La Vida Moderna -MIS deseos son TUS órdenes-




"Ay, es un(a) pinche neurótico(a)" dice la gente, en la casa, en la oficina, atrapados en el tráfico lento, en el cine o en la recepción al Embajador de Gurunbawe -lo que nadie entiende es que TODOS lo somos, unos más pinches que otros, pero es lo que nos hace humanos-; pero bueno, no vamos a entrar en ese escabroso tema ahora, sino en otro escabroso tema... Ese afán histérico y controlador de algunos seres humanos -si, si... aclaración antes de que ciertas y aguerridas personas brinquen al ruedo con picos, trinches y antorchas, la histeria no tiene género, es masculina y femenina, carga con el nombre porque se le creía una locura exclusivamente femenina en siglos pasados, pero ya se sabe que no lo es y, seguramente, ya habrá comités internacionales tratando de corregir tanta maldad, ya que no hay temas más importantes o urgentes en qué ocuparse-. Pero bueno, una de las facetas más encantadoras de la histeria, es la preocupación por los demás -todo mundo cree que la persona que grita, patalea y hace berrinche es histérica... y sí, pero no, no siempre, está también esto...-, una real y, casi, honesta preocupación por los otros, su vida, sus deseos, sus horas libres, sus pensamientos, sus relaciones, su economía, su salud, hígado, pulmones, corazón, sexualidad, etc., casi nada. Claro, sin esta bella devoción por la vida de los demás (ojo, no es sarcasmo), no tendríamos médicos, enfermeras, misioneros, sacerdotes, monjas, maestros, bomberos, policías, "mayestras" de kinder, amigos metiches ni Naboritas (dícese de la madre abnegada hasta la muerte, de los hijos, de ellas o lo que pase primero), entre otra gran variedad de personajes muy necesarios para el desarrollo social y humano (así que, busquen otra palabra para insultar en lugar de andar llamando histérico/a a cualquier idiota).



En las fiestas -hablo de algunas décadas atrás, en la actualidad sucede al revés-, no faltaban los orgullosos padres que tomaban al hijo, y lo ponían frente a todos y lo azuzaban a cantar, dar piruetas o declamar alguna cursilería muy mamona; desde luego que los padres estaban en éxtasis, los comensales muertos de pena ajena, los niños relamiéndose los bigotes y el pobre pequeñín sudando y tragando saliva preparándose para recibir la buleada de su vida. De verdad, son muy pocos los niños que suplican a sus padres que los hagan representar la muerte del cisne, recitar Redondillas o cantar canciones de Juan Gabriel en la fiesta de cumpleaños de algún amigo (salvo, tal vez, los niños Von Trapp). Los pobres hijos son víctimas del bullying más antiguo que se conoce, el cumplir con los deseos de los padres. Es muy común escuchar a una madre decir "¡ponte el suéter que tengo frío!" o al padre sentenciar al hijo, mientras le patea las Barbies, "¡vas a ser militar como tu abuelo, yo no pude por tener los pies planos -y un pinche miedo espantoso-!" Es típico que en la reunión familiar alguna de las tías empieza a demostrar una severa preocupación porque la pequeña nena de la familia (a veces ya una guandajona fea de 35 años) o el nene (el nerdo del sótano que no ha sentido la dicha del jabón desde los quince años) aun no se casan y empieza con preguntitas inocentes como "¿Y Moldavia ya tiene novio?", y esto, a lo largo de la noche, se vuelve una tortura y la condenada tía termina aseverando "las mujeres quedadas mueren de cáncer por la ira acumulada y el rencor hacia los padres y a la sociedá por no haber tenido hijos. A'í ustedes saben...".



Muchas veces en la infancia nos sucedió que, al salir a jugar, mientras nos perseguíamos en el parque y nos descalabrábamos a pedradas o jugábamos con cohetes a un costado del depósito de petróleo, adultos mayores y algunos no tanto, nos dejaban caer sus angustias y pesares con preguntas y afirmaciones absurdas para nosotros, "¿creen que van a jugar toda la vida?; ¿no tienen otra cosa qué hacer?; ¿saben primeros auxilios?; ¡van a reventar la manzana entera idiotas!" cosas tipo y así... Al crecer, empiezan a surgir las y los preocupones, "¿todavía no coges güey?, ¿por qué güey?, ¡No mames güey!, ¿eres puto güey?"; "¿ay neeeena... qué vas a hacer ahora que te dejó tu novio?, ¿Verdá que se siente refeo?, yo te entiendo, dan ganas de llorar todo el día y hasta de matarse, pero yo soy tu amiga, ya odio a ese gusano, no te guardes las lágrimas porque es muy malo y te puedes enfermar, yo no quiero que te pase nada, ¡Aquí me tienes para lo que necesites!" Se vuelven gurúes y maestros, son aquellos y aquellas que no dejan de preguntar y dar consejos "¿Ya te bajó? Ay yo te dije que no cogieras sin condón, pero nunca me escuchas"; "¿de verdad no has comido croquetas para perro? Son muy buenas para desarrollar músculos"; "¿sigues sin coger? No hay pedo, si eres puto seguirás siendo mi amigo"; ¡Uy, eso que te dio es malísimo, pero yo sé que con un té de diente de león se te quita o se te cae"; "úntate pasta de dientes en el barro"; "¡ya, salte de tu casa! Ya que pongas el depa le caemos todos los fines..." Y no faltan los adultos que al ver a un nutrido grupo de adolescentes tirados en las banquetas de la calle, fumando, bebiendo o jugando con artefactos de dudoso origen, no tardan en dejar caer sus angustias y pesares con preguntas y afirmaciones absurdas, "¿creen que van a holgazanear toda la vida?; ¿no tienen otra cosa qué hacer?; ¡van a reventar la manzana entera idiotas!" Mas cosas onda tipo y así...



El campo profesional no está exento de conocidos que les preocupa todo lo que se hace, lo que no se hace, lo que no se hará y lo que aun no se ha planeado, "Godínez, ya casi cuarenta y virgen, ¿pos que's puto o qué? ¡Le voy a presentar unas amiguitas muy buena onda!"; "Ay man'ta, qué lástima que te dejó tu marido por la chavita esa, tan jovencita la mensa, ¿verdad? ¡Pero tú me tienes de amigui y yo te voy a ayudar a salir de esto!"; "No te preocupes güey, yo sé que andas mal de la próstata, no hay pedo, yo conozco un yerbero bien bueno, está en el pueblo donde vive mi agüe y hasta van políticos y actores a verlo, la Lucero antes de irse de safari pasa a verlo, pa'que le prepare cremas contra el sol y picaduras de jején africano, ya ves que es remalo".



Y bueeeeeno, ejemplos hay millones y, generalmente y contrario a las profesiones de ayuda y devoción a los demás, las tías, los padres, los compañeros de oficina, de juerga, los amigos, parientes y desconocidos que no saben estarse sin preguntar o dar consejos tienen un problema (o varios), no saben o no quieren, enfrentarse a su propia vida. Es por eso que se vuelcan desinteresadamente a los demás, así la tía moverá montañas para ver a la hórrida Moldavia casada sin importar que ella (la tía) tiene una verruga que supura desde hace diez años y no no visita al médico porque no tiene tiempo por ayudar a la sobrina; el amigo fiel hará la vaquita para que el pobre jamásbesado coja por fin valiéndole madres que él sea virgen y que lleve diez años repitiendo el sexto de primaria pero encargado de hacer realidad el sueño de sus amigos, etc. 



Es muy fácil volverse el juguete experimental de estos personajes en la autopista de la fuga de sus vidas y termina uno haciendo la voluntad de aquellos "claaaaaaro, no te preocupes, yo pasó por tus niños y los llevo a comer y te los paso después de ir por tu ropa a la tintorería y hacerte las compras en el súper, no es nada con todo lo que me has ayudado"; crédulos de que lo hacen por nuestro bien sin darnos cuenta de la cantidad de broncas que ocultan tras la eterna preocupación por los demás y rara vez escuchamos a los que nos quieren hacer entrar en razón "¿tu amiga la quedada es la que te da consejos de como conseguir y conservar novios?"; nunca hay garantía de que sus consejos sean efectivos "¿de verdad tallarse la cara con piedra pómez acaba con el acné?"ni que su preocupación sea solamente por nosotros "¿Oye, la verdad no tengo tiempo para oír tus problemas ahora, no supiste que a Chispita la pescaron traficando con animales exóticos?", siempre surgirá alguien con problemas más atractivos y nos dejarán colgados de la brocha mientras parten con ojos obnubilados detrás un caso más interesante que nuestras aburridas cuitas (les fascina averiguar sobre la vida sexual, sobre las relaciones de pareja o con la familia, entre más complicado o explícito, más se clavan y llamarán por teléfono, mandarán mails y se aparecerán de visita, con flores y pastel, preocupadísimos por uno). Son grandes enemigos del ocio, de la diversión y del tiempo libre en general.


Rara vez nos damos cuenta y podemos pasar años escuchando consejos y contando nuestros problemas sin recato alguno y muy confiados de que nuestros gurúes son la neta del planeta; pero una vez que nos hartamos de la manipulación de éstos, es difícil alejarse, ya que en automático se genera el chantaje, "después de todo lo que he hecho por ti, por tu familia, si hasta tu tía, la maldita lisiada, le conseguí la silla de ruedas, acuérdate que fui yo quien te presentó al líder sindical... ¡Cuánta ingratitud! ¡Si, más vale perro que amigo de confianza!". Desde luego que no todo está perdido, si hay forma de salir triunfante de estas situaciones y de una forma muy simple, la próxima vez que una de estas personas se acerque a aconsejar o a preguntar, voltéasela, pregúntale tú por sus problemas, por sus miedos o sus necesidades, "¿y como es que nunca me hablas de tu pareja?"; "¿por qué estás tan gordo?"; "¿es verdad que de chiquita te dejaron en la puerta de la casa cuna para infantes indeseados?"; "¿Si, ya le preguntaré a mi hijo sobre sus amigos, mientras cuéntame por qué el tuyo usa vestido por las noches, hace una manda?"; "¿güey, si quieres depa pal reven, por qué no te sales tú de tu casa?"; "Sé que te gustan los hombres con bigote Elisa, si pudiera tenerlo como el tuyo, tan varonil, también me lo dejaría...". Seguramente no podrás llegar a la sesión de consejos porque, al verse enfrentados a su falta de interés por sí mismos, sus deseos dejarán de ser tus órdenes y se desvanecerán para siempre entre los problemas y carencias de otro incauto que tenga la fortuna de estar en el lugar correcto en el momento equivocado (saldrá con mapa de ubicación y horarios para encontrar el momento ideal).

Comentarios

Pily Rosas dijo…
¡Hay la ingratitud!
Tan exquisita cuando no queda rastro alguna resbalando por la espalda, esos ojos saltones viendo la pesadilla hecha realidad de quien logra vivir sin culpas.

Me gusta.

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