La vida moderna -siendo feo-

En esta época de estética deslavada y huesuda, de rostros perfectos -por la genética o la fuerza-, estar feo -o fea- es algo impensable, pero ser feo, es otra cosa enteramente.

Por la sensibilidad política, rara vez aceptamos hablar o decir en voz alta que alguien esta feo -fea-, por educación, por hipocresía, por miedo, o por muchas otras razones que se conjuntan y nos tapan la boca. Desde niños las madres y las abuelas nos reprimen las ganas de gritar ante un esperpento, más tarde, los maestros acallan las fuertes y certeras burlas a los -y las- menos agraciados. Ya con más conocimiento en la secundaria y la prepa se puede -o no- suspender ese tipo de acciones, pero lo que si es verdad es que las burlas se vuelven escalpelos quirúrgicos.

En la universidad y ya en un ambiente menos pueril, a los feos y feas se les critica en lo bajito ya que lentamente -no en todos los casos- se gana madurez y las amistades ya no sólo dependen de lo bien o lo gacha que esté la fachada de los seres en cuestión, si no de muchas otras cosas más. No todas de sentir orgullo, ya que para algunos seres humanos siempre aplicará el conocido: "el interés tiene pies" -menos los intereses bancarios, esos tiene patines, alas, cohetes de propulsión a chorro y siempre están mirando al infinito y más allá-.

En la vida real -que empieza ya cuando descubres lo que es ganar el pan con el sudor de la frente, axilas y todo lo demás-, lo feo exterior se obvía por lo bello interno. Qué importa si un hombre o una mujer parecen fugados de una pesadilla si son buenas personas y de sentimientos honestos.

A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con todo tipo de personas que nos sorprenden con sus verdades internas y nos recuerdan que nunca hay que juzgar un libro por su portada. Sin embargo, hay seres que destilan la fealdad a parte de portarla como corona y otros, que disfrazados de belleza, pudren todo lo que tocan.

Fulanita, era mi compañera de primaria y tenía un carácter ácido y desagradable, un olor corporal que distaba mucho de las normas de higiene, sobrepeso y una forma terrible de hacerse notar: agredía. Si, la niña era feliz agrediendo a los demás, hacía burlas, aventaba cosas -y escondía la mano-, rayaba cuadernos etc. Una verdadera joya que ocultaba su verdadera forma de ser haciéndose la remolona frente a los maestros. Por tres años aguantamos su reino de terror hasta que un buen día, un niño -feo como mentada en 10 de mayo- descubrió su verdadero potencial... ¡Zas! La proverbial frase de "una sopa de su propio chocolate" le llovió a la Fulanita. Por meses la hizo sufrir y finalmente la vimos caer y romper en llanto, preguntándose -como villano de novela-: ¿Por qué a mí?

-Por ser tan gacha- dijo una de las niñas del salón. En mi salón había niñas mucho más-y por más- feas -físicamente- que Fulanita, sin embargo eran muy felices y buena onda. Fulanita nos vió a todos como si despertara de un sueño de opio, como si ella nunca hubiera sido ella. No les diré que se reformó, para nada, el darse cuenta de su situación sólo sirvió para reforzar su conducta negativa que la llevó a una serie de embarazos adolescentes y una destrucción sistemática de su propia vida. La última vez que la estaba convertida en una especie de globo terráqueo, pero de uno después del apocalipsis. Acabada. Una anciana en su juventud -en ese entonces tendríamos entre 30 y 33 años-, ella dejó de ser fea para estarlo.

En la secundaria, Menganito era un niño pequeño -de estatura y de alcances-, muy bigotón para su corta edad. Molestaba a todos y disfrutaba muchísimo, en especial, molestando a las niñas bonitas. Desde luego los chicos galanes del salón se reían mucho de él -y el inocente pensaba que era con él-. Más tarde logró traspasar la barrera de lo feo tornándose más oscuro, cumpliendo amenazas, robando y, al final, haciéndose un bully. Era increíble ver como los niños ñoños del salón le temíamos al condenado enano feo.

En fin, que al llegar a la prepa descubrí que, efectivamente una cosa era estar feo y otra, ser feo. Hablemos de "O", "O" no era fea físicamente, era espantosa, ni el pato Lucas quiso traerla, llegó solita a su casa. Esta... niña -por decirle de alguna forma-, puso sus retorcidos ojos en un servidor y lejos de ser amable se comportó como un monstruo. Decidió "cortejarme", llamando a casa mañana tarde y noche, sentándose junto a mí en clase, cargando mi mochila, en fin, un sinnúmero de tareas pretendiendo capturar mi atención -misma que aleteaba lejísimos en cuanto ella aparecía-. Mis mejores amigas me decían: "hazle caso, pobrecita" y yo las miraba como si fueran a dejar de existir en ese instante... Sin embargo, "O" nunca entendió mis sutiles y amables evasivas, tampoco entendió cuando le dije que no tenía interés en tener novia, tampoco cuando le dije que no me gustaba, ni cuando corrí, tratando de escapar de ella o cuando me cambiaba de lugar en el salón cuando se sentaba junto a mí. Ella se dió a la tarea de atacar a cuanta persona se me acercaba y llegó al extremo de pegarle a otra niña,"E", que también me hacía la ronda -la gran diferencia es que "E" estaba fea pero era muy linda por dentro-. "O" guardó veneno y rencor para el día de mi cumpleaños, felices departíamos dentro de un salón de clases cuando ella llegó y se aventó una rutina de villana de telenovela. Gritó, pataleó y me acusó -creo- hasta de la devaluación del 82. Inflamada por el poder de la atención, me retó en público diciendo: ¿Qué, eres puto o por qué no me haces caso? En ese momento, me hice más feo... Lo sé. Le dije que si la opción era ser homosexual o andar con ella, prefería ser homosexual -deseo cumplido dendenantes-. Afortunadamente no supe más de ella -quiero pensar que se encontró con un hombre que la ama aun, que es feliz y que en el amor encontró la belleza que podría tener muy escondida dentro y dejo de ser fea, manque lo siga estando-.

Ya en la universidad descubrí que lo feo puede ir más, mucho más allá de un simple deseo de posesión, lo feo busca el poder. No hay peor persona que una que sea fea y que tenga poder. Algunos inocentes dicen que dios no le da alas a los alacranes, pero de que se le van algunos, se le van. En el campo laboral conocí a gente que supo ser fea con poder. ¡Ay! Son tantas y tantas anecdotas al respecto que se podrían llenar blogs completos sobre el hostigamiento, sobre las burlas, las mal pasadas gratuitas y toda clase de tortura legal de la que pueden echar mano.

Hay feos y feas simples y los hay al cuadrado que no odian al guapo o a la bonita -sean feos por dentro o no-, odian en conjunto a la vida entera, odian a sus padres, a Mendel, a dios, al diablo, a los espejos, odian la botánica, la cosmética, odian el sexo, el amor, la alegría, las ganas, la soledad, el ADN, a las mitocóndrias, a las células madre, a los dibujos animados, la compañía, la distancia y la cercania. Lo feo interno disfruta en el dolor ajeno buscando llenar todas las carencias.

¿Qué puede tener de bello una mujer que le propone a un padre de familia conservar un trabajo a costa de un contrato sexual abusivo? ¿Qué puede tener de sensual un hombre que le pide a una mujer que le de caricias a cambio de no correrla? ¿Hay amor en una oración obligada mientras el semen de un sacerdote/pastor/rabí/maestro se escurre entre las piernas de un inocente?

Posiblemente la belleza sólo exista en el ojo del que mira, puede ser que dependa del momento, de los estilos, que sea subjetiva y etérea o cambie como la misma piedad y la caridad a lo largo de los siglos, pero la fealdad, la fealdad puede tocarse, la fealdad raspa, deja secuelas, mata, castiga, roba, contamina, lastima, mutila, secuestra. Ser feo va mucho más allá de los problemas cosméticos, estéticos y vanales. Ser feo -al igual que ser bello- está intrínseco en el alma, corazón y mente de los seres humanos y nada tiene que ver con estarlo. La fealdad en esta época debería ser impensable, pero es real y se palpa. La próxima vez que un hombre o mujer se ponga feo o fea y busque afectar, agredir o simplemente quiera lastimar: Se más feo tú y busca sus carencias para regodearte crápulamente en ellas y si no las encuentras ¡miéntale su madre*!


*Hay poco tiempo como para perderlo en sutilezas

Comentarios

Pily dijo…
Yo VI.

Conozco a personas que amo y que se ponen feas...

y si...

De esas fealdades que no te dejan dormir ni comer en paz...

De esas fealdades que de tan común crees que no importa hasta que te toca y lloras...
Ya lo dice la vieja y conocida frase “En gustos se rompen géneros y en fiestas piñatas” mi querido Capitán Frío.

Lo que para unos puede ser lo mas sublime y cercano a la perfección en realidad para muchos puede ser una muestra clara de lo más hediondo de la vida.

Si bien ese rollo de la globalización nos ha traído grandes beneficios, también es cierto que nos ha acercado a tradiciones, ideas, estereotipos, culturas, mucho muy distintas a la nuestra. El rollo en el campo de la “belleza” es que compramos lo que nos venden, y no solo hablo del shampoo o las cremas, queremos comprar la imagen de las morras o batos que los promocionan y cuando nos damos cuenta de que una latina no podrá tener la complexión de una europea flaca y rubia natural, opacamos la belleza que como latinas, caderotas y morenas tenemos intentando emular a esas alemanas jajaja.

Igual ese no es mucho rollo para cuando ya a cierta edad comprendes que eso jamás va a pasar jajaja el rollo es que a los críos los vamos confundiendo, logrando con eso solo que nuestras nuevas generaciones se sientan feas.

Dice mi amado pirata Los feos somos un pueblo lleno de resentimiento, y no nos relacionamos ni entre nosotros mismos... jajaja.
Lo de menos es esa fealdad externa, lo que si esta de mentada de madre es como bien lo dices, esa fealdad interna, esa falta de educación del alma que todos debemos de cultivar.
Yo me he encontrado con hombres que son hermosos, que solo los miras y dices ¡Yo a este si me lo daba! Jajaja pero gua gua gua guaaaaa cuando hablan hacen evidente su fealdad interna y eso si que no se quita aun cuando este bien dotado jajajaja.

Es increíble como nos cuesta en veces años darnos cuenta de que lo importante es rodearte de gente que sea linda por dentro, “la vida moderna” nos hace pensar primero en otras cosas que en buscar alguien con quien puedas darte el gusto de una buena charla, de alguien de quien aprendas mucho, de alguien que aporte algo a tu vida, a tu crecimiento, tratamos de buscar algo que llene el ojo de una apestada sociedad, misma que solo se compondrá cuando aceptemos lo que somos, aceptando y viendo nuestros lados flacos para trabajar en ellos.

La gente fea por dentro solo demuestra lo que en la vida le han enseñado, el que si no es con esos tratos o imagen no lograran nada, así que el trabajo es duro, cuando los niños vean que sus padres no están traumados en ninguna área de su vida, ellos tampoco imitaran esos retos que en ocasiones son imposibles de lograr.

Como veras la chinga esta cañona jajaja y regresamos a lo básico, el trabajo es personal, lo que cambia en mi hará cambios en el mundo.

Te dejo mi Capi porque tengo que depilarme, retocarme la raíz del pelo, hacer mis 3 horas de gimnasio, comer pura ensalada, pasar a hojalatería y pintura y por último y no por eso menos importante salir a las calles en mi pose de “Gócenme perros” pa cazar marido, olvidarme de todo esto porque me haré la lipo jajajajaja. Chale ahora si me la mega bañe.

Vivan los de “belleza exótica” pero que con verlos en radiografías aplicas el “Este bato/morra es pa mi chingauuuu!!!”
Jajaja te quiero capi.
Capitan Frio dijo…
Si, es triste, pero es verdad. Es tan común la fealdad que tiende a verse como algo normal. Y cuanod la señalas te miran como si el feo fueras tú.
Capitan Frio dijo…
Una de las formas de fealdad que nos invade es la insatisfacción con nuestra propia genética. Como bien señalas, por el deseo de parecernos o ser iguales al concepto de moda en europa o estados unidos.

Repudiar lo que somos y la mezcla de la que venimos solo causa insatisfacción y deja un hueco enorme que la fealdad rellena con avidez y retorcidos pensamientos de coraje.
No me lo vas a creer, pero en mi primer semestre de CCH, hicieron un "concurso" de belleza en el grupo. En ese entonces (tenía 15 años) era flaca como una espina, usaba lentes de fondo de botella, llevaba frenos de esos que salen y son atados con un resorte (el mío era rosa) y para colmo, intelectual, nerd (con un cómic bajo el brazo y un manguillo en la mano) Leía rabiosamente y jamás fui capaz de comprender un sólo chiste en clase. Ni uno.

Venía de una escuela privada y "activa" así que no tenía mucho qué compartir con mis compañeros de clase que estaban más preocupados por lo que sucedería en 21 jumpstreet o con la selección de soccer, o con el número reciente de ERES y Luismi y demás idioteces.

En fin. Ya te imaginarás que gané el concurso de belleza...COMO LA MÁS FEA.

En el momento, lo único que se me ocurrió, porque si bien soy de las buenas, no soy pendeja, fue publicar un cómic mural en el salón echándome un choro acerca de la concepción de belleza planteada en Los Diálogos de Platón, pero con monos, claro.

La maestra de redacción vio lo publicado y se puso FURIOSA. A ellos los puso como camote y a mi no me dijo nada porque decidí no firmar el mural. Creo que la maestra estaba más ofendida que yo.
Además, en ese entonces yo todavía estaba en terapia, justo por cuestiones de autoestima. Yo era la rara. Si fuera personaje de película ochentera, sería Ally Sheedy.

Ya no uso ni lentes de fondo de botella, ni frenos en los dientes; Por fin tengo algo de carnes en lugares estratégicos (adolescencia tardía, como por ahí de los 18 o 19 años comencé a usar brassiere, te lo juro)

Después de eso, me salí del cascarón. fuera lentes, ¡hola banqueta! me la pasaba tropezando en todos lados.
¡Fuera frenos! Y a la chingada con esas ondas. Me tenía harta vivir con dolor constante.
De todos modos seguía igual, con cuerpo de tarea (plana, plana, plana) Pero se puso de moda la anorexia, así que todo mundo se moría de envidia. En ese entonces podía comer de todo y seguir de 40 kilos y 1.62 de altura.

Tú conoces la clase de galanes con los que he salido. Ah, los príncipes azules... Por cierto, la broma es que mi novio actual es una mezcla entre Harrison Ford, Mel Gibson... y el pato lucas. -Risas-.

He luchado por superar el complejo de pato feo toda mi vida. He pasado por tropiezos tremendos... como el haber descalabrado a un niño que me molestaba diciendo que yo era en realidad un niño. (Lo hice con una moneda de 50 pesotes de ese entonces... creo que fue en 1983 o algo así. Casi me expulsan)

Pero no pude... por más que algunos intentaron hacerme quedar mal. Nunca fui fea... era sólo DISTINTA.

Y sobre los feos. Bueno. Me he topado con algunos especímenes ESPANTOSOS... Que ni queriéndolos se les quita. También me eché a la cama a un hombre HERMOSO por fuera, que pobre... por dentro era feo como pegarle a tu madre. Aunque bueno, las cualidades que a mi me parecen horrorosas, en otros estratos de la sociedad son normales y hasta preferibles: superficial, clasista, racista, sexista y pa colmo... religioso. Una fichita el guey.

Y también anduve con un chavo feo que de plano cuando rompí con él no sentí ni lástima: Era feo al derecho y al revés. Y aún así, me pregunto a veces si logró superar esa condición.

Ah esa fealdad. Alzo mi copa con ella, ya que es una gran maestra. Sin la fealdad ¿cómo podríamos apreciar la belleza verdadera? por dentro, por fuera, por arriba y por debajo. Como sea que la veas. Es no es lo mismo que estar... And that's the question.
Capitan Frio dijo…
Ahora no puedo escribir Chinita... Me dejaste con un sabor de boca tan delicioso que no quiero pasar ni saliva!

Siempre he llamado belleza a tu diferencia...

Mil besos!

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