De paso

Estaba ahí, solo, consumiendo su vida en cortos sorbos de una humeante taza, a su alrededor la suerte unía y desataba lazos. Sopeaba en silencio el amor y el odio de forma indistinta mientras las luces del lugar lo tocaban todo, menos la oscuridad en su alma.

Con una mirada torva apuró su ya helada taza de hastío y comenzó a fundirse con el olvido y como la lluvia en un cálido día soleado, no dejó rastro de su estancia, sólo una silla vacía y un cigarro que, entre girones de humo, agonizaba.

Comentarios

Pily dijo…
Eso si pasa...

lo he visto.

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