La increíble y triste historia del cándido Capitán Frío y los extorsionadores desalmados...

Hoy 14 de agosto de 2014 hago constar que alrededor de medio día, después de pasar una mañana poca madre en la ceremonia de premiación de un concurso de pintura -del cual fui juez-, al dirigirme a mi oficina en las instalaciones de Metro Balderas, dirección C.U., dos fulanos se me acercaron y a gritos me pidieron que regresara lo que le había robado al más viejo (un anciano con cara dulzona, bigote canoso, cachucha y ojos claros) o me iba a llevar la chingada; esta amable petición era hecha por una especie de troll prófugo de la película del Hobbit pero en feo.

El tren iba entrando a la estación, yo traía los audífonos puestos, la gente se acercaba a la orilla del andén para entrar a los vagones y este par de angelitos aprovecharon el momento pensando que tenían en mí a la víctima ideal -o sea, mi carita de pendejo no me ayuda me cae- en el momento perfecto.

CORTE

Ayer, precisamente, hablábamos de cómo sería nuestra reacción ante bromas tipo onda cámara escondida o entrevistas callejeras, ya saben, recordamos aquella broma del elevador en el que, después de un apagón, aparecía una niña. Todos estuvieron de acuerdo en que gritarían como locos menos yo, yo les dije que no tendría tiempo de gritar porque estaría muy ocupado cagando. Así de simple. Respecto a las entrevistas callejeras estuvimos de acuerdo en que la presencia de la cámara puede provocar que no se ponga la atención debida ante la súbita intromisión y uno termine discutiendo la importancia de defender los derechos de los ángulos rectos a ser verticoides acelerantes sin que se les imponga multa.

RETORNO

Me quité los audífonos y los mire de frente y les pregunté qué era lo que querían y repitieron la solicitud de que le fuera devuelto lo robado o me iba a llevar la chingada (que si no me ha llevado aun no es por falta de esfuerzo, a neceado mucho este año por llevarme), mi respuesta fue un simple "no sé de qué me están hablando y creo que me están confundiendo", acto seguido abordé el tren y ellos subieron detrás de mí.

Dentro el númerito no se calmó, a gritos empezaron a exigir que aceptara que yo le había ofrecido trabajo al viejillo para luego robarlo, mi cara de perplejidad debe haber sido bastante sólida que el troll volvió a gritar que yo era un abusivo por robar a un anciano... En ese momento comprendí la táctica. Me erguí lo más que pude (obvio no pasé de mis 1.73, pero uno hace lo posible por inflarse como sapo para no verse tan chaparro) y de nuevo les respondí que me estaban confundiendo y que no tenía nada que ver con ellos.

Entre los pasajeros un chavo se acerco y en voz alta me dijo que no hiciera caso, que estaban tratando de extorsionarme, ante esta acusación el viejito grito que yo lo había drogado y no pude aguantarme la risa (por un momento pensé que me acusaria de abuso sexual), muy molesto me jaloneó la gabardina y dijo que ese día (nunca aclaró cuál) yo traía la gabardina forrada de billetes y que nunca olvidaba un rostro y que recordaba mi barba y mi bigote, cosa que provocó que me riera de nuevo (de nuevo temí que el viejito gritara que le había robado su inocencia). Los miré y les dije que fuéramos con la policia, que aclararíamos esa situación de inmediato y el chico que me dijo que me acompañaría como testigo a lo que se sumaron dos chavos más y una señora.

Al parecer el hecho ya no les gusto a mis "víctimas" y empezaron a decir que pagaría caro, que me refundirían en la carcel, desafortunadamente habíamos llegado a Hospital General, la estación en la que tenía que descender. El troll trato de detener mi salida bloqueando la puerta con su escultural fisonomía y me le acerqué (con la escultural mía) y le dije que me bajaría, que los invitaba a levantar la denuncia por mi crimen. Dejó el paso libre y me esperé a que descendieran, cosa que no sucedió, me miraron mientras se cerraban las puertas y gritaron algo que no entendí mientras desaparecían en el movimiento barrido de los vagones al acelerar mientras eran engullidos por el tunel al fondo.

OJO

Al parecer es un caso, cada vez más típico, pónganse vivos, reaccionar con miedo o dudas puede hacer que les funcione la intención, ganarse a los demás pasajeros para que ellos mismos sean los que empiezen un linchamiento; o sea, despojar a un ancianito de su... nunca supe que era lo que le había robado! En fin. El chiste es que se busca la empatía de los demás para que, entre todos, agredan al maldito rata que abusa. No sé si mi cara de perplejidad absoluta, de pendejo redomado o de "quién yo?" no se prestó al juego de estos bellacos de cuatro suelas frente al resto de pasajeros.

OTRA MODALIDAD

Supe, después de esto, que la otra modalidad es que dos mujeres se suben a cualquier transporte público y buscan al más despistado o dormido y una de ellas grita que está siendo manoseada, la otra jura que vió la acción y el pobre incauto termina linchado por una turba de féminas que en aras del respeto y el blahblah de género en boga se alían de inmediato con la supuesta víctima que no levanta cargos a cambio de una módica suma. De verdad, chavas, si no ven la acción no reaccionen a favor de la supuesta agredida, podrían estar participando de un crimen.

Bueno, pues esto es pura verdad, no es algo que le haya pasado al primo del tío de un amigo que es vecino de la hermana de un compañero de la secundaria de la cuñada de mi jefe, esto me pasó hoy.

Buenas las tengan, que las pasen bien y no se me apendejen en las calles... Mucho cuidado!

Comentarios

Anónimo dijo…
Pues esta carbón...en lugar de que se pongan a trabajar, a joder, a joder y a joder....

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