mismas (especialmente cuando el defensor en cuestión usa dreadlocks, trae camiseta con Batman, pulseras huicholes y vans).

Veamos un claro ejemplo: el típico europeo (generalmente del norte) que llega a México (o cualquier país de habla hispana de América) y se dedica a aprender tradiciones de diferentes grupos étnicos; más tarde lo encontramos vestido de Quetzalcoatl en pleno Zócalo dirigiendo a un grupo de aborígenes (no peyorativo, si les ofende, favor de ir a la RAE y ver qué significa), diciéndoles cómo danzar, como cantar, como tocar la flauta y cobrando un dinerito muy a gusto y hablando de los abuelos sabios (que al final uno no sabe si habla de los nativos o de los suyos que lo hicieron tan cabrón, ¿ve'á?), quejándose de el abuso del gobierno hacía los grupos indígenas y hasta las chanclas de otras tradiciones mexicanas que no son de consumo legal. Eso, más que apropiación cultural, ya suena a expropiación. Otro ejemplo, aquellas empresas que, buscando "originalidad" plagian descaradamente diseños de ropa y estampados en tela para hacer negocio en otros lados del mundo en donde todo eso se considera exótico e imponer modas que, para los grupos plagiados son, en algunos casos, ritos e instrumentos ceremoniales que a punta de comercialización se vuelven una frivolidad más de este mundo globalizado y daña la visión cosmogónica de ese pueblo entero y, encima, no ven un quinto de todo eso.

Peeeeeeeeero...

Si queremos cumplir a pie juntillas con estas ideas tendríamos que desechar, a grandes rasgos, todo lo que somos, todo lo que son los demás y dejar un mundo de culturas aisladas dueñas de lo que, actualmente, se cree que les pertenece (de entrada, no andar festejando juegos olímpicos ya que son de origen griego, reinterpretados por un inglés y, por supuesto nada de jugar soccer que tampoco lo inventaron en Tepito).

Veamos el caso de México, cada día hay más y más memes que nos advierten de no trivializar con las tradiciones de nuestros pueblos originales, pero... ¿Qué tan originales son las tradiciones de la mayoría de nuestros pueblos? Somos producto de un mestizaje (a huevo, pero mestizaje) que no dejó tradiciones sin trastocar, la llegada del catolicismo obligó a las personas a desechar o alterar por completo el sentido de sus costumbres. Entonces, ¿qué debemos defender? Si lo que conocemos como mexicano es un híbrido forzado (como el mismo catolicismo) y reinterpretado. ¿Qué debemos hacer, eliminar toda traza de España en nuestra sociedad y dejar aparte todo lo nativo?, porque, pues no somos pocos los que nos quedaríamos en un limbo por no ser 100% de ningún lado (lo dije antes y lo repito, si tienes cabello rizado y/o vello en el pecho y/o mides más de 1.70 eres tan nativo del país como el sarcófago de Neb-jeperu-Ra-anj-Amón). ¿Quién va a decidir que tradición se puede festejar por todos y cuál por unos cuantos? ¿El Día de Muertos deberá incluir o no parafernalia religiosa o nativa (hacer la propia no se vale porque se tendrían que utilizar cosas que no son tuyas y no entiendes cabalmente su poder y significado)? ¿Debemos desmembrar a los mariachis en sus componentes originales? ¿De cuanto tiempo para atrás podemos consideras las tradiciones como algo nuestro y no "suyo"? ¿Adios a la naminá y sus regalos? ¿Sin reyes magos y rosca?

Sí, se que muchos ya deben estar crispados y alegando la defensa de los derechos y las tradiciones y lo maligno de lo blanco, patriarcal, falocéntrico, imperialista, colonizante, heteronormado, racista, origen de todo lo malo que sucede en el mundo. Vamos, griten conmigo ¡malditos blancos y blancas (políticamente correcto para agregar insulto a la injuria)! o mejor aun, ¡malditxs blancxs (para, ya de plano, caer en un paroxismo total)! Pero, por cierto, les tengo una mala noticia. Cómo les digo... Al erigirse como defensores de los oprimidos se ponen, exactamente, en el papel del típico blanco, patriarcal, falocéntrico, imperialista, colonizante, heteronormado, racista que considera tan inferiores a los demás que necesitan su blanca visión de las cosas para ser defendidos.

En México, va empezando (y desafortunadamente avanzando) el movimiento, pero en otros países ya hay grupos que quieren regular lo que se puede o no, escuchar, vestir, bailar, leer o escribir. Neta.

Hay grupos que quieren prohibir a los blancos rapear; a los grupos coreográficos ajenos a X cultura bailar sus danzas; si quieres escribir la nueva gran novela, usando un personaje ajeno a tu entorno natural, olvídalo, serás tratado como profanador de tumbas (fuera de cualquier broma, ya existen demandas contra autores por usar como protagonistas a personajes de etnias ajenas a la suya); se busca regular el uso de indumentarias, peinados, tatuajes, música... En fin, yo me pregunto si propondrán despellejar al italiano que trae tatuajes con frases en árabe o al mexicano con tatuajes celtas.

Entiendo y aplaudo la concientización de no andar usando símbolos, música ceremonial, instrumentos y ropas que pueden tener un elevado significado para ciertos grupos (que además, generalmente, son vulnerados por la rapacidad política y mercantil), defender y respetar suena padrísimo y si esos grupos hacen, venden y comparten ciertas cosas de su inspiración, no veo nada malo en consumirlas y, creo, que no haría falta necesitar un permiso especial para portarlas (Fulanito de tal tiene permiso de usar pulseras huicholes ya que las compró en buena ley a la cooperativa huichol de su comunidad y no de un chairo imitador coyoacanense, por ejemplo).

Desafortunadamente, para como van las cosas, el extender la protección a tontas y locas por cualquier cosa que se considere cultural, propia de determinadas etnias o subgrupos va a terminar causando más mal que bien. Ya veo en alguna página de ventas por internet pidiendo al comprador que demuestre que pertenece a cierto grupo étnico para venderle el disco, la taza, la playera; veo el veto a las presentaciones de grupos musicales por no pertenecer al país. Adios pizzerías, no más comida india, comida china, japonesa, griega o mexicana alrededor del mundo.

>gulp<

No más cómics extranjeros que hablan de cosas que no nos corresponde leer por vivir en países diferentes, ni libros, películas, animaciones...

¿Ven?

¿Entonces dónde queda un mundo sin fronteras, de igualdad, de fraterna convivencia? Pareciera que lo que algunas consciencias políticamente correctas buscan es generar ghettos, separar más las sociedades actuales que se mantiene unidas por pedacitos gastados de "yurex" viejo. Que bonito mundo en el que empiecen a aparecer puertas separadas para blancos, negros, amarillos, rojos, morenos, mestizos; productos específicos para raza y condición social y prohibiciones, miles de prohibiciones, para defender el derecho a ser diferentes en un mundo de tolerancia.

Como todo, puede empezar en el buen corazón de algún humano harto del abuso, pero apunta para terminar siendo un nuevo formato para una inquisición, adaptada al Siglo XXI.

Tons, yo digo, si se van a poner las cosas así de estúpidas... Mejor deberíamos morirnos todos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Puccini



La muerte de Puccini me dejó mal, alterado, extremadamente sensible y muy adolorido, aunque, extrañamente, lleno de amor. 

Dos meses han pasado y aun la cuento entre los vivos, pido comida para gato al súper, salgo con cuidado del baño para no tropezarme con ella, quito con cuidado mi silla del comedor en las mañanas, en donde despertaba a diario, para no asustarla... y, obvio, lloro, no está ahí porque parte de ella está enfrente, en una urna de cerámica con su nombre, un poco más en unas cuantas fotografías que me llenan la vista con ese rostro tan hermoso y querido para mí y otra, una parte enorme, está en mí, en mis recuerdos y en esa parte que por licencia poética llamamos corazón, porque mis muertos no van al cielo, ni al infierno, mis muertos van directo a ese lugar, siguen siendo ellos, como los recuerdo, una parcela de espacio y tiempo en la que viven, mientras yo viva. Ahí está Puccini, con Zabú, Gladys y Benjamín y se sienta a dormir a los pies de mis abuelos, reanudó su amor con mi abuela después de catorce años de no verse y con mi padre la cosa es conflictiva ya que no le gustan los gatos, pero es mí espacio y tendrá que aguantarse.

Puccini fue producto del pecado, de una acción baja de una gata de alta, de alcurnia y pedigree en una ciudad como Guadalajara en dónde hasta las mascotas pueden dar de qué hablar, sus dueños dejaron los frutos de ese devaneo ilícito en una caja de cartón en el parque frente al departamento en el que vivía mi abuela materna. La pobre abuela renegó hasta el cansancio cuando mi sobrina (su bisnieta), le insistía en llevarle un "gatito precioso", argumentó su cansancio, su edad, su cercanía a la muerte y todo se vino a bajo al ver a la bolita de pelo que, mañosamente, ya había contrabandeado la niña. A partir de ese momento la gatita llenó espacios en la vida de mi abuela y de mi madre que cuidaba de ambas, dándoles la oportunidad de vivir un presente que, hasta ese momento, había estado lleno de pasado.

La cercanía de la muerte resultó ser un argumento muy válido, mi abuela murió dos años después y la gata, ya bautizada como Puccini por otro bisnieto de mi abuela, sufrió dos pérdidas irreparables, la calidez de la anciana que la llevaba en sus piernas todas las tardes, con quien dormía por las noches y la casa en dónde creció, ese espacio familiar lleno de olores y lugares que eran muy suyos; una tarde llegó a la casa entre todos los recuerdos de la abuela, a un terreno ajeno, hostil para ella, olía a perro y cigarro. Mucho tiempo les tomó a Gladys y a Puccini compartir, casi el mismo tiempo que ella se tomó para aceptarme sin importar cuanto soborno le ofreciera. Una noche desperté y ella me miraba desde la puerta de mi recámara, parecía estudiarme, su vista pasaba de Gladys (enroscada en mi cama) a mí y de vuelta; algo debió agradarle que a la noche siguiente entró, olió y frotó todo lo que pudo. Una tarde, mientras perdía el tiempo frente a la computadora Puccini brincó sobre el escritorio, se aposentó en el teclado y en mi vida para siempre.

Dos años pasaron y llegó el momento de otra pérdida, no sólo para Puccis (apodo de Puccini) sino para todos en casa, murió Gladys, cáncer de páncreas. Puccini pasaba las tardes sentada junto a la puerta, esperando a Gladys, no eran las grandes amigas, pero jugaban, se robaban comida e intercambiaban sus platos de agua. Se cansó de esperar y comenzó a subirse a mi cama a dormir conmigo, ocupando el lugar de Gladys, llenando la casa de su esencia, adueñándose hasta del último rincón.

Puccini odiaba la idea de salir, lo descubrí la tarde que intenté sacarla a pasear y no pasamos del umbral de la casa y pasé el resto de la tarde curando mis heridas. Como buen felino amaba el sol, las zonas cálidas, las alturas, las cosas simples para jugar y todo lo que mi madre le señalara como prohibido; no soportaba los arrumacos, el baño, los veterinarios, las vacunas (me costó 10 corbatas averiguar esa) los juguetes para gato y las visitas (a quienes amaba ver partir).

Pasaron cinco años más y llegó Tammy a la casa, Puccini ya era una gata de nueve años, muy dueña de la situación y nada paciente. La llegada de una cachorrita no fue, para nada, motivo de alegría y, sin embargo, no le fue indiferente, nunca se portó mal con ella, era común ver huir a Puccini ante los loco bríos de Tammy y, muy de vez en cuando, juguetear con ella. Tammy, en cambio, vivía fascinada por ella.

Por siete años la vida en la casa fue simple y el único evento memorable fue la llegada de Pánfilo, un pecesito de mercado, rescate de mi madre de las garras desinteresadas de mi sobrino. Puccini pasaba las tardes hipnotizada por el movimiento lento y paciente del pez (las mañanas pertenecían al sol) hasta que éste creció y comenzó a ponerse nervioso frente a su admiradora, lo cual propició un cambio de lugar de residencia para el joven lejos de la felina mirada escrutadora.

Puccini esperaba mi llegada, me saludaba con un ronroneo, piruetas en el suelo, dos o tres vueltas a mis pies y se escapaba en el momento en que trataba de cargarla y besuquearla hasta el cansancio. Me quería, pero no tanto... Je, je, je, je. Su lugar favorito para dormir era mi silla del comedor, cada mañana, entre mis prisas y el olvido, jalaba la silla para sentarme y Puccini salía huyendo para regresar a curiosear qué desayunaba, si el menú le era grato, se quedaba a mi lado comiendo, siempre de forma frugal y prudente, nunca un trozo de más.

Desde enero de este año, comenzó a pasar más tiempo en mi recámara, durmiendo entre mi ropa, mis juguetes, mis libros; se sentaba a mi lado mientras veía televisión; me veía prepararme para salir a trabajar; me miraba dormir desde mi restirador, cada vez era más frecuente despertar con ella a los pies de mi cama y, poco a poco, se volvió común que me pidiera que la cargara.

Una mañana me despertaron una serie de estornudos y toses que no eran comunes en ella.

Una semana después sus patas traseras se paralizaron y el veterinario fue muy honesto conmigo y le pregunté si me consideraría cruel si no la "dormía" (odio ese eufemismo) y su respuesta fue no. Puccini llenó mi vida catorce años, me hizo reír, rabiar, llorar, querer sin esperar. En ningún momento pasó por mi mente el disponer de su vida como algo que ya no sirve. Traté, lo mejor que pude, de pagarle esos catorce años con mucho amor y cuidados y desvelos y paciencia y caricias y arrumacos y besos que cada vez rechazaba menos.

El final llegó un viernes, lo supe apenas la vi. Sus ojazos azules eran un viejo recuerdo hundido en su cara. Al entrar a mi recámara, ella hizo un gran esfuerzo por voltear a verme desde mi cama, me senté a acariciarla y vi como su respiración comenzaba a ser cada vez más difícil. La envolví en su cobijita, la pasee por la casa, la acerqué a que oliera los muebles, las macetas, los espacios en donde pasaba largos ratos, a cada cuarto, a despedirse de mi madre y volvimos a mi cama, me recosté con ella en mis brazos, Tammy, que nos había seguido todo el trayecto, se subió con nosotros y la olió por largo rato como lo había estado haciendo en las últimas semanas. Poco a poco los tres nos quedamos dormidos.

Sólo Tammy y yo despertamos.

Sé por su actitud hacía otros gatos, que Tammy aun no olvida a Puccini, por la forma en que les pide jugar, por el tiempo que dedica a oler los espacios en el que pasan sus días en los jardines y por la forma en que huele y lame las marañas de pelo que, cada vez menos, aparecen después de mover objetos y muebles. Por mi cuenta este año habrá una lata de atún en la ofrenda y un vestidito de bruja vacío por primera vez; temo el momento en el que lo encuentre, porque como ahora, se me va a desbordar el cariño por los ojos.

Puccini, aunque te llevo en el corazón, no dejo de extrañarte.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -lo natural-

estupidez
De estúpido y -ez.
1. f. Torpeza notable en comprender las cosas.
2. f. Dicho o hecho propio de un estúpido.

La marcha del animal humano a través de su largo camino evolutivo no ha sido cosa fácil. Imaginar a los frágiles homínidos que nos dieron origen cada vez menos en sintonía con el entorno, menos preparados para enfrentar la vida al natural, me hace pensar en un divorcio en el que el menos capacitado fue el que decidió levantar la voz y exigir con qué quedarse. ¿Qué sería de la especie humana si aun conserváramos el olfato, la agilidad, la fortaleza, la velocidad, la dureza de garras y dientes de algunos primos actuales?

-pausa para que algunos geeks nos imaginemos el maravilloso mundo de superseres humanos que seríamos-

Claro, nos quedamos con el mejor cerebro, cosa que nos ufana y ensoberbece al grado de insistir que somos cosa aparte de los animales (lo cual me hace dudar si, en verdad, nos quedamos con el mejor cerebro) La evolución de nuestro cerebro nos llevó a fortalecer partes del cuerpo y a crear (de la nada y con materiales ajenos a nuestros cuerpos) soluciones a los problemas que enfrentamos al carecer de lo que a la mayoría de animales les sobra (instintos, agudeza visual, olfato, menor tiempo de desarrollo de las crías, armas especializadas según la especie -garras colmillos, picos, hocicos, colas, flexibilidad esquelética, alas, piel más resistente, etc.-); así que, a diferencia de muchos animales que evolucionaron a la par que nosotros, decidimos no seguir en el menú de otros y se empezó la carrera armamentista con el afán de vencer al(los) enemigo(s) naturales y con el paso del tiempo a nosotros mismos y se volvió natural enfrentarnos cada vez que no nos parecía lo que los otros, los diferentes, los ajenos a nuestro grupo familiar podían pensar, desear, querer o, simplemente, expresar.

-pausa para que algunos fascistas se imaginen el paraíso en el que pudieron haber vivido soltando garrotazos a diestra y siniestra ante la menor diferencia-

Harto cansado debió ser el nomadismo que el cerebro se apretó el cincho y poco a poco se fue ideando como quedarse en un sólo lugar, domesticar a los animales aptos (onda tipo bullying para convencer a pollos, patos, gatos perros, bovinos, porcinos, ovinos que eran inferiores y que un mandato divino nos daba poder sobre sus vidas, muy diferente a los grandes depredadores naturales que no se andan con pendejadas y se tragan al que se les antoja, sin anteponer dioses, leyes y mamadas muy humanas, usando sólo sus habilidades naturales), ayudando a las plantas favoritas a desarrollarse por encima de las demás, causando extinciones, éxodos y transformando el entorno, siempre pensando en el bienestar de su propia comunidad y olvidando el natural.

-pausa para guardar un minuto de silencio por los que ya no están-

Pirámides, túmulos, arcos triunfales, acueductos, chinampas, termas, caminos aun en uso, barcos, carruajes, catapultas, observatorios, castillos, fortalezas, matemáticas, química, filosofía, arte, en fin, una lista de logros y oficios interminable que conforman la idea de las culturas humanas (incluidos sus odios y creencias); algunas, dadoras de grandes regalos en legislación, derecho, medicina y otras, (a veces también las mismas) destructoras, genocidas, invasoras de lo humano y lo natural. Cómo pudo ser que unos changuitos indefensos ante un mundo hostil lograran tanto, bueno, obvio por el cerebro y la habilidad manual y el lenguaje y algo básico, un núcleo... La familia natural.

-pausa para que los extremistas crean que les estoy dando la razón-

Debemos entender que la familia natural no fue aquella formada por una madre, un padre e hijitos (con un dios entrelazándolos), si eso fuera, la humanidad no hubiera pasado de unas cuantas generaciones antes de que las taras fueran evidentes y se hubiera acabado la humanidad por incesto. La familia natural fue un grupo, un ente diverso, un conjunto de seres humanos, no necesariamente consanguíneos, que vivieron y trabajaron por un bien común y que dejó de existir desde que el hombre se civilizó; desde que lo social, lo económico, legal y religioso le dieron relevancia al matrimonio de ser, prácticamente, una cesión de derechos (o unión legal reconocida para fines de sucesión, posesión y reconocimiento de progenie).

-pausa para que algunos grupos se encanijen y pidan se hable de lo sagrado que representa la familia-

Entonces pensemos un momento, familias hay muchas y muy variadas; desde la, muy en voga, familia de papá, mamá e hijitos, pasando por las grandes que incluyen varias generaciones, hasta las muy pequeñas, esas de dos personas que se apoyan en todo. Las hay sin padres, sin madres, sin hijos, de puros hombres, de puras mujeres, de tíos, primos, amigos, amantes, de trabajadores, etc. Pero matrimonio sólo hay uno, y legalmente es el que cuenta, el autorizado por el Estado, el civil y que es la unión de dos personas en plena consciencia, sin importar si son blancos, negros, rojos, amarillos, altos, gordos, chaparros, hombres o mujeres. Existen ceremonias religiosas sin efecto legal que pueden adornar la unión civil y apaciguar las ansiedades histéricas u obsesivas de los participantes, pero no dejan de ser meras ceremonias.

-pausa para recordar los sufrimientos de los preparativos de esas ceremonias que terminan por no agradarle a todos, en parientes vomitados y profundas enemistades-

Es increíble pensar en el largo y sinuoso camino recorrido desde que formábamos parte de lo natural al 100%, desde que nos erguimos y empezamos a andar, a crecer, destruir, crear y hasta salir del planeta; es fabuloso detenerse a pensar que una masa gelatinosa nos permite estar aquí, ahora, gozando de una vida más simple que la de nuestros antepasados; es extraordinario poder ver que poco a poco los atavismos van desapareciendo, lentamente, pero van desapareciendo. Cada vez más voces, respaldadas por esa materia gris, se levantan para luchar por una humanidad mejor... y claro, no pueden faltar voces disonantes, cuyo respaldo es papel amarillento, que se detienen a decir que lo natural es una tuerca y un tornillo... Tan comunes en los bosques de este mundo.

jueves, 8 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -defensores de la familia II-

De acuerdo al Departamento de Justicia de los Estados Unidos:

Perpetradores de abuso sexual

• Se estima que un 60% de los perpetradores de abuso sexual son personas conocidas de los niños, pero no son familiares, p. ej., amigos de la familia, niñeras, proveedores de cuidado de niños, vecinos.
• Aproximadamente, el 30% de los perpetradores de abuso sexual son miembros de la familia.
• Solo aproximadamente, el 10% de los perpetradores de abuso sexual son personas extrañas para el niño.
• No todos los autores de delitos sexuales son adultos. Se estima que el 23% de los casos denunciados de abuso sexual de menores son perpetrados por personas que tienen menos de 18 años de edad.


Es muy común -y con las situaciones actuales, cada vez más- pedir ayuda entre los miembros de las familias, ora para cuidar a los niños, ora para apoyar a los abuelos; a veces para ver por la tía solitaria, en los cambios de casa, para organizar fiestas sorpresa; hacerse cargo de las mascotas en vacaciones y regar las plantas. Los tíos, los hermanos, los cuñados, los abuelos, los primos mayores, suegros (no importa si son hombres o mujeres)... en fin, la familia nuclear parece ser el epítome de la gloria en la tierra. En muchos casos, no dudo que lo sea, aunque en otros la situación es más oscura y retorcida que estacionamiento subterráneo.

Nunca falta el negrito en el arroz (dicho esto sin afán de ofender el origen étnico de nadie) o la oveja neg... descarriada. Entonces podemos encontrar al tío borracho que hace el numerito de la fiestecita en todos lados; a la prima ligera que ya nadie, que quiera mantener sus relaciones sentimentales estables, invita ni a los velorios; al sobrino adicto que ya vendió hasta la puerta de su casa para conseguir un poco de algo; la abuela clasista/racista que cree que Don Porfirio aun maneja el país y a todos trata de pelados y corrientes, todos impresentables pero que no llegan ni a los talones de los otros, los que en el fondo son capaces de hacer lo indecible. Ahí, escondidos en el núcleo de la familia, reptan despacio, husmeando en los recovecos, oliendo miedos y detectando debilidades.

Pueden ser los seres mas encantadores o los más desagradables, depende de la cara con la que llegues a conocerlos. No es fácil reconocerlos, atacan lento, despacio; algunos atraen con juguetes, regalos, dinero, muestras de cariño y comprensión que nadie más ofrece, que logra que la víctima vaya gustosa al matadero; otros someten con una sutil violencia cotidiana que va dejando claro quien es el amo, accidentes que no lo son, errores que dañan la sensibilidad, palabras fuertes que nadie más escucha fracturando la credibilidad de la víctima con el resto de la familia, "Ay, cómo que no quieres ir con tu (tía, abuelo, primo, cuñada, sobrino) a su casa, ya deja de inventarle cosas, nadie te cree". Muchas veces los padres son los que, sin saberlo, ofrecen a sus hijos en sacrificio.

Fue un domingo, vivíamos en casa de mis abuelos maternos porque mis padres se habían dado un tiempo, una de las condiciones era que los chicos no se llevaran la tele porque no los querían todo el día pegados al aparato, lo que alentó la vagancia en uno y la introspección en el otro. Ese domingo en particular era especial, pasaban la estúpida película de Batman de Adam West que nunca había visto y, obvio, el único animal de la creación al que le interesaba ver esa peli era yo. Por lo que tuve que recurrir a X para que me diera chance de ir a su casa a verla, total, bastantes jaladas y malas ondas le aguantaba entre semana como para que se negara a un micro favor como ese, total, él y su esposa pasarían toda la tarde en casa de mis abuelos.

No habían pasado ni quince minutos de iniciada la película cuando él llegó a su casa, entró alegando un fuerte dolor de cabeza y sin preámbulo alguno se desnudó frente a mí dejándose en el cuello la cruz de sus creencias y dijo que se dormiría, creí entender el mensaje y me apresuré a apagar la tv para irme pero ya no me dejó. Les diré que, como un plus muy sádico, dejó la tv encendida, durante la maldita eternidad que duró el abuso, yo estaba viendo a Batman, uno de mis héroes que jamás me defendería mientras un Joker real me atacaba. Satisfecho me mandó a casa, después de tundirme y amenazarme, debía recordar que nadie me creería, que nadie confiaba en mí y que de abrir el hocico su palabra tendría más peso que la mía. Esa noche tembló en la Ciudad de México y yo, entonces creyente aun, sabía que dios me había abandonado, el sismo confirmó lo que supe desde el momento en que su pinche cruz había bailado en mi piel sin que la tierra se tragara al hijo de puta.

Pasaron dos décadas (y un psicoanálisis trunco) antes de que pudiera hablar con mi familia al respecto, fue más fácil el asumirme como gay que como sobreviviente de abuso frente a ellos, no fue fácil denunciarlo, vivir las repercuciones. No fue fácil verlo frente a frente, junto a mi padre y ver el cinismo con el que me dijo "creí que entendías que eso era un secreto y que no debías hablar de ello" para después salir corriendo de la casa considerándose ofendido.

A claras vistas es un hombre de bien, preocupado por su familia, católico, vive de rodillas frente a los altares, reza a diario, todo lo encomienda a dios, según el me ha perdonado por lo que le hice siendo yo un menor y él un adulto. Su matrimonio se salvó porque un sacerdote lo absolvió frente a su esposa de toda culpa, le dijo que el poder de la confesión era redentor (y entonces yo era una especie de demonio que había atentado contra la familia).

No es de extrañar a nadie que él esté a favor de la marcha por la familia, de que se respeten los valores católicos por encima de los civiles y las leyes. No, no es de extrañar que un hombre así y miles más, como él, estén dispuestos a llevar sus pecadillos frente a los cómplices que saben perfectamente lo que es tener niños para meterse con ellos.

lunes, 5 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -defensores de la familia I-

pederastia
Del gr. παιδεραστία paiderastía.
1. f. Inclinación erótica hacia los niños.
2. f. Abuso sexual cometido con niños.


Nada mas faltaba un trámite, la primera confesión, a pesar de haber recibido el catecismo con un grupo de piadosas monjitas que me llenaban de una ternura dolorosa, no había entendido nada, mucho blah blah, muchas historias bíblicas, mucho dios esto, dios aquello... y yo seguía sin entender de que iban los famosos sacramentos o por qué demonios eran tan importantes. En fin, después de mucho esperar llegó el famoso padrecito que nos iba a dar el cuerpo y sangre de cristo para tranquilidad religiosa de mi padre (ni mi mamá ni mi hermano ni yo estábamos brincando de contento). El padre que llegó era un treintón de barba, con actitud suave y de carácter dicharachero, las monjas se le arremolinaban y nos señalaban, también le mencionaban el tiempo y la premura, mucho qué hacer todo el día. Si de por sí no me sentía cómodo, saber que estábamos interfiriendo con la vida del convento me hizo sentir mal.

Finalmente abrieron la oficina en la que el sacerdote, al que todo mundo rendía pleitesía, finalmente aplicaría la confesión antes de entrar de lleno al evento magno, evidentemente, tratándose de confesión pues no podía pasar nadie más que uno y su costal de pecados (lo que puede llegar a considerarse pecado gracias a todo el cochambre social que le imponen a uno); desde el principio me sentí extraño, nunca había estado a solas con un adulto en ningún lado, siempre en público (como cuando vas a la tiendita) o con mi mamá o papá (como cuando vas al doctor) y ahí estaba el padrecito, sentado con sus ropas con blanco, verde y dorado, muy enseñoreado del lugar y me extendió la mano y me pidió que me sentara junto a él. Sin soltar mi mano me acarició el rostro con su mano libre y me dijo que era muy lindo, que tenía la cara de inocente. Empezó con sus rollos de lo importante que era acercarse a dios mientras metía su dedo entre mi cuello y la camisa y me preguntó que si no estaba muy ajustada la corbata; salió conque que el vino esto y el pan aquello entretanto unía mis manos en posición de oración y las cubría con las suyas; finalmente comenzó a preguntar qué entendía yo por las mortificaciones del cuerpo (yo seguía esperando el famoso "Ave María Purísima" para responder el "sin pecado concebida" que me había costado un huevo aprenderme), no recuerdo que respondí, si algo relacionado al dolor o a las torturas de la inquisición, ya no me gustaba estar ahí; la cara del sacerdote estaba cambiando, estaba rojo, su respiración era muy agitada y sus manos estaban en mis muslos y su voz me acosaba, "¿Te has masturbado?", "Dime la verdad, ¿ya te masturbas?", "Tienes que decírmelo, yo te puedo ayudar para que dios no te castigue", "Dime como lo haces..."; sus manos estaban en mis ingles y me estaba enterrando los dedos pulgares. Moría de miedo, quería gritar, no pude... se acercó mucho; su cabeza estaba sobre mi pecho cuando alguien tocó a la puerta. Era una de las monjitas del catecismo, la más viejita, alegando que no tenían todo el día y que cuántos pecados podía tener alguien como yo. Sin confesarme salí a recibir la eucaristía seguro de que el fin del mundo estaba por empezar.

La ceremonia se llevó acabo con todos sus elementos litúrgicos, supongo que tener un sacerdote con esas conductas permite a dios omitir sus errores y afrentas, total, son su propia gente y si no los fulmina con rayos en ese momento es que tienen su permiso ¿no? Frente a mí estaba el tipo de sacerdote de los que, años antes, había escuchado a mi abuela contar la historia, de esos que le hacía "cosas" a los niños y niñas de Guasave allá por 1912, de como fue medio matado a golpes por los papás de los pequeños y de como jamás mi bisabuela la dejó encargada con monjetas ni padretes (mi abuela no podía pasar un minuto en su cercanía), típico que al preguntar por qué, me dijeron que no estaba en edad de entender. El fulano habló de la inocencia de los niños, de la importancia de acercarlos a dios, de protegerlos del mal, de permitirles pasar mayor tiempo en actividades de la iglesia; ese güey que me había clavado los dedos en las ingles minutos antes, pidiendo que le llevaran más niños. El típico representante de dios en la tierra. Un pederasta en el paraíso, en un lugar en dónde sus propias autoridades lo defienden y seguramente, después de que algún niño con más huevos que yo, se atrevió a decirle a sus padres, fue enviado a otra zona en donde poder seguir buscando la inocencia y seguramente ahora saldrá a marchar, junto con todos los defensores de la familia, tomando a los hijos de alguien de la mano, exigiendo respeto para la familia, que no se metan con los niños (si no son sacerdotes).

viernes, 2 de septiembre de 2016

La Vida Moderna -Ser o no ser... naco, clasista o intelectual-

clasismo
1. m. Actitud o tendencia de quien defiende las diferencias de clase y la discriminación por ese motivo.

intelectual
Del lat. intellectuālis.
1. adj. Perteneciente o relativo al entendimiento.
2. adj. Espiritual, incorporal.
3. adj. Dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras. Político intelectual. Apl. a pers., u. m. c. s.

No me queda claro que es peor, si ser naco o ser clasista o >gulp< ser intelectual... ¡O las tres! Lo sucedido estos últimos días en el país me ha dejado pensando y lo peor es que, pues, me cuesta un huevo quedarme los piensos y termino guacareándolos aquí.

A lo naco ya le dediqué una entrada entera y espero les haya quedado claro que, para mí, lo naco no es definido por la etnia, el poder adquisitivo o el nivel de educación. O sea, hay nacos en TODOS LOS ESTRATOS y de TODOS LOS COLORES. El problema es que algunos nacos no saben que lo son y otros se ufanan de serlo; los primeros siempre tienden a juzgan a los segundos y estos a defenderse buscando formas muy creativas de ofender el supuesto "buen gusto" de aquellos, haciendo un círculo vicioso que no terminará nunca ya que todos llevamos un naco dentro.

Algunos creen que la clase es algo con lo que se nace (estúpido concepto demodé), otros que es algo que se mama (¿de ahí será que algunos creen que ser mamón es tan chic?), aquellos que la clase la da el dinero (a últimas fechas, nos queda claro que el dinero sólo da prepotencia como lo demuestran, fehacientemente, los lores y las ladys que abundan en el país); ¡bueh! Resulta que hay dos clases de clase, la famosa clase que se refiere a la distinción o categoría y la clase que es un conjunto de personas con elementos comunes. La verdad es que, viendo como van las cosas, la primera clase de clase en México no aplica, no en el concepto que tienen algunos de sí mismos, de creerse distintos por tener más categoría que los demás (por ser descendientes directos de los primeros europeos en el país, por ser más pálidos, por tener mas dinero, por saber usar los cubiertos, por tener apellidos impronunciables, por hablar x cantidad de idiomas, por saber resolver raíces cuadradas, etc.). En realidad y así, en someras primeras vistas, sólo existe la segunda clase de clase, reverberación de un pasado prerrevolucionario y que gracias al partido de la revolución se está terminando (sólo van a quedar las clases jodida, jodida plus y jodida gold). Presumir de clase, actualmente, es como presumir las verrugas, la hemofilia o la diabetes:
"Ya se me desarrolló la diabetis, voy a morir igual que todos mis antepasados".
"¡Híjoles! Cuánta alcurnia...".

Hubo un tiempo en el que, efectivamente, la clase servía para algo muy importante, la posibilidad de poner a trabajar el seso en aulas universitarias, en esas lejanas épocas, llegar a estudiar requería mucho esfuerzo, mucha pasión y, sobre todo, mucho dinero. Evidentemente el semillero de genios parecía estar condicionado a la cuna (aumentándole clase a los de esa clase) y que el vulgo estaba condenado a ser pobre por falta de inteligencia (y de clase). Afortunadamente sabemos que la etnia no limita el saber, desafortunadamente la pobreza sí, ya que la mala alimentación (primero de los padres y luego de los niños) sí afecta el neurodesarrollo y también las pocas oportunidades de terminar una vida de estudio por falta de dinero, por falta de escuelas, por excesos del SNTE y de la CNTE y falta de huevos, no en la canasta básica, sino en las autoridades.

Ser un intelectual presume una vida de esfuerzo y dedicación al estudio y a la especialización de temas favoritos y apasionantes, intelectuales son los artistas, los científicos, los filósofos, los chefs, las costureras, los ingenieros, todos aquellos que resuelven el día a día con el uso de la mejor de las armas que tenemos los seres humanos, el intelecto; pero claro que no es tan simple, los intelectuales prefieren tener clase, una categoría aparte y entonces, los médicos les ladran a los artistas, los ingenieros a los filósofos y estos desdeñan a aquellos y aquellos a los otros porque, finalmente su área de expertise es la más importante de todas y sus opiniones, al respecto de todas las demás, las únicas que cuentan.

El naco se expresa y, para el clasista y el intelectual, lo hace a lo pendejo.
El clasista se expresa y, para los otros dos, lo hace a lo pendejo.
El intelectual se expresa y... sí, también a lo pendejo.

Y no es porque en realidad sean o no pendejos (que siempre hay un componente que nos hace dudar), sino que la postura a defender no permite la aceptación del discurso del otro, porque mina la categoría de los propios y si algo no se pueden permitir es ser menos que los demás. Enarbolamos la bandera de la libertad de expresión y nos sentimos obligados a exponer, sin tapujos lo que pensamos sin que nuestra opinión haya sido requerida por lo cual a veces resulta, un tanto cuanto, desagradable o fuera de lugar y cuando somos enfrentados a la opinión ajena lo menos que hacemos es ofendernos o iniciar una guerra. Lo cual puede llegar a poner en entredicho la supuesta intelectualidad de cada uno (y lo poco que podemos resistir los embates de la crítica). Las abuelas (en mi caso) o las bisabuelas (en el caso de muchos de ustedes), tenían una frase muy adecuada "que en alguien quepa la prudencia...", generalmente las santas mujeres la soltaban exaltadas frente a alguna álgida discusión familiar que amenazaba con terminar en golpes y que, generalmente no servía de nada, porque a las angustiadas mujeres, en medio de la exacerbación de los humores, no había quien las escuchara, las pobres tan parecidas a la voz de la consciencia.

Ser naco y/o clasista e/o intelectual no debería suponer mucho problema, porque el infierno es personal o por lo menos así nos gusta creer, tuvo que llegar Sartre a decirnos que, de muchas formas, el infierno son los otros, los que nos rodean y nos juzgan, mismos que se ven reflejados en nosotros que los juzgamos hasta el infinito y más allá.

Creo que empiezo a disfrutar el mundo como es, lleno de gente variopinta que lo mismo se indigna ante los comentarios de cualquiera, que se derrite frente a la imagen de un gatito, que comparte decretos universales, que no se libera de sus atavismos, que odia al presidente, que le sobra esperanza, que no soporta que nadie exprese nada, que no puede evitar odiar algo que no ha visto o leído, que se ha liberado de toda cadena y que se expresa sin filtros... En fin, toda esa bola de nacos, de clasistas engreídos o aquellos que se coronan de soberbia en su supuesta intelectualidad y los hace una deliciosa y abominable clase aparte, pero tan arraigada a lo común que no dejan de ser simples mortales.

martes, 23 de agosto de 2016

La Vida (no tan) Moderna -¿Qué quiere la iglesia?-

iglesia
Del lat. tardío ecclesĭa, y este del gr. ἐκκλησία ekklēsía; propiamente 'asamblea'.

Desde sus primeras horas, el séntido y doloroso periplo que llevó al alumbramiento de la iglesia cristiana es de todos conocido, en miles de lecturas, películas y teleseries hemos visto las dificultades que enfrentaban los primeros cristianos en un mundo en el que gobernaba la maldad de los romanos con sus falsos dioses y emperadores degenerados. Nos hemos acostumbrado a ver al Imperio como una sociedad disoluta hasta la saciedad pero enclavada en la absoluta insatisfacción; misma que les llevó a probar todo tipo de placeres, entre ellos disfrutar hasta el cansancio el sano deporte de matar cristianitos en las formas más crueles imaginables, desde a pura cachetada limpia hasta elaboradas coreografías que incluían animales salvajes, desmembramientos, crucifixiones y servir de alumbramiento público. Pero, vamos, seamos honestos, eso no era un honor exclusivo de los cristianos, los romanos disfrutaban la muerte de los otros sin importar filiaciones teológicas, lo mismo ardía un galo, que un picto, que un germano. Efectivamente hubo emperadores que tuvieron una cierta predilección por los cristianos por ser víctimas pasivas frente a la tortura a diferencia de los otros que tendían a ser un tanto rejegos y dignos.

Nuevos descubrimientos han demostrado que los cristianos romanos vivían un tanto cuanto en santa pax romana la mayor parte del tiempo. Las ruinas de Pompeya y Herculano han dado cuenta que para el el 24 de agosto del año 79, había una saludable porción de cristianos en ambas ciudades (y no nada más esclavos y pobres como siempre "nos lo vienen manejando"). 

Por unos cuatrocientos años, los cristianos convivieron con toda clase de dioses y se cree que algunos de ellos no dejaban de ser devotos de otras deidades (entre las que estaban dioses y diosas que después serían degradados a santos y vírgenes gracias a la popularidad y afecto que el pueblo les tenían -y en una de esas, hasta por un "notentumasnovayasiendo"-).Al parecer, tanta oferta de panteones, termino por generar una sociedad dividida por facciones teológicas que, desde sus respectivas asambleas, terminaron por ser fuerzas políticas que desembocaron en una ingobernabilidad de proporciones... er... bíblicas.

Me encanta imaginar la idas y venidas que tuvieron que dar los arquitectos del cristianismo oficial en una lluvia de ideas frente al emperador Constantino que buscaba unir a toda la sociedad romana bajo un sólo estandarte, es evidente por qué eligieron el cristianismo a las otras opciones; los cristianos eran una gran mayoría porque, efectivamente, era la religión de los esclavos y pobres (aunque, no sólo de ellos), eran más ignorantes, supersticiosos, menos cínicos, muy proclives a creer cualquier cosa y, sobre todo, obedientes. Bajo esa premisa, los constructores de la nueva religión oficializada -aun no la única- comenzaron a practicar el muy actual deporte de favorecer a los pobres (sólo porque eran mayoría, no porque les interesaran, igualito que ahora), de esa forma podían evitar que estos se aliaran con invasores (cosa muy común por esas fechas) y manipularlos desde sus dogmas de "buenitud y entregamiento".

Digamos que la iglesia romana nació corrupta, ávida de control y poder, por muchos siglos logró cumplir con ambas metas al hacer de Europa y el resto del mundo conocido (y conquistado) un lugar teocrático a pesar de, aparentemente, estar gobernado por reyes, por eso en su soberbia le dio por utilizar la palabra "católica" entre sus títulos, presumiendo el triunfo de ese dogma sobre todas las naciones del planeta. No conformes con gobernar sobre los reyes, la iglesia siempre estaba pendiente de tres cosas: que no se dudara de la existencia de dios, que no se vieran afectados los intereses y posesiones de la iglesia y, finalmente, que la ignorancia y la sabiduría estuvieran repartidas de forma desigual para mantener el poder en una especie de equilibrio desbalanceado (a mayor cantidad de ignorantes, menor cantidad de gente con conocimientos, mismos que sólo podían ser adquiridos en lugares sancionados por la propia iglesia). Una vez que se logró mantener la hegemonía, la iglesia se volcó sobre lo único que parecía ingobernable, la intimidad. Era sabido por todos que los antiguos dioses celebraban el gozo y la fertilidad, divinas acciones que afortunadamente suelen ir de la mano. Entre vino, comida y festejos, la sexualidad se manifestaba abiertamente (decía Michel Foucault "los cuerpos se pavoneaban" en su Historia de la sexualidad) y eran pocos los límites para el placer. Y ahí, en ese placer, fue en donde la iglesia aposento sus reales. El último y verdadero triunfo de la casa del dogma fue entrar, no sólo en las habitaciones, sino en las mentes y los cuerpos de su feligresía, imponiendo leyes para ir a la cama, leyes para detener el cuerpo, para hacer del gozo un sufrimiento y de la sexualidad un demonio. Dios no quiere placer, dios no quiere gozo, dios quiere mortificación y sufrimiento, ahí entra la imagen del cristo crucificado que debe estar presente en todo templo, agonizante, sangrando, lacerado y fracturado; ese hombre-dios que fue martirizado por los pecados de todos; perversa imagen sensualmente dolorosa que sustituye al cristo triunfante en los cielos, rodeado de ángeles y mártires gozosos de antaño. Se impone también la imagen de la llorosa madre, muerta de angustia, cubierta de velos de pies a cabeza, opacando la desnudez de su hijo. ¿Cómo pensar en el placer frente a tanto dolor? Cómo coger a gusto viendo llagas y lágrimas, sangre y manos implorantes (obvio si hay forma pero es una de las catalogadas como perversiones -que no es malo ser perverso, eh? Nomás que haya consenso-), entonces hay que penetrar, salir y rezar por fecundar. Para que haya hijos suficientes para llenar los cielos de cristianos que canten alabanzas y no duden de la presencia de dios en sus vidas.

Quien tapa los ojos, tarde o temprano, se cansa y baja las manos, tampoco puede evitar que sucedan cosas a su alrededor y a la iglesia le ha ido pasando exactamente lo mismo, después de casi mil años de dominio, la humanidad avanzó, con o sin su permiso. El Renacimiento trajo nuevas ideas, descubrimientos que atentaron contra la infalibilidad de dios y sus representantes; la ciencia empujó y salió avante a pesar de las protestas, encarcelamientos y asesinatos de los librepensadores por parte de los piadosos hombres de fe. Conforme el mundo se ha ido reduciendo en misterios, la ciencia le ha comido el terreno al dogma, a la superstición, la iglesia no ha tenido opción que doblar las manos frente a las evidencias acostumbrándose a la continua genuflexión frente a los resultados cada vez más sorprendentes de la inteligencia de los seres humanos sin intervención del famoso dios que, supuestamente los guía. Por supuesto no pierde momento para decir que todo es obra de dios y no deja de tener poder sobre las mentes débiles, aun acude a la culpa para controlar a los que aun esperan ver a cristo bajar del cielo.

Cristo y su madre dolorosa cada vez están más lejos de los lechos ardientes de los hombres y mujeres que se entregan al gozo, al placer de no tener que procrear para coger con ganas. Esa expulsión anuncia un, no muy lejano, día en que ambos quedarán fuera de los hogares, limitados a los templos de adoración de los que aun se sientan compelidos a pensar que hay seres superiores. La iglesia está adolorida, herida, aunque no de muerte; la iglesia quiere volver; quiere, igual que televisa y tvazteca, resurgir sin cambiar, quieren el placer de sentir la adoración, el servicio del culto, que en los últimos cien años se ha visto tan disminuido en casi todo el mundo. Por eso la iglesia romana cuenta con las iglesias latinoamericanas, la ignorancia y superstición de los pueblos para hacer un último intento por salvar a su dios de las garras de la modernidad que lo corroe. 

La iglesia quiere volver a controlar, a mandar, la iglesia se hace la mustia con sus peroratas de salvar almas cuando lo que desea más que nunca es poder, el poder que les daba ese dios que les ha fallado desde hace más de quinientos años. Quiere volver a estar dentro de las camas de los gozosos, quiere detener el avance del placer, quiere ver al mundo de hinojos, sufriendo, aterido ante la realidad y suplicando por la vida del mundo futuro. Quiere evitar, a toda costa, que el placer homosexual se legalice más allá del permiso a coger sin ser juzgados, quiere evitar por todos los medios que el matrimonio entre iguales se vuelva cotidiano, no quiere ver mujeres gozando juntas, ni hombres tomados de la mano, mucho menos quiere que esas parejas puedan, si quieren, sacar a los niños del dolor de la soledad. No quieren que el mundo se vuelva un lugar de placer, no quieren perder la oportunidad de torturar a las almas en vida con la posibilidad de un infierno tras la muerte, no quieren dejar al mundo sin el dolor que, según ellos, es el camino a dios y su reino entre las nubes.

La verdad es que las autoridades eclesiásticas no quieren que exista el gozo, la alegría y la sabiduría, no para todos, porque esos son los clavos que su dios más teme, ya que entre mayor es la libertad y el conocimiento de los humanos, más cerca está la última hora de dios y de su iglesia.