La Vida Moderna -un repaso a la Posesión I-

En 1924, K. Abraham propuso diferenciar dos fases dentro de la fase anal-sádica, distinguiendo en cada uno de los componentes dos tipos opuestos de comportamiento en relación con el objeto. En la primera, el erotismo anal va ligado a la evacuación, y la pulsión sádica a la destrucción del objeto; en la segunda fase, el erotismo anal va ligado a la retención, y la pulsión sádica al control posesivo.

Diccionario Psicoanálisis

...y no, no hablo de ángeles caídos tomando cuerpos humanos para vomitar sopa de chícharos, desquiciar cervicales y juguetear genitalmente con parafernalia religiosa; hablo de algo mucho peor, de algo horriblemente real... La posesión (supuestamente) amorosa.

Algo mas común y más terrible que el (publicitado ad nauseum) bullying, la posesión amorosa es un mal social que deja terribles secuelas y no siempre se identifica, gracias a que la ilusión de que es amor le permite disfrazar las cadenas por lazos de preocupación y afecto, amarrando a la víctima a una secuencia evolutiva de agresiones, de sutiles a violentas, que generan una culpa profunda y muy difícil de borrar en el perjudicado. Es algo que no sólo afecta a las parejas románticas ya puede ser de padres a hijos o viceversa, entre amigos y hasta compañeros laborales, en fin, es algo que se da en cualquier relación en donde estén presentes los sentimientos humanos.

Evidentemente no se trata de generar una paranoia (tan fácil en las mentes débiles -psst, psst, te están viendo-), ya que no todas las preocupaciones son síntoma de una actitud posesiva, son los elementos extras a esos cuadros los que nos pueden generar una idea de en donde es bueno empezar a preocuparse; es normal que los padres, cuando un hijo sale a paseo, le digan que se cuide y avise en dónde está, pero, si al hacerlo uno de ellos agrega cosas como, "por favor hijo no salgas, soñé que te morías al caerte de la patineta sobre las vías del metro en Pantitlán por culpa de un retortijón provocado por las gorditas de chicharrón que te invitó la golfa de tu novia" y acto seguido llora y se tira en un sillón a punto de la convulsión, puede ser indicio de una, muy poco sana, relación posesiva.

No sólo la preocupación puede llegar a ser un síntoma, la ternura y el cariño en los momentos menos indicados, pueden ser claros ejemplos de un afán posesivo, "ay, no te levantes de la cama, llama a la oficina y di que no vas a ir a trabajar... toda la semana", para después despedirse entre lágrimas, que jura son de broma, cuando se le explica que en el trabajo no son tan comprensivos.

Ofrecer disyuntivas es otra forma de dar a conocerse como posesivo, es típico en una relación de dos personas que se llegue a puntos en los que no puedan faltar a compromisos individuales y, por lo tanto, deban hacer cosas por su cuenta; las personas menos dañadas, podrán darse un beso, un apretón de nalga o un abrazo y decir sin pedos "nos vemos luego", en cambio, una persona posesiva inmediatamente antepondrá su compromiso y buscará la forma que el otro le acompañe o cancele, sin más, su propio compromiso, "es una cena importantísima amor, tú sabes que el Club de Observadores del Despegue del Papel Tapiz sólo se reune una vez al mes y esta vez yo presido, necesito que me acompañes, lo del velorio de tu tía lo vas a ver en las fotos de Facebook, si no quieres ir conmigo, mejor espérame en la casa, no me tardo", y claro que se tarda, el posesivo lo quiere todo para sí, ser centro, ser una luz sin eclipses.

La manipulación a través de la palabra amor es la manifestación más común de todas, no puede faltar en una buena relación posesiva. La ejecución empieza con miradas de borreguito, con actitudes complacientes, sonrisas, ojitos brillantes y acuosos, voz remolona, suspiros, caricias y en el momento ideal se deja caer el balde de agua, a medio camino entre reclamo y aseveración, sin ser un ruego, pero claramente una súplica, una orden disfrazada, "deberías amarme tanto como te amo yo a tí"...

Ante todo lo anterior los afectados, generalmente, comienzan por sentir un cálido agrado por la devoción, la preocupación y el grado superlativo de amor que su tierno poseedor les prodiga; cada día se llenan de emoción al abrir la cuenta de correo y encontrar de 5 a 20 mails que hablan de las muchas formas en que les aman, cartitas que terminan en un algo del estilo de "ojala pronto sientas igual por mí"; se les suman miles de detalles que van de lo más nimio a lo más extraordinario y que van generando un sabor a cobre en la boca, ya que quien recibe tales afectos rara vez sabe como corresponder y, finalmente, está el momento cumbre, ese momento de intimidad (que no requiere sexo), en el que quien posee desborda sus primorosos quereres sobre el incauto objeto de sus aparentes deseos y entre sutiles y etéreos llantos le expone que le han lastimado, defraudado y bailado un zapateado sobre el corazón en el pasado y que, "espero (suspiro), con todo el alma (suspiro entrecortado), que esta vez no suceda...", el poseido se queda tragando bolas de saliva de a dos litros mientras el poseedor se aleja feliz (seguramente festejará teniendo sexo con algun conocido que utiliza para tales menesteres, ya que por su dolor del pasado, se merece todo) pensando que por fin ha encontrado ese amor que le corresponda, mientras la ilusión de la felicidad le llena los ojos de destellos brillantes.

Game, set and match...

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