La Vida Moderna -El sacrosanto matrimonio-

Previo a la ascensión del cristianismo a la cúspide de las religiones, había muchas más que, de la misma forma o de otras más cínicas o más veladas, traficaban con las necesidades de los individuos. El Imperio Romano contaba con un extenso catálogo de religiones que aumentaba con el paso de las conquistas y las anexiones de territorios. Cada religión traía un poco de lo mismo y un mucho de diferencias, lo cual no dejaba de fascinar a los romanos -tan aburridos que nos los pintan en sus triclinia, ávidos por conocer cosas nuevas- y que muchos probaron diferentes sabores religiosos.

De entre todas esas religiones la única mal vista era el judaísmo porque no se prestaba a aceptar a otros dioses, porque hablaba de sacrificio, mortificación y hartas cosas que a los romanos les parecían horribles y entre esas la mala pinche costumbre de ver los amores entre iguales como algo malo. Generalmente la mayoría de religiones se preocupaban más porque no se comieran unos a otros y no porque no se acostaran los unos con los otros. Un patricio romano no podía dar las nalgas (so pena de ser exhibido, esclavizado y perder todos sus bienes), pero sí recibir todas las que le fueran ofrecidas, o sea, en corto, el pater familia tenía que ser activo. Mientras que Grecia y Esparta tenían visiones diferentes; en la primera podían darse entre un hombre mayor y un imberbe, generalmente un aprendiz o asistente y debían terminar ante el asomo de la virilidad del chavito y no era nada bien visto las relaciones entre pares adultos; mientras que en Esparta (contrario a lo que el mocho de Frank Miller pueda decir en su novela gráfica de 300), las relaciones entre pares no eran nada mal vistas; aunque el matrimonio era una obligación patriótica y debía producir hijos, con quien te acostaras mientras tanto, no era motivo de crítica. Hacia el Atlántico las cosas se ponían menos tensas y, los galos, pictos, celtas y demás habitantes de aquellos lares no tienían objeción alguna en disfrutar la sexualidad sin limitaciones (bueh, la consabida "mínimo deja un hijo pa'la patria"), pero no era tan forzosa ni eran mal vistos los hombres que preferían vivir con otros hombres ni si daban o recibían, incluso existían, según algunos historiadores de la época, ejércitos de guerreros que vivían en parejas de iguales, asegurando que no habría mayor lealtad que la de grupos de mercenarios que se amaban entre ellos (me preocuparía más la idea de que fueran mercenarios y no de que se amaran entre ellos). Más arriba, en los gélidos parajes del bacalao, los vikingos no aceptaban de buen agrado la homosexualidad pasiva, por un poco de desconfianza, si das hasta las nalgas qué no entregarás? Al igual que los romanos, era mejor coger que ser cogido. En general, los europeos, parecían disfrutar bastante de sus vidas y de sus cuerpos, sin andar mortificándose mucho más allá del "que no nos falten chamacos pa´las guerras" y, como dicen algunos papás actuales, "nomás procura que no se te note mucho". Los mejores ejemplos de amor entre hombres nos los otorgaron Alejandro Magno y Hefestión y el Emperador Adriano y Antínoo.

Pero bueno, regresemos al triste caso del cristianismo. Supongo que saben que el famoso "matrimonio" no era lo que es ahora, verdad? No crean que Roma se hizo cristiana y empezaron las amonestaciones y la industria del velo blanco. Nada de eso, en realidad, la nueva y flamante religión cristiana, en sus primeros SIGLOS estaba más preocupada por cosas políticas y territoriales antes que el andar metiéndose en las camas de los demás. Primero había que acabar con las religiones paganas (de campo, aquellas que adoraban la naturaleza y la fertilidad) no sin antes decidir qué cosas de las más arraigadas tenían que prevalecer qué dioses y diosas se volverían santos y vírgenes, qué fiestas respetar y cuales ignorar fervientemente por lo que la evangelización no debía dejar dudas, si bien importaba poco que no entendieran, bastaba que la población repitiera como perico pasajes de la vida del cristo y de los santos; asegurar la permanencia del cristianismo y del imperio, de sus territorios, evitar las luchas intestinas por poder, sólo era importante que hubiera un cristiano como emperador.

Contrario a lo que las creencias populares juran saber, la vida de los comunes, antes del Siglo XI, no era necesariamente ese hórrido drama de seres compungidos y apachurrados ante las exigencias morales, el habitante común tenía mucha libertad para darle un giro a las limitaciones de la santa madre iglesia ya que esta estaba más preocupada por evitar que la clase en el poder se les fuera de las manos que andar preocupándose por el peladaje (aunque los nobles se daban sus mañas tenían que pagar caro por las indulgencias); por eso no era raro encontrarse sacerdotes, en los villorrios, cómplices de correrías de los habitantes, además de ser hombres casados y padres de familia pues aun no se aplicaba el celibato. El matrimonio, lejos de ser una institución, era un remanente del pasado romano en el que bastaba con decir acepto para estar casados, no había parafernalia, documentos o registros, bastaba ser mayor de doce años (mujer) o de 13 (hombre), no se requería ni siquiera la bendición de un sacerdote.

Fue hasta el Siglo XIII que el matrimonio comenzó a ser el camino obligatorio al cielo por ser un sacramento. Lejos de las ideas piadosas y de entrega religiosa, los sacramentos fueron, y son, una forma de cobrar al pueblo por la aplicación de ideas que no se habían considerado en ningún lado. La feligresía, preocupada por perder la entrada al cielo, no cuestionó estas reformas. Como tampoco se pregunta por qué los judíos no comen cerdo y los cristianos si, porque hay órdenes divinas de alejar a la mujer menstruando que el cristiano no observa... Por qué, si de la misma fuente de prohibiciones que se obvian, sólo la de tener contacto entre iguales se conserva.


Desde luego que la iglesia va a pelear por la exclusividad del matrimonio, no sólo porque lo tiene catalogado como sacramento, no quiere permitir que venga ninguna ley a arrebatárselo, va a impedir que sea otorgado libremente; una, porque de ser así perderían una de las pocas cosas de las que se ufanan estos "santos" señores y que es el hecho de estar en contacto con el Big Boss, saber que piensa, cómo administra castigos y, que a través de las manitas de estos ángeles humanos él mismo bendice las uniones o sea que, aparte de evitar que se abarate frente a la sociedad, ellos luchan estoicamente por salvar las almas hasta de los que no quieren ser salvados (histeria) y dos, porque al otorgarse todos los derechos a todos los ciudadanos se descubrirá, una vez más, que el concepto dios ya no tiene cabida en la actualidad (muchos aseguran que el camino actual ya no es la religiosidad, sino la espiritualidad -ahí cada quien puede dar sus versiones diferentes al respecto; yo prefiero la vieja forma de ateísmo y santo remedio). Casarse, matrimoniarse, hacer legal el coito, sigue y seguirá siendo un mero trámite, una forma social que poco tiene que ver con el amor, la familia, la procreación o la religión, visiones impuestas por jueces, poetas, sacerdotes y locos.

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