La Vida Moderna -Ahora hasta los juguetes...-

Nunca quise muñecas, mi sueño eran los Aventureros de acción, Kid Acero, Pulsar, El hombre Biónico y los héroes de Mego (acá Lily Ledy), los vaqueros de Plastimark (mios fueron Johnny West y Billy Villano y de mi hermano Custer y Gerónimo) y dinosaurios, cerros de dinosaurios; no fue hasta que vi los monitos de Star Wars que compré dos versiones de la princesa Leah, una en su outfit the Hoth y otra en el vestido de Bespin, ambas con pistola, en un afán completista (la pinche mona siempre les quedaba hórrida) y años después mi papá me consiguió varios monitos de He-Man incluida Teela y eso armó la revolución en la casa, yo ya era adolescente y las buenas consciencias pusieron el grito en el cielo y se burlaron diciendo que ya estaba muy grande para jugar con muñequitos y, mucho menos, con muñecas, a lo que mi papá respondió que era parte de la colección y le valía madres.

Caso aparte eran los juegos de construcción como los castillos Exín, el Tente o el Idema, favorito de una de mis hermanas, por lo que no era raro ver una casita construida por ella o un castillo construido por mí, pero a ella NO le gustaban los castillos (obvio ella no tenía ninguna obligación de que le gustaran), como a mí no me gustaban las casitas (qué puede tener de chido construir casitas?)-Aunque después enloquecí con los pueblos Exin West, bueno, menos el fuerte que se me hacía muy X y en cambio a mi hermano lo chifló de emoción-. Lástima que los dinosaurios nunca fueron a escala de esos juegos.

De las cosas que se cocían aparte era el Mecano, que no le llamaba la atención más que a mí papá y se la pasaba haciendo carritos con motor y grúas; otra era algo que nos dejaba boquiabiertos a mis hermanas, mi hermano y a mí: los juegos de química Mi Alegría, al demonio las instrucciones y bienvenidos los experimentos peligrosos! -YEAH!- y, finalmente, lo que nos dejaba en santa paz (salvo cuando nos cachábamos haciendo trampas), los juegos de mesa, en los que los cuatro hijitos podíamos perder el tiempo sin límites. Si hubiera habido juegos de arqueología o juegos de mesa de dinosaurios mi niñez habría sido el paraíso.

Existieron otros juegos, el trompo, el yo-yo, el balero, las matatenas y aquellos que requieren pelotas y balones, pero ni les cuento porque mi condición de absoluta carencia de control motriz siempre me impidió hacer algo mas que lastimarme (ya se imaginarán como me fue cuando salieron las taka-taka). Bueno, ni las pinches matracas puedo mover bien, pero no me importaba porque siempre había algún dinosaurio con rebabas en los mercados que llenaban el hueco de la falta de pericia.

Rolaron por la casa durante décadas un tambache de muñecos de peluche, perritos, gatitos, osos y nosécuántacosamás (menos dinosaurios) que fueron heredados de hermana a hermana a hermano y... hasta ahí, mi hermano menor les puso cara de destriparlos si se los acercábamos a la distancia suficiente para agarrarlos.

También Hot Wheels... Hartos carritos, hartos pantalones desrodillados y hartos parches planchables por jugar carreterita y un sin fin de cochecitos (y dinosaurios) perdidos en montañas de arena de las construcciones eternas de la ciudad, muchos de los cuales eran de la colección de mi mamá y habría que ver el gusto que le daba que se los perdiéramos (el mismo gusto que le daba que yo fuera tan malo para el baseball siendo ella tan buena de niña).

Pero regresando a los monos/muñecos/figuras de acción (detesto ese apelativo por lo mamerto que suena) no volví a comprar una "figura de acción femenina" hasta que salieron los muñecos grandes de Justice League Animated de Wonder Woman y Hawkgirl, que son de una belleza absoluta (como todos los monos de esa serie) y una Storm extraordinaria que no sé a qué serie pertenece. Lástima que ahora que hay tantas muñecas de super heroínas no se me antoje comprarlas porque están feísimas igual que la mayoría de dinosaurios en las jugueterías actuales.

Debo confesar que en mis juegos infantiles sólo dos de mis monitos fueron novios, Aquaman y Robin, sí yo sé que en sus respectivas series Arthur Curry y Richard Grayson no lo son, el por qué eran novios no lo sé, pero me parecían la pareja ideal, el resto eran una bola de cabrones que no me inspiraban nada sexual. No sé si mi vida se hubiera enriquecido mucho con una Barbie (pero sí sé que me faltaron dinosaurios), una Lagrimitas o Fabiola, la muñeca que camina por si sóla... ella caminando va paseando su bebé en su carriol... Oops!

Por qué mencionar todo esto, ni yo mismo sé, pero cada que me encuentro con esas cosas de lo "heteronormativo" de los juguetes me da comezón en todo el cuerpo y pienso que es otra de esas pendejadas que han inventado seres lastimados por sus padres, hermanos, amigos o compañeros de clase y que no han tenido los medios emocionales para superarlo y se quedan sólo con el eterno rencor. La heterosexualidad de mis hermanas y hermano o mi homosexualidad  no dependieron de nuestros juegos ni de nuestros juguetes, ni de las tardes en las que él y yo nos robábamos el costurero de mi mamá, trozos de tela y les hacíamos cambio de look a todos los monos, menos a mis dinosaurios, con ropa que parecía diseñada por los Picapiedra (cosíamos mucho, aunque ninguno de los dos somos salimos buenos costureros como lo fue mi papá).

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