La Vida -casi- Real

Deberíamos hacer comedia surrealista -Le dije al entrar al restaurante completamente empapados.

¿De esa que nadie entiende y que siempre nos piden que quitemos? -Preguntó sacudiendo la cabeza. Un ciento de gotas volaron hasta el capitán de meseros que no alcanzó a cubrirse. Nada contento nos preguntó si queríamos una mesa ya que los baños sólo eran para clientes o algo por el estilo. Obvio no lo pelé porque no perdía detalle de una gota colgada de su bigote que parecía gritar por ayuda para no caer hasta el piso. Finalmente nadie acudió en su ayuda y, cuando el fulano gesticuló para decir alguna otra babosada, cayó sin hacer ruido -aunque yo juro que la escuché gritar toda la caída aterrada-.

Queremos una mesa y sillas -Dije mirándolo fijamente a los ojos.

Y manteletas y platos y cubiertos y líquidos y comestibles -Agregó ella con su seriedad telegráfica acostumbrada.

Los baños se encuentran al fondo -Señaló sin emoción alguna y acto seguido levantó una mano y tronó los dedos, hizo ademanes extraños con ella y llamó a una mesera.

¿Crees que quiera bailar flamenco con ella o realizará un acto de magia y ella le va a dar el sombrero? -Me preguntó.

Seguro es magia, no tiene cara de saber llevar el ritmo -Le respondí justo en el momento que descubrí que cojeaba -ella, no yo-.

Tienestuunpantalónzapatoestárotorajado
-Dijimos ambos al acercarnos a las puertas del baño, cada uno con una mano en la puerta correspondiente al género y la otra apuntando a la parte dañada de nuestro atuendo.

¿Te extraña? -Nos respondimos mutuamente y desaparecimos el uno para el otro tras las puertas de la pudicia corporal.

Más tarde, ya sentados frente a frente, pero no más secos, mirábamos la mesa como si fuera un regalo de un antiguo dios o de un grupo de alienígenas, no porque fuera extraordinaria o tuviera diseño novedoso, en realidad la veíamos así porque estaba vacía, nada del servicio se encontraba ahí. En eso pasó la mesera que pensamos sería la edecán del Capitán de mag... de meseros.
Alcancé a pronunciar un desabrido -Buenas tard...- cuando una mano abierta atravesó mi rostro, al tiempo que un agudo chillido discordante rasgaba la calma del lugar -¡Siempre es lo mismo contigo! -Gritó mientras sus lágrimas furiosas se confundían con las estelas húmedas que dejaban sus cabellos que no terminaban de secarse-. ¡No me respetas!

¿Ya vas a empezar? -Grité mientras me sobaba el lugar del bofetón y busqué con la mirada a la mesera que -si era asistenta de mago- había desaparecido.

Estábamos
quietos, mirándonos, una sombra nos cubrió temblorosa.

¿L-les puedo ayudar en algo? -Preguntó el capitán de meseros con ojos fuera de borda un cuchillo en una mano y un celular en la otra.

¿Nos puede mandar servicio? Mire, la mesa esta vacía -Le dijo ella con una sonrisa inocente.

¿Todo bien? -Preguntó de nuevo el hombre aquel con cara de diputado al que alertaron que ya encontraron su secretos y que la PGR ya va a por él.

No, la mesa sigue vacía -Le dije señalando el amplio espacio sobre la tabla horizontal. Sin comentario alguno se alejó haciendo de nuevo señas que me dejaron con un insatisfecho morbo de ver si sacaba conejos de un sombrero o si de verdad era bueno para la zapateada.

Empujando un carrito llegó un chico con cara de sacrificio azteca y nos miro tembloroso.

Mmmm
... quiero uno de esos, uno de esos y uno de esos... -señaló como niña en dulceria con el índice distintas cosas sobre el carrito.

¿P-perdón? -Balbuceó el pobre chamaquito.

Por favor, no le des nada con filo, sólo una cuchara y una servilleta -Le ordené seriamente. Pero era muy tarde, ella lo miraba fijamente, con los ojos entrecerrados, los dientes apretados, las orejas hacia atrás. Lo miraba con su aguzada mirada que lo atemorizó aun más.

Dame
todo, ¿me oiste? TODO -Gruñó entre dientes.

No lo hagas -Le insistí.

Con la maestría absoluta de un gran garrotero, sólo dos movimentos necesitó para aventar sobre la mesa dos juegos de cubiertos, dos mantelitos de papel que contenían fotografías de platillos que el lugar recomendaba y tres servilletas, una de las cuales cayó sobre la manga empapada de mi camisa y dejó de ser útil -la servilleta-. Inmediatamente después pasó el capitán de meseros, dejó dos cartas sobre la mesa nos miró seriamente y preguntó de nuevo -¿Todo bien?-.

No, aun siguen matando focas, delfines y ballenas en algún lugar del mundo, ¿le parece que eso sea indicativo de que está todo bien?-Respondí sin mirarlo.

¡Salven a los delfines! ¡Salven a los delfines! -Comenzó a gritar agitando su manteleta y mojando todo a su alrededor.

¿Nos puede mandar a alguien que nos tome la orden? -Le pregunté ignorando la protesta ecologista.

Se las tomaré yo -Dijo como si fuera Sylverter Stallone, Arnold Swarsesomething o Bruce Willis.

¿Seguro? -Preguntó ella con el mimo y la advertencia felina aterradora que siempre a tenido.

¿Qué van a ordenar? -Murmuró entre dientes como si fuera prueba de resistencia.

Ojalá algún día mi recámara, una coca y una hamburguesa -Respondí mintiendo, se que nunca lo haré.

Yo al tiempo que se detenga y un platillo tres -Dijo como si se le hubiera acabado el aire de golpe.

¿Es todo? -Preguntó con cara de querer aventar la libretita y pegarnos de manazos.

Por el momento -Le dije sonriente. Y lo vimos alejarse.

¿Está asustado? -Me preguntó acercando su cabeza a mi manteleta, que retiré rápidamente.

No, enojado tal vez - comenté sin prestarle más importancia.

¡Ash! -Se quejó al ver la manteleta lejos de su cuchillo.

Los platos llegaron en un carrito empujado por otro chico, el rajamadres del lugar, con un dejo de molestia en su mirada, mueca autosuficiente, esa especie de "si me molestas te pego".

¡Uy! - exclamó ella sorprendida- nos mandaron al malo, ¿Eres el malo? -Le preguntó tranquila, como la tía dominguera ante el sobrino molón que se sienta en las piernas mientras el niño grita y patalea.

Sin dignarse, ni a ponernos jeta, se alejó después de dejar los platos.

Intimidante
sin duda -Comenté mientras buscaba la salsa tabasco.

Pobre, la de locos que han de venir aquí -Dijo haciendo bizco y sacando la lengua.

¡Chesire! - Me levante y estreché su mano.

Mucho gusto, creo -respondió apenada, mientras comenzó a separar el arroz de su plato-. El tema de hoy son los lemmings y sus costumbres...

¿Lemmings? - Pregunté-. ¿No hemos agotado el tema aun?

Un tema no se agota hasta que se acaba, de acabarse, pensé que pensabas -Comentó mientras formaba una larga hilera de arroces sobre el filo del plato.

En veces... Pero no siempre, en días que nomás miro, en días nomás hago que oigo. Otros no -respondí antes de morder la hamburguesa.

¡Bendita inocencia!- Exclamó aventando su cuchara en la cesta de pan -La de cosas...

No me digas de cosas -Interrumpí.

¡De cosas! ¡De cosas! ¡De cosas! ¡De cosas! ¡De cosas! -Repitió seriamente.

No, no, no... lalalalalalalalalalala... ¡No me digas de cosas! -Chillé

¿Cosas lindas? -Dijo melosa.

Mmmmm
... pero sólo si me mandas flores -Le respondí.

¡Todo quieres! -Gritó molesta de nuevo.

¡No-oh! Quiero lo que quiero y lo que no, no -Agregué -¿Qué haría yo con estoylotro?

¡Un cucurucho! Podrías hacerte un cucurucho y lo pintaríamos de violeta con espirales verdes -Dijo llena de esperanza su mirada.

Nah
... Los cucuruchos ya no son lo que eran y no serán jamás lo que no fueron -Dije triste mirando mi plato.

Masticamos en silencio, sopesando la pérdida, añorando esos tiempos, saboreando los recuerdos.

¡Los lemmings! -Gritó al tiempo que su tenedor voló hasta caer en el escote de la gorda que nos miraba con extrañeza y que en ese momento se levantó molesta y se fue de mi campo de visión.

¡Los lemmings están brincando! ¡Se van a ahogar! ¡Nada los detiene! -Decía perdida frente a su plato, empujando arroces con la cuchara.

Me empecé a reír, cruce la mesa estirando el brazo, que iba mojando todo a su paso y con determinación empecé a aplastar a los arroces que yacían desperdigados sobre los restos de manteleta y mesa con mi dedo pulgar -¡Por pendejos! ¡Por borregos! ¡Viva la diferencia!

¡Déjalos! ¡Tienen que ahogarse! -Me sugirió molesta.

Entonces tomé el vaso de refresco y comencé a dejar caer gotas sobre los arroces que no había aplastado -¡Por pendejos! ¡Por borregos! Viva la individualidad!

¿Si fueramos lemmings ya hubieramos brincado? -Me preguntó con tristeza.

¡Jah! Ni en sueños -Le dije.

Mmmmm
... entonces... ¡muéranse! -Gritó sonriente mientras aplastaba arroces con su pulgar y me invitaba a seguir ahogando a los restantes.

Así nos encontró el capitán, que parecía proteger a la gorda asustada que se cubría de trás de él -aunque le faltaban algunos metros de ancho al pobre hombre- y nos pidió que saliéramos.

Salimos, el sol seguía brillando en lo alto, era apenas la una y el día pintaba para ser largo y de los más calurosos. Comenzamos a caminar, ella con su zapato roto, yo con el pantalón desgarrado, ambos mojados aun, pero en ese calor asfixiante no lo estaríamos por mucho tiempo.

Somos la imagen viva de la miseria -Dijo al verme.

No creo -Le dije convencido.

Levante una rama de algo seco del piso y se la molí sobre el abrigo de nutria que ella traía ese día, saqué la servilleta húmeda y la estiré y se la puse a modo de velo-. Ahora si. Y si no nos vemos miserables, por lo menos, ¿crees que podríamos pasar por personajes de un cuadro surrealista?

Ash
... no... -Dijo fastidiada menenando la cabeza, completamente sin creer que yo fuera capaz de formular tal pregunta, mientras nos alejábamos entre gente sudorosa que nos abría paso con extrañeza.

Ella -y su interés por los lemmings- es real, yo -ya- no tanto.


Comentarios

El Enfermo dijo…
PROTESTO!!!!

Exigo que cuentes las cosas como fueron realmente! Tu cuento esta endulcorado y censurado, nomas para que te andes paseando con aires de 'normalidad' con la gente que te lee.

Deshonra para esa abnegada mujer del cuento -que estoy completamente seguro de no que es Pily, ella tan modosita y discreta, y ademas no quiero incurrir en su ira-; verguenza te deberia de dar.

Andaaaaaaa cuentalo como fue, sin censura!!
Pily dijo…
En cierto nivel de la vida este cuento pudiera ser real.

Lo verosimil no es aplicable pues la vida se ha ido viviendo conforme se vivencia...

No exijire apego a lo real por que tengo dos criaturas...

Ni admito mi participación parcial o total, antes todo lo contrario.

Inutil todo lo demás...
Capitan Frio dijo…
Yo sólo soy un simple narrador...

Niego toda la participación en los hechos, reales y ficticios, salvo donde sea totalmente irrelevante o imposible negarlo...

Los fantasman no existes, pero de que los hay... Los hay!

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