Algo está podrido... (6)

Dicen que hablé con una articulación clara, pero con marcado énfasis y apasionada prisa, como si temiera una interrupción antes de concluir las breves pero densas frases que me entregaban al verdugo y al infierno.
Después de relatar todo lo necesario para la plena acusación judicial, caí por tierra desmayado.
Pero, ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre!Pero, ¿dónde?

The Imp of the Perverse


Edgar Allan Poe 


Traducción de Julio Cortázar



En los 80, un cómic best seller, a nivel mundial, generalmente superaba los 450 mil ejemplares (a un costo aproximado de 75 centavos de dólar), uno con ventas sanas estaba alrededor de los 250 mil y, generalmente, se cancelaban las series al bajar de los 150 mil. Los números se confirmaban con la devolución de los ejemplares no vendidos. Actualmente se anuncia con trompetas los best sellers que tienen números máximos de alrededor de 125 mil unidades, las ventas saludables se encuentran entre los 30 y 60 mil y se cancelan las series al bajar de los 20 mil (costo mínimo de 2.99 dólares). La gran diferencia estriba en que las ventas en los 80 representaban compradores individuales, las ventas actuales representan las cantidades compradas por tiendas de comics a nivel mundial, no de compradores individuales, al no haber devoluciones no es posible calcular que cantidad vende en realidad cada título. 

Al iniciar el siglo XXI, las empresas se recuperaron, algunas como Dark Horse e Image se separaron un poco del superhéroe para sobrevivir, trabajando directamente con autores, licencias y publicando miniseries. Marvel y DC lo hicieron gracias al apoyo de la tv, el cine y los juegos de video (pero sin subir mucho las ventas).

Un gran cambio en la industria es la especie de nueva jerarquía divina que rige en el medio, los autores son hombres y mujeres santos ya sea que escriban, dibujen, entinten o coloreen (y mega plus si uno hace todo solito); al parecer, gracias a esta canonización en vida, los escritores quieren dejar, forzosamente, su huella alterando la YA DE POR SÍ ALTERADA historia de cada personaje; cada dibujante rediseña a su gusto los, antes, icónicos uniformes y cada que un cómic cambia de equipo creativo, se cambia "la dirección" y la visión "artística", todo bajo la benevolente mirada de los editores (ángeles), el editor en jefe (arcángel) y una serie de departamentos que servirían las veces de principados, potestades, virtudes, dominios, tronos, querubines, serafines y, sobre todos ellos, un dios sin nombre e imagen (¿alguno de ustedes sabe quién es el dios de cada compañia?). Por décadas, los lectores siguieron las aventuras de personajes, ahora se sigue a los santos creativos, no importa qué cómic escriban, si lo hacen bien o mal, si el/la protagonista está dentro del parámetro de su personalidad, no, lo importante es seguir la voz del autor, no caer en el pecado de seguir la ilusión de un personaje.

Claro que si en la actuallidad los creativos son santos, los fans son una especie de profetas, oráculos,
 sacerdotes, evangelistas, tribunal del santo oficio que, con la cartera en la mano, han permanecido fieles a su religión. Es común ver escenas patéticas en las tiendas de comics en las que no falta un neófito imberbe que con la osadia de su bendita inocencia tiende a acercarse los parabolanos y preguntar "¿qué cómic sería bueno para empezar a leer?", tras horas de diarreicos monólogos, estos hombres les dejan claro que leer comics de superhéroes es cosa seria (no es cosa de niños), profunda (hay historias muy fuertes que no cualquiera entiende, eh?), de entrega (yo te recomiendo que vayas ahorrando), devoción (no es fácil de conseguir), de búsqueda (a lo mejor en Amazon...), gasto (mínimo cómprate los primeros 100 números), largas horas de autoflagelación (como 75 números son muy malos, pero ya por ahí del 90 la cosa se pone muy buena), contemplación (es que te juro que te deja tipo súper sacado de onda) y soledad (nadie te va a entender); no es de extrañar que los nuevos lectores potenciales se decidan por Archie, Conozca Más, el Hola o engrosen las estadísticas de la poca lectura en nuestro país.

Gracias a la internet, con Facebook, Twitter y sitios de comics, los fans saben que sucede hasta en las casas de los autores. Se ha desarrollado una necesidad intrínseca (una verdadera adicción) a la información y, curiosamente, se busca el saber qué pasará,cuándo, cómo y, al final, se maldice ya que se descubre (generando campañas de quejas, aplausos o amenazas de muerte). Mientras las empresas creían tener a los fans en las manos, en la misma internet se creó un mercado subterraneo de lectores que no han gastado un centavo en sus productos, los comics también se piratean. Existe una red mundial de traducción y distribución de comics por internet que no deja dormir en santa paz a las compañías (estos, dentro de la jerarquía celestial vendrían siendo el mismísimo demonio).

Marvel, tras muchas vueltas, ha optado por presentar un año de historias que culminan con un gran evento que ha resultado un hit entre los fans (extraña obsesión por números 1 y que, al ser lo cotidiano de cada año, les baja el posible valor de reventa que puedan tener), porque ha permitido que los equipos creativos rolen por todos los personajes del universo, permitiendo que cada autor marque cada título con su muy particular visión, dirección y mensaje; esto, a los fans les permite seguir a sus ídolos por comics que en su vida jamás habrían leído de no ser por su peregrinación tras
X escritor o Y dibujante. Cada año representa una "nueva temporada" (o sea, otro año con evento pegado al final), una nueva camada de títulos, resultado de los "grandes" cambios generados por el evento, y nuevos estatus para la gran mayoría de los personajes y, desde luego, el cambio de los equipos creativos. Visto con una frialdad atea (historietísticamente hablando), este tipo de acciones a vuelto un tanto irrelevante el leer un año de comics, ya que el año que entra, será otra dirección (para mí este personaje es la representación de Shiva, por lo que mi visión del personaje será un tanto hinduista, pero con un giro latino tirándole a mafia rusa), otra visión creativa (ya que el escritor quiere hacer una onda hindú, ya decidí vestir al personaje como los sequidores de Kali del Siglo II, pero con elementos Steampunk que le encantan a los lectores) aunque sea un orgasmo para el fan (yo siempre lo he dicho, la onda es lo hindú y cómic que estos chavos toman, se vuelve best seller, nunca me han gustado sus historias, pero se que son la neta y venden mucho, yo ya me suscribí, además el evento lo van a escribir a dibujar ellos, entonces va a estar muy relacionado, ya me suscribí al crossover y a las siete mini series tie-in).

DC decidió destruir, sin romper, su universo por la N vez, con la sorpresa de que esta vez se fue a ceros y se reinició todo (salvo dos franquicias que escribían dos DIOSES), lanzando a la venta 52 títulos y prometiendo que no se alejará mucho de esa cantidad ni para abajo ni para arriba, cancelando aquellos que no captan suficiente público, sustituyendo los huecos con series nuevas, sin hacer mucho énfasis en los autores (aunque si pegan, se vuelven los más homenajeados y se les empiezan a entregar todos los nuevos proyectos). La novedad de encontrarse con los mismos personajes pero completamente desconocidos ha sido más o menos bienvenido (el fan pide el cambio que nunca soporta -no hay que darle al fan lo que cree que quiere-) por el fanático de hueso colorado y, al parecer, a captado lectores que antes no leían productos de DC (aunque no nuevos lectores). La ventaja de esta acción es que, no importa quién escriba o dibuje, todos estan trabajando en función de una idea generada por tres "guías" que saben hacia a donde dirigen sus historias (aunque, segun algunas quejas en internet, ni los guías saben a donde van).

La presencia en mercancías de licencia, TV, CINE y videojuegos se ha vuelto un factor básico para la estabilidad de las empresas que, al parecer les preocupa más una sociedad que los ignora, que los mismos comics y sus lectores (y estos se quejarán mucho, pero ante la posibilidad de dejar el vicio, prefieren aguantar -casi- cualquier cosa).

Curiosamente, durante cinco décadas, el cómic de superhéroes sobrevivió a bajo costo con un grupo cautivo de lectores rotante que se renovaba cada cinco años aproximadamente, con autores más o menos reconocidos (aunque fueran unas reatas), sin mayor publicidad que la de boca en boca. Los últimos treinta años han/hemos visto a la industria del cómic estadounidense llegar a la cúspide y descender a los abismos más profundos, no ha sido una tarea de un solo lado, tanto empresas como lectores han logrado hacer cielo e infierno del producto/hobby que les/nos motiva (y sí, me gustaría exculpar de esto a la gran mayoría de autores que, finalmente, están cumpliendo con un trabajo y muchos de ellos han superado las espectativas de cualquier profesional dadas las circunstancias, aunque no a todos, OK?); siendo humanos tendemos a buscar una insatisfacción por la cual obligarnos a rumiar y qué mejor que el amor/odio de un algo que nos motiva y nos hace sentir culpables. El cómic surgió (en su formato actual) como respuesta a una necesidad de fuga en un periodo de carencias, paso a ser un artículo cotidiano pero nunca necesario, actualmente es un lujo que, en muchos de nuestros casos, suple una necesidad de atención y se vuelve centro de vida y fetiche para una existencia controlada (en NINGÚN otro género de cómic se ve esta devoción y lealtad -o fijación y fusión-).

A pesar del exterior brillante, del supuesto momento saludable que vive la industria, algo no huele bien, no deja de haber un tufo a mentira, a triunfo de a mentis.

Muchos auguran que para sobrevivir el cómic debe evolucionar, aunque es como absurdo pensar y hablar de evolución, y más en un producto humano que podría mantenerse en la adversidad (ya lo hizo) o desaparecer en plena bonanza (casi le pasa). Sin muchas vueltas, lo ideal sería que la industria se liberara de las ideas mercadológicas (aquellas que cambian según las tendencias del mercado... O sea?) y, sobre todo, de las fijaciones de un grupo de hombres -más menos- cuarentones que en algún punto se hicieron del producto como de algo suyo, que con el apoyo de la internet han logrado generar una voz, que no una razón, con un fuerte peso (económicamente hablando) y que, en los próximos 15 años, comenzarán a enfermar y a morir, sin dejar sucesores en el vicio. Será muy triste pensar que una industria entera desaparecerá cuando el último de los lectores a ultranza expire y los superhéroes sean finalmente vencidos.

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