¿Orgullo gay y la desesperación electoral?

La Marcha del Orgullo Gay se -medio- llevó a cabo el sábado 20 de junio y fue una verdadera vergüenza

¿Orgullo?

De entrada la desorganización fue tremenda. Parecía fila de hormigas pisadas, cada quien corría a tontas y a locas -no es agresión-, unos camiones avanzaban y otros permanecieron estacionados. Eso no tiene nada de extraño en una marcha, suele suceder, pero, ¿POR MÁS DE TRES HORAS?

La gente ya se paraba en un pie y luego en el otro, los que iban de huarache sin broncas, ¿pero los mastodontes de tacón? ¿Las flaquitas anoréxicas? Era un crimen ver a tanto oso sudoroso bajo el rayo del sol, deshidratándose. Hombres cubiertos de cuero negro, que deben haber estado como horno para bollos con esas temperaturas.

Intrigados caminamos, todo parecía en orden. Por todos lados hombre demostrando su orgullo gay cubiertos con máscaras o maquillajes extraordinarios -no vaya a ser que se den cuenta- ¡Qué delicia! Estar orgulloso de ser gay y buscar la forma de ocultarlo en la fiesta máxima.

El momento de demostrarle al mundo que no somos enfermos o desquiciados. Que somos trabajadores, honestos, profesionales y profesionistas, intelectuales, deportistas, científicos, etc. Que no nos da miedo salir a la calle y decir: Somos iguales, con sutiles diferencias. Y se desperdicia con desnudos innecesarios, disfraces absurdos y un sello de vergüenza en las acciones disfrazados de transgresión que no queda ni en remedo. Qué diferencia ver a los travestis, transexuales y transgéneros orgullosos de sus transformaciones superficiales, en unos, y profundas, en otros; a los leathers, orgullosos amos y esclavos; a los osos luciendo panza y pelo mientras cargan con orgullo sus banderas. Familias que apoyan a sus hijos e hijas, hombres y mujeres que caminan de la mano de su(s) pareja(s) -la diversidad tiene tantos matices-. Todo humano homosexual es hijo, tío, hermano, sobrino, padre o abuelo y si sus familias le apoyan y le acompañan, el orgullo se dispara y se vuelve una arrogancia sutil y agradable.

Otros años me habían dejado un sabor más agradable, un fluir continuo de personas -como un río con cauce, procedencia y desembocadura-, de todo tipo, alegres, sonrientes y seguros de estar entre iguales, mirando a los heterosexuales que se arremolinan en las banquetas a ver el "desfile" pasar y, desde luego, las famosas "banqueteras" -todos aquellos gays tímidos que no se unen a la marcha, pero que el morbo les gana-. Maliciosas sonrisas que se amplían cuando los ojos del civil común se abren hasta quedar como platos ante imágenes que sólo se ven este día. Pero esta vez no fue así. Las cara eran de confusión, de extrañeza, un ambiente raro flotaba entre los hombres y mujeres -de toda preferencia- que se hartaban de esperar y caminaban de un lado a otro sin dirección concreta. El olor de marihuana que salía de entre la gente -nunca lo había distinguido en la marcha-, las botellas de alcohol en las banquetas, miradas perdidas aquí y allá me hicieron recordar a seres que conocí en el pasado y que nunca tendrán el valor de enfrentar ni sus vicios ni sus preferencias. Esta vez no fue un río, fue un deslave de lodo, informe, sin cause. ¡Cuanto orgullo!

Desesperación electorera

Primero debo aclarar que todos los años los partidos políticos tiene presencia con volanteros que reparten condones y propaganda de partidos -de izquierda desde luego- que prometen llevar la causa gay al congreso y dar derechos como si fueran caramelos o condones, total prometer no empobrece. Finalmente los aguerridos partidos congelarán todo tipo de ley que asuste a las buenas conciencias y dirán a los decepcionados homosexuales: Hicimos lo posible, pero la sociedad no está lista -traducción: no podemos perder votos por ustedes-.

Este año electoral está marcado por una idea que ha ido creciendo en la población: anular los votos. ¿Buena o mala? Tiene sus asegunes, pero debe ser buena, ya que está haciendo temblar los caros calcetines de los funcionarios del IFE y los calzones -más caros aun y que todavía deben- de los candidatos de todos los partidos. Se ha pagado a cuanto intelectual se deje sobornar para que conmuevan a la ciudadanía y los enamoren de la idea de votar hasta por el menos malo. Spots del IFE recordando que gracias a los políticos elegidos se gasta el dinero del país -pero sólo en ellos mismos-. Comentaristas de televisión bombardean día y noche diciendo: Voten por el que sea pero marque un partido. El peje con voz de mártir pide salvar a México de la rapaz derecha que nos va a exprimir si no votamos por quién él nos diga y aun así, si él quiere, cambiará al ganador por alguien que le convenga más.

Resulta que unas cuadras adelante, sobre Reforma, me encuentro con un camioncito del PT, adelantito, un carro alegórico con aztecas rubios y mamados de Convergencia y más adelante otro carro, éste del PRD -mi sorpresa era enorme, gastar el dinero de la campaña en atraer nuestra atención con chicos guapos, qué ingeniosos los de Convergencia-, otro carro que nunca le encontré el patrocinador traía enorme foto de Peña Nieto con la leyenda "homofóbico". Quería seguir adelante y ver si encontraba uno del PAN, pero creo que esos no le entran a esto aunque están llenos de closeteros, el PRI tampoco se molestó en mandar ni volantes, ¿para qué? Si están seguros de ganar y sus generalas no necesitan ir a las marchas para que se les sepa el numerito.

Nunca pude averiguar si los partidos fueron invitados, si se colaron o si de lo más profundo de sus corazones surgió la idea -nada proselitista- acompañar al rebaño gay en su periplo anual hacía el Zócalo. Veía a los que rodeaban los camiones gritando "ingeniosas" frases como: ¡Derechos a las lebianas y homosexuales! ¡La homofobia mata! Y por primera vez sentí desconfianza, sentí que estábamos infiltrados, rodeados de paleros a los que se les prometió la torta -o bilé-, la cachucha de cartón -o un disco de la Rubio- y un sobre con doscientos pesos -o lubricante y condones-. Veía a esa gente que no parecía parte de la marcha, que se adivinaba fuera de lugar. ¿Era paranoia? ¿Veía moros con tranchetes? Para mi fue la obra de teatro peor montada de esta campaña electoral -si, peor que Chucho y su niña odiosa, peor que Ana Guevara y Guadalupe Loeza, peor que ver a una embarazada karateca o a un Araiza que dice pena de muerte sonriendo o a un peje mitigado pidiendo que se salve a México o a priístas angelicales que no responden a las agresiones-.

Afortunadamente no pude averiguarlo, ya que, como señal bíblica, los cielos se abrieron y torrentes de agua y granizo alejaron a curiosos, marchantes -de los que marchan, no de los que venden en el mercado (por cierto, errónea forma de llamarlos)-, banqueteras y -felizmente- representantes de partidos políticos.

La lluvia dió piadosa muerte a una marcha que agonizó desde antes de iniciar.

Después de la lluvia, mucha gente siguió hasta el Zócalo, más por compromiso que por devoción. Tiritando, cansados, húmedos hasta los huesos, llegamos a la Plaza Mayor, vimos la confusión reinante y nos dimos media vuelta. Los convergentes aztecas rubios ya se habían ido, los globos del PRD se alejaban en el cielo que no se despejaba y el PT no se veía por ningún lado, algunos chicos corrian con pancartas del PSD que usaron para protegerse de la lluvia. La tarde moría, una masa de gente se movía como gelatina temblorosa y nosotros con desencanto buscamos un lugar donde comer pizza y desentendernos de un día desperdiciado.


Comentarios

El Enfermo dijo…
Sip. Fue todo un circo. Yo lo vi todo desde las alturas, y por mas que trate de ponerme de acuerdo contigo, a la mera hora no pudimos coincidir. A mi tambien me salto mucho la cuestion de ver carritos con banderas políticas: es un intento desesperado de ganarse la confianza de los ingenuos.

Que lastima por todos los gay que en verdad querian simplemente mostrarse como son. Como dices, hacerse notar, y no como loquitas vestidas de manera exotica -que cosas mas raras se veian desde la terraza del cafe-, sino como hombres y mujeres comunes y corrientes, que no tienen ningun virus alienigena.

Suerte para el otro año. Si ando echandome un cafecito en el centro, ahi los vere desfilar.
Pily dijo…
Quizas solamente se trata de la confusion reinante en todas las areas de nuestro México...

No lo se...
El Astronauta dijo…
Hay muchas cosas del "orgullo" de las que no deberíamos sentirnos orgullosos.
Permitir ese oportunismo y festejarlo, es una de ellas.

Pero para aquellos que dudan, Diosito sí nos quiere. Para muestra: mandó la lluvicecita para, como dices, dar una digna -onda eutanasia- muerte a ese cada vez más folklórico, circense y politizado desfile-marcha.
Jorge Break dijo…
Pues la verdad yo nunca entiendo esta onda del ¨orgullo gay¨. Cuando te conoci me pareciste una buena persona y cuando supe que eras gay, pues vi a la misma buena persona...y ya!
Entiendo menos cuando algunos se disfrazan de quien sabe que cosas extrañas, aunque las drag queen me encantan, pero eso ya es mi fetichismo...=P
No sé, es que de pronto me dan la impresión de que se avergüenzan, y por eso optan por "ser audaces" y atreverse a rellenar el estereotipo torcido de lo que ellos creen que son, cuando en realidad es mucho más fácil que eso.

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