El Picahielo

La tenue luz azul que se filtraba por las persianas ayudaba a ver el desorden que reinaba en la habitación. Sobre la silla, la pasión yacía mal doblada, en el suelo un montón de besos desparramados, a los pies de la cama el amor completamente revuelto con caricias ardorosas; en el buró, sin orden alguno, promesas, juramentos, fe y lealtad, se quemaban junto a las colillas a medio apagar de un viejo cenicero.

Cubiertos con una delgada gaza de esperanza, los amantes vestidos sólo con un pálido dolor, miraban, abrazados y sin poder conciliar el sueño, los trajes de indiferencia y olvido que colgaban en las puertas del ropero apolillado. Ese odioso par de trapos que deberían usar cuando la alegre luz del sol señale el momento del adiós y haga huir a la tenue luz azul que se filtra por las persianas.

Comentarios

¡Ah, qué bonita voz se va escuchando! Muchos besos.
Capitan Frio dijo…
¡Muchas gracias! Muchos besos Paloma, ya pronto los mezcalearemos!
Veronica dijo…
¿Mezcal??? ¿Dónde?? NO sin mí!!!

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